Entrevista a Arma Diallo

“Comparado con el que había entonces, el de ahora ha quedado… parecido a los huesos de un enfermo, ya que la parte gruesa y débil de la tierra se ha erosionado y sólo ha quedado el cuerpo pelado de la región.” Así describía Platón, en el siglo IV antes de Cristo, el estado de la zona griega de Ática. Avanzaba el filósofo un fenómeno que más de veinte siglos después acabaría llamándose desertificación y que actualmente ya afecta una cuarta parte de la superficie mundial. La Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo celebrada en Río de Janeiro en 1992, aunque implícitamente ya apuntaba algunas estrategias para hacer frente a la desertificación, no puso en este fenómeno el mismo énfasis que en el Convenio de Biodiversidad ni en el del Cambio Climático. Sin embargo, los países africanos afectados por la desertificación, con el apoyo de los países desarrollados con problemas parecidos, urgirían posteriormente a la Asamblea de las Naciones Unidas a elaborar un convenio internacional para combatirla. En 1997, después de ser ratificado por cincuenta países, entró en vigor. Uno de sus artífices fue Arma Diallo, secretario ejecutivo de esta convención y testimonio directo de las consecuencias de la desertificación por su lugar de nacimiento, Burkina Faso. En noviembre del 2001 vino a Valencia para participar en el II congreso sobre Comunicación Social de la Ciencia. Tanto en su intervención como en la entrevista concedida a Mètode, Diallo dejó claro que la desertificación significa “la ruptura de un frágil equilibrio” y solamente se puede afrontar con la cooperación.

Usted conoce de cerca la tragedia de la sequía por el país en el que ha nacido, Burkina Faso.
Sí, desde que era muy joven sabía que de vez en cuando había un período de sequía, pero fue sobre todo a partir de 1968 cuando la sequía se hizo más frecuente y más larga. La tradición de Burkina Faso dice que cuando el hombre llegó a la Luna todo cambió. Se alteraron las costumbres en materia de cultivos, ya que los tiempos de lluvia eran menos largos y comenzaban más tarde, pero los resultados no afectaron tanto a la cantidad de cereales que podíamos producir como a la disponibilidad de pastos para los animales. En los años 72, 73 y 74 vivimos una situación de gran penuria de pastos para los animales. Perdimos muchos, cuando éstos son fundamentales, tanto para la fauna como para el comercio del país.

Es a partir de entonces cuando la mayoría de hombres de Burkina Faso se vieron obligados a ir de temporeros a los países vecinos de Ghana y Costa de Marfil.
Sí, así es, y eso será un gran problema porque habrán trabajado todo el tiempo fuera, habrán ayudado a desarrollar otros países en lugar del suyo y después se jubilarán en Burkina Faso.

En el mundo hay 99 países afectados por el proceso de desertificación, sin embargo, de entrada, en 1997 sólo cincuenta países ratificaron la Convención de Naciones Unidas, ¿por qué tan pocos?
Antes de ser ratificada se debe discutir en el Parlamento y eso exige tiempo. En todo caso, hoy en día hay 177 países que la han ratificado. El tiempo que nos ha tomado es poco en comparación con otros procesos. La Convención sobre Biodiversidad aprobada en 1992 la han ratificado 180 países, y la del Cambio Climático, de 1994, 186. Eso muestra la importancia que los países dan a esta convención.

¿Hay otros países pendientes de ratificarla?
Sí, Rusia, un país afectado por la desertificación en la zona este. Hasta ahora no se habían adherido a ella por problemas internos, pero en unos meses lo harán. Aparte de Rusia faltan otros países del Este, como Bosnia-Hercegovina, Yugoslavia o Eslovaquia, que están todos en situación de ratificarla. Creo que en junio de este año [2002] casi todos los países del mundo habrán firmado y ratificado la Convención. Es por tanto una muestra de la voluntad política de todos los países de afrontar la desertificación.

Una cuarta parte de la superficie mundial está afectada por la desertificación, ¿considera que la Convención ha llegado demasiado tarde?
No es demasiado tarde, aún se pueden hacer cosas. El hecho de que la cuarta parte del planeta esté afectada demuestra que hay que empezar a actuar. La mayoría de acciones recomendadas son preventivas a fin que los espacios que aún no han resultado afectados no lo estén. Si no se toman medidas contra la desertificación tendremos cada año consecuencias más desastrosas.

¿Hay muchas zonas con daños irreversibles?
Sí, las hay, pero en estas zonas nosotros no recomendamos acciones, nosotros las recomendamos sobre todo para las zonas amenazadas. También, en desiertos como los de los EE UU o Australia, recomendamos otras formas de utilización que implican la reconquista de la fertilidad del suelo.

¿Sobre qué espacios geográficos es más urgente actuar?
Nosotros recomendamos acciones rápidas en las faldas de las montañas, porque, si no se protegen, cuando hay lluvia fuerte los desprendimientos pueden tener consecuencias dramáticas. También en las cuencas de los ríos; cuando estas cuencas se degradan, recomendamos insistentemente que sean restauradas para intentar estabilizar esta tierra porque, de otra manera, fenómenos como los fuertes vientos hacen que la tierra se desplace dentro del cauce del río.

¿Eso pasa en todas partes igual?
Sí, sí, en todas partes, también en Europa. El 2002 es el año de las montañas, consideradas un ecosistema extremadamente frágil, y ha habido proposiciones de países montañosos que recomiendan firmemente acciones para evitar que suceda lo que pasó en Venezuela hace cuatro años. La falta de vegetación y una pluviometría elevada provocaron que faldas enteras de montañas cayesen. Estos fenómenos pasan tanto en países desarrollados como en no desarrollados, porque son fenómenos naturales y hay que encontrarles soluciones.

¿Le ha defraudado en algún momento cómo se lleva a cabo la Convención en estos cinco años?
Estoy un poco defraudado por la lentitud con que la Convención va poniéndose en marcha; creo que hay que acelerarla para evitar situaciones irreversibles. Estas demoras provocan déficits alimentarios muy graves, especialmente en África. Según los estudios que se han hecho del programa de Naciones Unidas sobre medio ambiente, cada año que pasa sin tomar medidas contra la desertificación se pierden dos mil millones de dólares, la mayoría en África. Entonces, si no se puede ganar, al menos la cuestión será evitar perder.

En la primera reunión del comité intergubernamental de Nairobi se acordó una acción prioritaria en África sin olvidar otras regiones. ¿Eso se ha hecho?
Sí, se ha hecho en la medida que la Convención ha previsto acciones específicas para África, Asia, América Latina, países del norte del Mediterráneo y países de la Europa del Este y la central. Por todas partes donde hay degradación del suelo hay acciones específicas que han sido recomendadas, y aunque la prioridad ha sido África, toda la zona afectada del planeta necesita acciones particulares.

«En África el 80% de la energía proviene de la madera. Eso quiere decir que cada vez la gente tala más árboles para poder cocinar, hasta el punto de que en los últimos años la leña para cocinar cuesta más cara que los alimentos»

¿En África, hablar de lucha contra la desertificación es sinónimo de lucha por el desarrollo?
Sí, pero también en el caso de Asia y de América Latina. Luchar contra la desertificación es luchar contra la pobreza, porque es en las zonas pobres donde hay tendencia a sobreexplotar los recursos naturales disponibles. Si se quisiera evitar que la degradación se acelere, los que viven en la zona deberían tener el apoyo necesario para cambiar los métodos y buscar alternativas. Sin embargo, están obligados a trabajar la tierra y a utilizar su fertilidad al completo y, claro, eso es lo que provoca la degradación. Lo ideal sería que pudiesen utilizar sólo una parte de esta fertilidad para reconstruirla, pero en África no se lo pueden permitir. Una de las formas más manifiestas de esta degradación es la deforestación. En muchos países africanos hay formas aceleradas de deforestación porque su población necesita madera para cubrir su necesidad de energía. En África el 80% de la energía proviene de la madera. Eso quiere decir que cada vez la gente tala más árboles para poder cocinar, hasta el punto de que en los últimos años la leña para cocinar cuesta más cara que los alimentos. Todo eso son factores que aceleran la pobreza y que aceleran igualmente la pérdida de la fertilidad del suelo.

Foto: Miguel Lozano

¿Qué responsabilidad tiene Occidente en esta triste realidad?
De una manera directa yo apuntaría hacia la cada vez más frecuente y más intensa sequía. No podemos olvidar que ésta se debe al cambio climático, un fenómeno causado por los países desarrollados cuando emiten gases a la atmósfera. Después también está el problema de la pobreza crónica. Yo no digo que Occidente sea el responsable de esto, pero todos somos solidariamente responsables de las acciones que hay que emprender para ayudar a estos países a salir adelante.

¿Y la colonización?
La colonización es igualmente una causa directa porque estos países fueron sobreexplotados y las consecuencias han durado hasta el presente. En estos países está todo por hacer.

La Convención está interesada en la colaboración entre grupos y subregiones. ¿Hay buen nivel asociativo en los países de África para colaborar con ellos como sería necesario?
Se están preparando, son grupos que tienen una gran experiencia en la lucha contra la sequía y la desertificación. Necesitan apoyo exterior, especialmente de países desarrollados, pero también necesitan intercambiar experiencias con otros países en vías de desarrollo de Asia, Latinoamérica o el Caribe para compartir conocimientos tradicionales.

La Convención habla también de utilizar los logros científicos y tecnológicos así como los tradicionales. ¿Pero no piensa que los métodos científicos han ido, en muchos casos, contra los métodos tradicionales en el campo de la agricultura?
Este es un debate que afecta sobre todo a los países desarrollados. Los campesinos de otros países no han seguido el progreso porque no había medios y por tanto la tendencia ha sido promover una agricultura biológica y así continúa. Ha sido frenada a causa de la competición que había por la biomasa disponible, pero en la medida que esta biomasa sea reconstituida estoy seguro de que la preferencia continuará a favor de la agricultura biológica y del cultivo tradicional.

En África el problema es parecido en todo el continente, pero ¿en Asia es diferente entre la parte central y China, por ejemplo?
No, los problemas son los mismos porque las formas de degradación del suelo en países como Kazajistán, Kirguizistán o Uzbekistán son las mismas que hay en China o Mongolia y en Irán, y éstos son comparables a los que se dan en África. Aunque los asiáticos tienen mayor disponibilidad de agua, se pueden constatar los mismos problemas en China o Mongolia que en Mauritania, Mali o Burkina Faso. La diferencia está principalmente en la capacidad de hacer frente a este problema. Otros países del sur de Asia ya tienen problemas diferentes, como Malasia o Indonesia.

Sorprende que uno de los países con más agricultura de regadío como es China padezca tanto la desertificación.
China es el país con mayor número de personas afectada por la desertificación. Si hay mil millones de personas afectadas en el mundo, 400 millones viven en China. Con todo, continuamos diciendo que África merece la prioridad a causa de la pobreza. Un país como China, aunque es pobre, tiene un nivel de desarrollo superior al de África y, por tanto, si las condiciones se degradan, los chinos son capaces de sobrevivir más fácilmente que los países africanos. La economía de China aumenta cada año entre un 8 y un 10%, mientras que en la mayoría de países africanos crece entre un 1 y un 2%. La mayoría de los países de Asia central o del Cáucaso tienen riquezas bastante importantes, como recursos mineros y petroleros, que podrían ayudarles a cubrir sus necesidades y a mejorar cualitativamente la agricultura.

«El cultivo intensivo de algodón en Uzbekistán, Kirguizistán o Turkmenistán provocó explotaciones extremadas y aceleradas de la riqueza del suelo, hasta el punto de hacerlas zonas irreversibles»

¿Cómo contribuyó el régimen comunista a la desertificación de las antiguas repúblicas soviéticas de Asia central?
El cultivo intensivo de algodón en Uzbekistán, Kirguizistán o Turkmenistán provocó explotaciones extremadas y aceleradas de la riqueza del suelo, hasta el punto de hacerlas zonas irreversibles. Se desviaron ríos para poder regar aquella zona y el mar de Aral fue completamente sobreexplotado. Estas situaciones deberían haberse evitado, pero no se hizo nada, y las consecuencias son imparables. Tenemos el ejemplo de la erosión eólica que hace cincuenta años afectaba sólo el oeste de China, y como no se ha hecho nada hoy en día este problema afecta a toda China, Japón e incluso a los Estados Unidos. Conviene tomar medidas porque esta erosión eólica es un problema que afecta a la economía, la ecología, el transporte aéreo y la salud.

¿Y qué pasa en el Caribe?
Cuba, Santo Domingo o Haití padecen a la vez problemas políticos, económicos y ecológicos. En Haití los problemas políticos han impedido que se destinaran partidas contra la degradación del suelo y la deforestación. En Jamaica o en Cuba ven que después de períodos de sequía, con la consiguiente degradación del suelo, les llega el fenómeno de El Niño. Igual que el Pacífico, son territorios muy pequeños a los que se debe destinar muchos recursos para que sus reservas naturales no desaparezcan. Además, son zonas sobreexplotadas por el turismo, sin política general de conservación a largo plazo.

Foto: Miguel Lozano

¿Cuánto tiempo calcula que hace falta para que comiencen a dar resultado las recomendaciones de la Convención?
En el caso de España, un país que tiene los medios técnicos, tecnológicos y financieros, quizá cuando las medidas empiecen a tomarse hará falta aún un tiempo hasta que se noten las consecuencias. De todas formas no es el mismo caso España que Marruecos o Mauritania. Pero la cuestión es que haya colaboración entre los países por el bien de todos. Los EE UU saben que para evitar que demasiados mejicanos vayan a beber Coca-cola es mejor ayudarlos a resolver sus problemas en su casa y que se queden bebiendo tequila. Cada día diez mil mejicanos cruzan el Río Grande; eso es mucho, y si no se hace nada, en vez de diez mil habrá muchos más.

¿Los EE UU ya pagan la cuota a la Convención?
Ellos no formaban parte de la Convención. Entraron en ella en el año 2000 y desde entonces empezaron a pagar la contribución. Nuestra convención es la que menos problemas causa a los EE UU, porque desde el punto de vista de las acciones que hay que emprender es una convención en la que ellos tienen mucha experiencia. En materia de lucha contra la desertificación, ellos ya han hecho muchas acciones y tienen muchas cosas que ofrecer también a los otros países. En comparación con la Convención sobre la Biodiversidad, o con la del Cambio Climático, yo creo que les resulta más fácil la nuestra. Y también todos nos beneficiamos de la participación activa de los EE UU.

¿Qué papel hace la inyección económica en esta lucha contra la desertificación?
No es el elemento clave, depende mucho más de la voluntad de cooperación. Antes hablamos de cooperación científica y tecnológica que de la financiera. Otros elementos clave son la descentralización y la participación social.

¿La Convención tiene la posibilidad de sancionar?
Aún no. Pretendemos ser flexibles y no sancionar, más bien animar a colaborar. Es por el interés que los países desarrollados deben ayudar a los países afectados a hacer frente a los problemas. Si España se cruza de brazos, el problema de Marruecos o de Senegal se agrava, pero también el suyo.

«Desde la Convención pretendemos ser flexibles y no sancionar, más bien animar a colaborar. Es por el interés de los países desarrollados que deben ayudar a los países afectados a afrontar los problemas. Si España se cruza de brazos, el problema de marruecos o de Senegal se agrava, pero también el suyo»

¿Qué parte de Europa es la que tiene más problemas de desertificación?
España, Portugal, Italia, Grecia, Chipre, Turquía. En realidad, todos los vecinos del Mediterráneo. Éstos tienen una gran ventaja: que cuentan con los medios para hacer frente al problema.

El País Valenciano padece de lleno la amenaza de la desertificación, ¿qué opina sobre la manera como se está encarando?
Tanto Valencia como Murcia son zonas donde se ha demostrado que se pueden poner en marcha acciones para encontrar una solución. La experiencia es importante y ésta puede servir de ejemplo a otros países.

¿Qué avances ha apreciado durante su visita a la ciudad así como respecto al Centro de Investigaciones sobre Desertificación (CIDE) que hay en Valencia?
Yo valoro que hay experiencia y buena voluntad, así como mucho dinamismo. Es importante que España haga un esfuerzo para compartir sus experiencias.

¿Qué opina del Plan Hidrológico Nacional que se ha aprobado en el Estado Español?
No lo conozco bien, pero considero que cada país debe ver desde el punto de vista científico cuáles son las medidas que más le convienen. Otra cosa es cuando entran en juego las cuestiones políticas, y eso es un tema delicado. De todas maneras, es mejor dejar que los países encuentren la mejor solución.

© Mètode 2002 - 34. Cambio global - Disponible sólo en versión digital. Verano 2002

Periodista (Avui).