Comunicación y salud

En 1940 la cantante argentina Inesita Pena popularizó un tango que destilaba la pirámide de Maslow en sus tres componentes esenciales: salud, dinero y amor. Cada vértice del triángulo tiene abundante literatura, pero solo en cuestiones de salud la mescolanza de hechos y opiniones, profesionales y ocasionales, puede tener un resultado fatal. Una inversión ruinosa o un enamoramiento imposible son un mal asunto, pero seguir un consejo de salud erróneo puede matar.

Hay un género dedicado a vigilar los mensajes en torno a la salud en los medios de comunicación. Científicos de todas las especialidades hacen de bombero para apagar fuegos encendidos por dietas milagrosas, alimentos tóxicos, fenómenos físicos paranormales y todo el catálogo de la inventiva humana. Algunos mensajes generan buenos negocios (como los libros de dietas milagrosas y los edulcorantes caseros) y otros son expresiones de descontento con la imperfección del mundo (como los mensajes antivacunas o antiantenas de telefonía).

La característica principal de este género es que siempre va por detrás de la noticia. Siempre es reactivo. Es muy difícil acceder a plataformas de difusión masivas, que es donde hace más daño la desinformación sobre la salud. Cuando, pongamos por caso, una presentadora de televisión afirma que oler limones puede prevenir el cáncer, el «cuerpo científico» detecta un objeto extraño y potencialmente peligroso y pone en marcha un mecanismo de defensa que incluye tuits, apuntes en todo tipo de blogs, cartas al director y, a veces, protestas formales o vía Change.Org. Raramente este debate se da en igualdad de condiciones, en los mismos canales.

La fiebre puede ser fuerte localmente (dentro de la comunidad, en la red de blogs, tuits y retuits). Como «el objeto extraño» transmite un mensaje impactante y firme, es bien recibido por el «cuerpo no científico» y se convierte en un hecho aceptado y creíble. Los científicos que intentaban ofrecer resistencia acaban lamentando la batalla perdida y confiando en tener éxito en una próxima ocasión.

El resultado es que, en un tema tan importante como la salud, los científicos presentamos dos tipos de mensajes. Por una parte, que curaremos el cáncer en cinco años gracias a un nuevo descubrimiento. Por otro lado, que los consejos de salud del agricultor alternativista, la monja antisistema o la persona famosa de la tele son falsos y peligrosos. Puestos a elegir, ignoramos el optimismo interesado de los colegas y concentramos los esfuerzos en intentar limitar el daño que hacen los intrusos. Y hacemos agua por ambos costados, entre la indiferencia general del público que nos oye refunfuñar como quien oye llover.

Referencias
Frías, F. (2015). La lista de la vergüenza. Consultado el 29 de novembre, 2015, en http://listadelaverguenza.naukas.com/
Gámez, L. A. (2015, 6 de febrero). TVE, tenemos un problema: Mariló Montero se reafirma en que oler un limón previene el càncer [Publicació en un blog]. Consultado en http://magonia.com/2015/02/06/tve-tenemos-un-problema-marilo-montero-se-reafirma-en-que-oler-un-limon-previene-el-cancer/
Martínez, I. ¿Qué mal puede hacer? Consultado el 29 de noviembre, 2015, en http://quemalpuedehacer.es/blog/

Jesús Purroy. Biólogo y escritor (Barcelona).
© Mètode 88, Invierno 2015/16.

© Mètode 2016 - 88. Comunicar la salud - Invierno 2015/16

Biólogo y escritor (Barcelona)