«The Restless Plant», de Dow Koller

El movimiento continuo de las plantas

The Restless Plant

The Restless Plant / Dow Koller / Harvard University Press. Cambridge, 2011. 224 páginas.

El título de este libro podría ser «El incesante y lento movimiento de las plantas». Dicha lentitud hace que cataloguemos las plantas como organismos sésiles, lo que es cierto, y que las describamos como inmóviles en contraste con los animales, lo que es erróneo.

The Restless Plant es una obra póstuma de Dow Koller, profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén, editada por Elizabeth Van Volkenburgh. Las plantas se mueven, ¡vaya si se mueven!, y Dow Koller nos ayuda a percibir y a comprender sus movimientos. Los órganos de las plantas poseen estructuras especializadas que les permiten moverse en respuesta a estímulos externos. Crecen buscando la energía luminosa que necesitan para la fotosíntesis y son capaces de orientarse para optimizar la captura de esta energía al tiempo que mueven sus órganos para seguir los movimientos del sol. Las plantas, en especial las trepadoras, realizan un movimiento oscilatorio denominado circumnutación mediante el cual rotan alrededor de un eje central durante su crecimiento. Además, en ocasiones se valen de estructuras foliares, zarcillos o raíces para trepar. Las raíces excavan túneles, se contraen y profundizan en el suelo en busca de agua y nutrientes, pero es que hay plantas, denominadas geofitas, que forman y mueven la mayor parte de sus órganos bajo el suelo. Otras han desarrollado mecanismos de captura y digestión de insectos para complementar una dieta pobre en nitrógeno. Si fuéramos capaces de acoplar sonidos a cada movimiento de las plantas escucharíamos sinfonías en su presencia.

El enfoque del libro es fisiológico y se dirige a un público amplio no especializado. Se estructura en ocho capítulos: «Una visita guiada al movimiento de las plantas», «Motores», «Movimientos inducidos por la gravedad», «El mundo subterráneo», «Movimientos inducidos por la luz», «En busca del sol», «Movimientos inducidos por las presas», «Movimientos de liberación: abandonando el nido» y una «Conclusión». Además el autor sugiere lecturas adicionales y nos proporciona un glosario de términos y un índice detallado de las numerosas especies cuyos movimientos se describen.

«Las plantas se mueven, ¡vaya si se mueven!, y Dow Koller nos ayuda a percibir y a comprender sus movimientos»

En el libro se relatan las bases mecanicistas del movimiento de las plantas consideradas como máquinas hidráulicas que aprovechan las paredes celulares rígidas y la presión osmótica generada sobre estas. Las partes de las plantas ejecutan movimientos gracias a los cambios en la presión celular ocasionados por la captación o pérdida de agua y a los cambios higroscópicos que afectan a la forma o a la posición de las células. El autor explica el papel de los enlaces por puente de hidrógeno entre moléculas de agua y entre estas y algunas macromoléculas o el papel de las propiedades anisotrópicas de las paredes celulares en el movimiento inducido por los motores. Estos motores pueden ser multicelulares como los pulvinos, que, al estar situados en la parte basal de las hojas o de los pecíolos, permiten orientar las hojas, o motores unicelulares como las células oclusivas de los estomas. Motores que hacen uso de la fuerza derivada del propio crecimiento, como los pelos absorbentes radiculares, o motores compuestos por células maduras que usan las fuerzas originadas por los cambios de turgencia, como sucede en las trampas contra insectos de las plantas carnívoras, a las que Darwin dedicó un volumen completo. Estas descripciones van acompañadas de cajas de texto y figuras muy cuidadas al estilo de las láminas botánicas ejecutadas a plumilla, lo que facilita la comprensión del texto. Creo que el libro cumple con los objetivos que se plantea, al menos parcialmente. El autor nos da como punto de referencia la obra The Power of Movement in Plants, publicada por Charles Darwin y su hijo Francis Darwin en 1880 (una traducción al castellano de dicha obra acaba de aparecer en la editorial Laetoli bajo el título Plantas trepadoras). Desde este punto de vista el texto es algo frustrante, pues apenas dedica atención a dos aspectos que, en mi opinión, es necesario tratar. Por una parte hemos avanzado mucho en la comprensión de las bases geneticomoleculares que subyacen tras los movimientos de las plantas como los tropismos o los asociados al ritmo circadiano. Esto apenas se esboza en algún caso y sencillamente no se trata en absoluto en las escasas referencias que hace el texto de Koller al movimiento de circumnutación. Por otro lado, al igual que en el texto de Darwin, se plantean aquí hipótesis sobre el valor adaptativo y significado evolutivo del desarrollo de órganos especializados que permiten la gran variedad de movimientos de las plantas. Sin embargo Koller apenas sugiere que el progreso en la comprensión del significado biológico de los movimientos de las plantas se producirá a partir de la integración de abordajes fisiológicos y geneticoevolutivos.

© Mètode 2011 - 70. Cuando se quema el bosque - Número 70. Verano 2011
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Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas (UPV-CSIC).