Entre el estigma y la frivolidad

El Día Mundial del Cáncer en la prensa española

doi: 10.7203/metode.77.2476

RESUMEN
El cáncer es un tema de interés destacado para la ciudadanía. Los medios de comunicación, en tanto que reflejo y al mismo tiempo agente conformador de valores sociales, transmiten una visión de la enfermedad que no siempre es la más cuidada y clarificadora. En este artículo se analiza la repercusión mediática durante la última década del Día Mundial del Cáncer en los cuatro diarios de información general con mayor difusión en España. El objetivo es estudiar cómo se hace uso de la efeméride para ofrecer información relativa a la enfermedad y si el tratamiento informativo es preciso y riguroso o cae en el estereotipo y el sensacionalismo. 

Palabras clave: cáncer, tratamiento informativo, Día Mundial del Cáncer, enfermedad, sensacionalismo.

En las últimas décadas la información dedicada a temas de salud en prensa ha aumentado considerablemente. La difusión de las nuevas tecnologías y la inclusión de secciones dedicadas a ciencia y salud ha permitido incrementar las noticias relacionadas. En este contexto, las enfermedades más mediáticas –como el cáncer– constituyeron el segundo tema de interés para la prensa diaria entre 1997 y 2006 (Revuelta y De Semir, 2008).

Sin embargo, a pesar de esta presencia continuada de la enfermedad en los medios, ¿se puede considerar que la información que se ofrece a la ciudadanía es suficiente y rigurosa? Este artículo se centra en el estudio del Día Mundial del Cáncer en la prensa española para determinar cuáles son las principales tendencias que se pueden constatar.

Desde el año 2005, el cáncer es en España la primera causa de muerte en los hombres y la segunda en las mujeres. Por tipos, el que provoca mayor mortandad entre los hombres es el de pulmón y entre las mujeres el de pecho. A pesar de estos datos, la supervivencia global ha mejorado notablemente desde los años noventa, de manera que cada vez es más habitual encontrar grupos de población que han superado algún cáncer y que reclaman una visión de la enfermedad más normalizada. Pese a ello, la enfermedad aún se identifica con demasiada frecuencia con una especie de sentencia de muerte, hecho que dificulta que las personas afectadas puedan llevar una vida plenamente integrada. ¿Por qué es tan complicado cambiar esta visión? ¿Y qué papel representan los medios de comunicación en la construcción social de la enfermedad?

DIA MUNDIAL DEL CÁNCER

La conmemoración del Día Mundial del Cáncer tiene un origen reciente, concretamente en la Carta de París (declaración con los objetivos para la lucha contra el cáncer en el nuevo milenio) firmada el 4 de febrero de 2000 por el presidente francés, en aquel momento Jacques Chirac, y por el director de la UNESCO, Koichiro Matsuura. El último punto de la Carta animaba a instaurar el día 4 de febrero como el Día Mundial del Cáncer.

Sin duda, el reconocimiento de una fecha de carácter internacional dedicada a la enfermedad anima a los medios de comunicación a hacerse eco de ella. Entrar a formar parte de estos contenidos en los que los medios ponen el acento es muy deseable si se quiere influir en la opinión pública, porque se establece una relación directa entre lo que los medios destacan y lo que la ciudadanía considera importante (McCombs, 2006).

«La palabra ‘cáncer’ está tan cargada de connotaciones negativas que durante años han evitado mencionarla enfermos, médicos, medios de comunicación y sociedad en general»

A pesar del auge de los nuevos canales, la prensa continúa siendo un medio de referencia, tanto para la ciudadanía como para el resto de medios de comunicación, que a menudo actúan como cajas de resonancia de lo que los diarios publican. Por ello, el análisis del Día Mundial del Cáncer se ha centrado en los cuatro diarios de información general con mayor difusión estatal, El País, El Mundo, La Vanguardia y Abc1, durante la última década (2002-2012), para ver cómo informan de la enfermedad y si el tratamiento que hacen es preciso y riguroso o cae a menudo en el estereotipo y el sensacionalismo.

En la investigación se han incluido las informaciones sobre el cáncer aparecidas el día 4 de febrero, así como aquellas que hacían referencia concreta al Día Mundial del Cáncer publicadas tanto el día anterior como el posterior.

La primera alusión durante esta década al Día Mundial del Cáncer se encuentra el año 2004 en el texto de una noticia de El Mundo (5/2/2004). Durante los años siguientes aparecen noticias alrededor del 4 de febrero de manera esporádica. El año 2008 hay un incremento de la información a raíz del fichaje del investigador Erwin Wagner por parte del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, CNIO, entidad que aprovecha la jornada para hacer la presentación del científico en sociedad. En 2011 y 2012 parece que la fecha se ha consolidado como tema en la agenda de los medios, a pesar de que –como se verá– el tratamiento experimenta un cambio en algunos diarios: de un carácter informativo a una tendencia más mercantilista.

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«Europa es el cáncer. El Islam es la respuesta». Cartel enarbolado por islamistas durante una manifestación en Londres en 2008 en protesta por las viñetas de Mahoma publicadas en un diario danés. Precisamente esta utilización de la palabra cáncer como sinónimo de destrucción social es la que piden que se cambie varias asociaciones de médicos y pacientes.

METÁFORAS Y OTROS TROPOS

La palabra cáncer está tan cargada de connotaciones negativas que durante años han evitado mencionarla enfermos, médicos, medios de comunicación y sociedad en general (en este sentido, es frecuente sustituirla por el eufemismo «una larga enfermedad»). Aunque las cosas han empezado a cambiar, aún es una palabra asociada a tratamientos muy severos, deterioro físico e incluso también la muerte. Eso hace que el cáncer todavía sea un concepto temido, extraño y aislador, un candidato ideal para la estigmatización.

El sociólogo Ervin Goffman afirmaba que el estigma se produce cuando una persona posee «una indeseable diferencia que no habíamos previsto» (Goffman, 1993). Esta diferencia se impone en nuestra atención y anula el resto de atributos que podríamos encontrar. Entonces solo vemos una parte de la persona (en este caso, la enfermedad) como el todo, como su identidad global.

En la prensa, pero también en el habla habitual, se encuentra otra forma de aproximación al cáncer: aquella que emplea una clara analogía con la guerra o con imágenes belicistas. En las noticias revisadas se observan varios conceptos que forman parte de este campo semántico: lucha, avance, batalla, estrategia, armas principales, atacar, amenaza o invadir son un buen ejemplo de estos paralelismos militares que se establecen entre la enfermedad y su cura.

La escritora Susan Sontag explicaba, en su libro La enfermedad y sus metáforas, que esta «militarización» de las enfermedades graves surgió a final del siglo xix, con la identificación de los microorganismos como agentes causantes de patologías: «Se decía que las bacterias “invadían” el cuerpo o que se “infiltraban” en él». Sontag, que escribió el libro tras serle diagnosticado un cáncer, reconocía que lo que más le molestaba era ver hasta qué punto la propia reputación de la enfermedad aumentaba el sufrimiento de quienes la sufrían: «Las metáforas militares contribuyen a estigmatizar algunas enfermedades y, por tanto, a los enfermo».

Así, encontramos expresiones como que el cáncer «avanza» o los tumores de mama son «la peor amenaza» para la población femenina (Abc, 3/2/2009), que las instituciones españolas están implicadas en «la lucha por combatir esta enfermedad» (El País, 5/2/2008) y que apagar el cigarrillo no basta «para mantener alejada la amenaza» (Abc, 5/2/2008).

El debate sobre el lenguaje, como se ve en las informaciones analizadas, aún perdura. El año 2011, con motivo del Día Mundial del Cáncer, varios colectivos pidieron que la palabra cáncer no se utilizara como sinónimo de destrucción y que la Real Academia Española (RAE) eliminara del diccionario la cuarta acepción que dice: «Proliferación en el seno de un grupo social de situaciones o hechos destructivos. La droga es el cáncer de nuestra sociedad.»

La propuesta fue rápidamente contestada, de manera muy crítica, por dos columnistas. El primer artículo afirmaba:

Hasta la fecha lo máximo que exigían era una palabra por otra, tipo ciego por invidente. Pero ahora pretenden algo más sofisticado: coger una palabra como quien coge telilla de intestino, ahuecarla y meterle sangre y cebolla, nana. Así les queda una morcilla de cáncer, libre de negatividad y destrucción, apta para los salones.

Arcadi Espada, «Amable cáncer». El Mundo, 3 de febrero de 2011.

El segundo, incidía en la misma línea:

Lo estúpido es aspirar con el lenguaje no ya a condicionar las construcciones mentales sino a cambiar la realidad física, aquella que transcurre más allá de nuestras teatrales representaciones subjetivas. Así se llega a la sandez de querer equiparar, mediante un golpe de estado lingüístico, el cáncer con el catarro. Y este hábito se extiende, se extiende como una metástasis, como un cruel carcinoma. Los burócratas del lenguaje, los cabecillas que pretenden reinar sobre el diccionario. Ellos sí que son el cáncer de la lengua.

Pedro Ugarte, «Cáncer». El País, 5 de febrero de 2011.

«En la prensa, pero también en el habla habitual, se encuentra una forma de aproximación al cáncer: aquella que emplea una clara analogía con la guerra o con imágenes belicistas»

La década analizada muestra que la información predomina sobre la opinión, hecho que contribuye a dotar de objetividad y neutralidad el tema tratado. Solo cuatro de los ítems pertenecen al género de opinión: los dos artículos ya reseñados (El Mundo, 3/2/2011 y El País, 5/2/2011), un editorial sobre la superación del cáncer (La Vanguardia, 4/2/2011) y un artículo redactado por especialistas en oncología (El País, 4/2/2012). El hecho de que el único elemento de controversia observado en los artículos lo haya constituido el lenguaje usado para hacer referencia a la enfermedad ejemplifica la carga connotativa que socialmente se otorga a la palabra cáncer. Por otro lado, que se aplique el mismo uso denunciado por las asociaciones de pacientes y médicos para criticar la petición que estos hacen («Ellos sí que son el cáncer de la lengua»), corrobora el arraigo que aún tiene la identificación entre cáncer y destrucción sistemática: de una sociedad, de una lengua… Tanta, que algunos comunicadores se manifiestan abiertamente contrarios a abandonarla.

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Una forma de sensacionalismo es titular una notícia con un exagerado optimismo para después matizarla en el interior del texto. Todo esto puede contribuir a generar falsas expectativas y confusión entre los pacientes y el público en general.

PELIGROS DEL SENSACIONALISMO

Por lo que respecta a las noticias analizadas, gran parte de estas hacen referencia a datos de la enfermedad, expuestas por varios organismos con motivo del Día Mundial del Cáncer. Esta información de cifras y estadísticas resulta a menudo pesada y los medios de comunicación, en el momento de transmitirla a la ciudadanía, pueden concurrir en cierto sensacionalismo para hacerla más atractiva. Así, se encuentran algunos titulares como «El cáncer de pulmón mata una persona cada media hora» (El Mundo, 4/2/2005) o «Uno de cada tres españoles sufrirá un cáncer durante su vida» (Abc, 3/2/2009). En esta última noticia, además, el texto presenta expresiones como «el cáncer avanza» o «muestra una estadística demoledora», que contribuyen a extender la sensación de estar ante un peligro inminente y aterrador.

Otra forma sensacionalista de tratar la información es justo lo contrario, mostrar un optimismo exagerado que después es necesario matizar en el interior del texto, como en este titular: «La aplicación de una sola inyección es capaz de frenar un cáncer de piel» (Abc, 4/2/2008). Es lo que en algunos estudios aparece como el «síndrome de avance» (Ransohoff y Ransohoff, 2001), una exageración de las bondades de terapias o ensayos clínicos que, en último extremo, pueden generar falsas expectativas entre los pacientes menos informados. En otros casos, por el contrario, un titular llamativo sin contextualizar puede fijar en el público la idea de un determinismo genético por encima de otras variables: «Dar a luz después de los 39 eleva el riesgo de cáncer en las hijas» (Abc, 4/2/2012).

«Por una parte, continúa calificándose el cáncer de enemigo, de batalla que hay que librar y, por otra, se mantiene un cierto sensacionalismo. El peligro es que puede producir desinformación»

Si miramos las fuentes empleadas por la mayor parte de las noticias revisadas, estas son fiables (investigadores, instituciones médicas y pacientes). Entonces, ¿cómo se explica esta tendencia al sensacionalismo? Es lógico pensar que la información original que se presenta está cuidada y que el proceso de distorsión se produce después, en la redacción del medio. En este sentido, estudios como el de Brechman, Lee y Cappella (2011) señalan que la distorsión (en el caso de la información genética que ellos investigan) se origina entre la nota de prensa y el artículo en prensa. En primer lugar –explican– los resultados de las investigaciones científicas aparecen en revistas académicas especializadas. Estas revistas se han dotado de gabinetes que elaboran comunicados de prensa que transmiten los resultados a los medios y estos, finalmente, los hacen accesibles para el gran público. A menudo, entre el artículo original y la noticia que aparece finalmente en el diario hay una gran diferencia. Estas imprecisiones se atribuyen al propio carácter del trabajo periodístico, que tiene que simplificar la información para que pueda ser entendida por un público amplio. Pero según estos autores, en ocasiones, es el propio gabinete de prensa quien emite una nota de tono sensacionalista para asegurarse una mejor cobertura del tema. Se ha comprobado que la cobertura de estudios científicos en prensa generalista aumenta la probabilidad de citación dentro de la comunidad científica (Phillips et al., 1991), y en algunos casos incluso esta repercusión mediática influye en las líneas de investigación que lideran los estudios sobre el cáncer (Smith et al., 2010). Así pues, la relación entre la prensa y la investigación en cáncer es mucho más intensa y compleja de lo que en un principio se podría suponer.

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En las imágenes puede verse la diferencia de tratamiento que hizo La Vanguardia con motivo del Día Internacional del Cáncer en dos de los años analizados. Mientras que en 2011 se realizó un reportaje atractivo y riguroso, en el año 2012 el diario optó por ofrecer un monográfico especial titulado «Invertir en salud» donde se mezclaba información y publicidad.

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FRIVOLIDAD Y NEGOCIO

Otra forma de asegurarse la cobertura en un medio de comunicación es sufragando una campaña publicitaria. Tradicionalmente, la clara diferenciación entre publicidad e información ha estado en la base de la relación entre el lector y el diario. Solo en el contexto actual de crisis económica, que asedia a la prensa especialmente, se pueden «entender» (que no justificar) ciertos cambios observados en el tratamiento informativo del Día Mundial del Cáncer.

Así, el diario La Vanguardia, que había dado una cobertura impecable de esta fecha en 2011 (con un reportaje, invitación a los lectores a participar en un foro sobre el tema en la web y consejos sobre hábitos saludables), en 2012 cambiaba de enfoque y realizaba un cuestionable ejemplo de mezcla entre información y publicidad. En el diario del 4 de febrero de 2012 casi toda la información sobre el Día Mundial del Cáncer se concentró en un cuaderno especial titulado «Invertir en salud». El monográfico, con mancheta de créditos propia (cuadro donde aparecen los responsables del espacio), mostraba dos logotipos: el de Publi Press Media, central de ventas publicitarias del Grupo Godó, y el de Editorial de Prensa Industrial, del Grupo Horo. También remitía a una web (www.guiadeprensa.com) que, en su apartado de «prensa», señalaba: «Su empresa tiene mucho que contar, y Grupo Horo le ofrece la posibilidad de acceder a los grandes medios de prensa nacional para explicar a una enorme audiencia cómo es su empresa y qué productos y servicios ofrece». Es decir, el diario aprovechó la fecha para publicar un cuaderno de carácter estrictamente comercial.

«La mercantilización de los contenidos también contribuye a generar una imagen más frívola y banal de la enferdad, vista como objecto de negocio»

En el suplemento se encontraban varios espacios dedicados a institutos, tanto públicos como privados, clínicas y laboratorios, en un híbrido que no distinguía entre información y publicidad. En ningún sitio se especificaba que se trataba de un monográfico de carácter publicitario. Los espacios consistían en textos donde se explicaban las características y bondades de los lugares anunciados (número de camas y de aparatos si se trataba de un centro clínico, técnicas nuevas, etc.). Al final del texto, se incluían los datos de contacto (dirección y teléfono) y, en algunos casos, el logotipo de la empresa en cuestión.

Los mensajes que se ofrecían eran especialmente positivos, de manera que resultaba fácil relacionar avances tecnológicos y científicos con la «marca» correspondiente anunciada. El discurso así puede llevar a establecer una correlación entre un mejor resultado, incluso una mayor supervivencia, y los centros anunciados, con frases tan significativas como: «Los resultados estéticos de la TFD son excelentes y no dejan cicatriz» (La Vanguardia, monográfico especial, p. 7) o bien «Los pacientes oncológicos atendidos en equipos multidisciplinares tienen mayor supervivencia» (p. 9).

Así pues, y sin entrar en otras valoraciones, constatamos que se estaba haciendo llegar al público una información interesada, sin firmar por periodistas, producida directamente en algunos casos por las propias clínicas, y que se presenta como información neutra: estructura informativa, redacción noticiosa e inclusión en un diario de prestigio con motivo del Día Mundial del Cáncer.

Este es el caso más claro de mercantilización de los contenidos. Pese a ello, también encontramos formas más sutiles de intentar generar beneficios económicos con la información, como en el caso del diario El Mundo, que publicaba el 3 de febrero de 2012 un reportaje con motivo del Día Mundial del Cáncer titulado «10 preguntas “olvidadas” sobre el cáncer». Se trataba de una selección de diez preguntas de las veinticuatro que publicó el National Cancer Institute (NCI) en Internet. Al final de la información, se animaba al lector a visitar Orbyt, la plataforma de pago del diario, si se quería leer un análisis de José Luis de la Serna (médico de la casa que asesora y comenta temas de salud en el diario) y consultar el proyecto del NCI. Una manera de atraer lectores a Orbyt, cuando el contenido completo de las preguntas planteadas por el NCI se podía consultar en la web Provocative Questions, de acceso libre y gratuito.

¿SOCIEDAD INFORMADA?

De esta forma, con todo lo que se ha indicado, ¿se puede decir que somos una sociedad bien informada sobre la problemática del cáncer? Evidentemente, quizá sea osado extraer ideas demasiado concluyentes con un corpus de análisis tan limitado; sin embargo, sí que se pueden apuntar algunas cuestiones. En general, considerando las noticias revisadas para elaborar este artículo, es escasa la información en los diarios en el Día Mundial del Cáncer durante la década pasada, sobre todo durante los primeros años, aunque va aumentando en volumen a medida que nos acercamos a la actualidad. Eso se puede atribuir tanto a que aún es una fecha en proceso de consolidación como a que el concepto genérico de la enfermedad no tiene tanto interés como, por ejemplo, el cáncer de mama, que ha pasado a primer plano informativo.

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Cartel del Día Mundial del Cáncer del año 2013. La jornada de este año ha incidido en desterrar mitos e ideas erróneas sobre la enfermedad. Más información sobre la campaña en www.worldcancerday.org / World Cancer Day 2013

También se advierte un comportamiento dual en la información analizada. Por una parte, continúa calificándose el cáncer de enemigo, de batalla que hay que librar y, por otra, se mantiene un cierto sensacionalismo. El peligro que eso supone es que puede producir desinformación, generar falsas expectativas en la ciudadanía así como desmovilizarla a la hora de adoptar estilos de vida saludable. La mercantilización de los contenidos también contribuye a generar una imagen más frívola y banal de la enfermedad, vista como objeto de negocio. A pesar del contexto de crisis económica, el valor noticioso no puede ser sustituido por el interés económico o empresarial. En caso contrario, el medio pone en juego su credibilidad, base sobre la que se vertebra la relación con el lector.

En definitiva, se observa un seguimiento desigual del Día Mundial del Cáncer en los diarios analizados, con noticias a menudo encabezadas por titulares sensacionalistas para hacer más atractiva la información. Otro peligro que se advierte es la confusión entre información y publicidad que resulta desorientadora para el lector. El cáncer es una enfermedad que afecta gravemente a la salud de las personas y que, por tanto, merece un tratamiento informativo riguroso y contextualizado que permita a la sociedad adquirir un grado de conocimiento realista y veraz. Es evidente que eso no es responsabilidad exclusiva, ni mucho menos, de los medios de comunicación y que deben participar instituciones, investigadores, asociaciones y el resto de emisores implicados en este proceso. Sin embargo, el papel de los medios en general –y de la prensa en particular– se antoja capital a la hora de convertir la información en conocimiento válido para la ciudadanía.

1.Según la tercera oleada de 2012 de l’EGM (Estudio General de Medios) (Volver al texto)

NORMALIDAD SÍ, BANALIDAD NO

Hablar del cáncer en general no parece demasiado interesante para la prensa. La atención se focaliza en determinados tipos de cáncer, sobre todo en el de mama, hoy por hoy el más mediático. Según el Informe Quiral de 2011, dedicado a analizar las noticias de aquel año sobre el cáncer en la prensa española, el cáncer de mama es el más presente –a gran distancia del resto de tumores– en las informaciones publicadas.

¿Pero esta mayor presencia informativa se traduce en mejor conocimiento? Algunas voces, básicamente en los Estados Unidos, han empezado a criticar lo que consideran una banalización y mercantilización de la enfermedad. El documental Pink Ribbons Inc. de la canadiense Léa Pool (2012), basado en el libro del mismo título de Samantha King, hurga en esta cuestión. Durante el mes de octubre, fecha de la celebración del Día Mundial contra el Cáncer de Mama, los centros comerciales se ven invadidos por una marea de productos rosa y se llevan a cabo numerosas actividades con la finalidad de recoger fondos. La película, que toca varias cuestiones no exentas de polémica, hace una llamada a la sociedad civil para que tome un papel activo a la hora de saber dónde va realmente el dinero recaudado: qué porcentaje de las ventas o de los beneficios se destina a investigar, a qué tipo de grupos o qué investigaciones se financian.

También se critica la excesiva «normalidad» que se le quiere dar a la enfermedad cuando se presiona a la mujer para que se mantenga femenina y atractiva durante o después del tratamiento. Para varios grupos, el cáncer se verá con normalidad cuando la sociedad sea capaz de aceptarlo sin necesidad de edulcorarlo.

Siguiendo esta línea, el fotógrafo de moda David Jay, a raíz de la enfermedad de una amiga, inició lo que se ha convertido en el Proyecto SCAR. Jay fotografía a mujeres desnudas con cáncer de mama, para mostrar una belleza sin envolturas glamourosas, con las mermas físicas y las cicatrices (scars) que siempre deja la vida. Son todas imágenes duras y bellas al mismo tiempo, donde se dejan ver la fuerza y el coraje de las mujeres retratadas que han hecho suyo el lema nulla aesthetica sine ethica

L. S. / M. D.

Bibliografía

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Sontag, S., 2003. La enfermedad y sus metáforas. El sida y sus metáforas. Taurus. Buenos Aires.

© Mètode 2013 - 77. La línea roja - Primavera 2013

Observatori de les Dues Cultures, revista Mètode.

Llicenciada en Periodisme per la Universitat Autònoma de Barcelona i Màster en Història de la Ciència i Comunicació Científica per la Universitat de València. És membre de l’Observatori de les dues cultures, grup d’investigació pluridisciplinari de la Universitat de València que analitza les relacions entre periodisme i ciència. Actualment, la seua recerca se centra en la comunicació del càncer, tant en la premsa com en les xarxes socials.