Galileo Galilei en la literatura del siglo XVII

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El 12 de marzo de 1610 Galileo Galilei publicó el Sidereus Nuncius. A partir de aquel momento, mediante la ciencia, se podía acceder a la maravilla perseguida por los poetas barrocos. Al describir las manchas de la Luna, el leitmotiv del Sidereus con la alusión al mito de Endimión y a los satélites de Júpiter, Galileo era el afortunado explorador que en cada página había escrito como un diario de navegante donde la investigación adquiría una dimensión narrativa, casi novelesca.

La presencia de ilustraciones era la aportación innovadora e importante en el libro científico del xvii: a las ilustraciones científicas barrocas correspondía hacer la metáfora de la visualización, la experiencia ocular en el propio espacio de la página.

Los descubrimientos científicos o tecnológicos circulan entre los científicos y raramente se discuten entre la gente del pueblo o los escritores y artistas. Sin embargo el telescopio se impuso inmediatamente en el imaginario barroco tan pronto como el Sidereus salió publicado. La obra se convirtió en un best-seller.

Los poetas se hicieron portavoces de los sentimientos más difundidos, insistiendo en el orgullo que conllevan los descubrimientos inauditos. El Sidereus reforzaba aún más el imperativo barroco de la novedad y de la maravilla.

Los hombres de espectáculo que trabajaban en la corte de los Medici alabaron a Galileo por haber perfeccionado el telescopio. Los cuatro planetas mediceos descubiertos por él, los satélites de Júpiter, formaron parte de la coreografía de más de un espectáculo barroco en la corte. Incluso la moda femenina se inspiró en las ilustraciones del Sidereus a la hora de bordar las telas y lucir los trajes en la corte toscana, como se demuestra en documentos conservados en bibliotecas de Florencia.

En el imaginario del xvii los viajes aéreos y la ruta trazada por el telescopio de Galileo sugieren instintivamente la imagen de Galileo navegando, que, con la vista de lince, como buen miembro de la Accademia dei Lincei (de los linces), descubrió la irregularidad de la Luna o los satélites de Júpiter.

El inspirador de la comparación literaria entre Galileo, descubridor de un nuevo universo, y Colón fue Johannes Kepler, que, para subrallar la diferencia entre la utilización galileana del telescopio y la de sus antecesores, establecía la comparación entre el navegante terrenal y el navegante celestial, Colón y Galileo. Si Colón había descubierto América con las carabelas, el éxito de la expedición, significaba que el camino trazado por el Sidereus se podía recorrer. Kepler recogió la idea en su Dissertatio cum Nuncio Sidereo.

Si el paralelismo entre Galileo y Colón es desde marzo de 1610 una simple comparación, dos meses después, y gracias a Girolamo Magagnati, poeta de los Medici, autor de la Meditazione poetica sopra i pianeti medicei, canción que reúne todos los topoi encomiásticos rememorados en el telescopio, contribuye a hacer de Galileo todo un símbolo que vanagloria el prestigio de los Medici como mecenas.

La difusión de los descubrimientos tuvo alcance mundial: en 1612 ya se conocía en la India y en Moscú, y en 1613 la obra ya se había traducido al chino.

Galileo, que es un hombre de ciencia, se da cuenta de que ha producido con el telescopio una profunda revolución cultural. Así lo demuestra la correspondencia con Belisario Vinta, secretario del gran duque de Toscana, donde Galileo destaca la novedad de sus observaciones.

En el siglo xvii se convierte en lugar común la profética frase del Apocalipsis «et vidi caelum novum et terram novam», citada por filósofos como Campanella, autor de una Apología de Galileo.

Giambattista Manso, biógrafo de Tasso, y Giam-battista Marino, autor del Adone (1623), reproponen este paso apocalíptico hablando de «nuevos mundos y nuevas luces». Incluso Shakespeare, en Antonio y Cleopatra, al preguntar Cleopatra por los límites de su pasión, hará un homenaje a la revolución copernicana.

Con el Sidereus Nuncius, Galileo entraba aún vivo en los mitos literarios cantados por literatos como Giambattista Manso, por Marino en su Adone, Magagnati, en las canciones heroicas de Chiabrera, por Milton en el Paraíso perdido y por otros poetas ocasionales.

Las composiciones dedicadas a loar a Galileo y a la gloria de los Medici fueron numerosas, y la mayoría no muy exitosas. Entre todos los poetas destacan Salvadori, Soldani, Cicognini, Francesco Maria Gualterotti, etc.

El Sidereus, aunque no era una obra para incentivar la fantasía de los literatos, lo fue. Hacia finales del siglo xvi recuperan en Toscana el mito de Amerigo Vespucci, el osado navegante toscano que intentó descubrir tierras desconocidas antes que Colón. Los grandes viajes y el descubrimiento de América daban vía libre a la fantasía de los poetas y el tema de América se elegirá como elemento de inspiración histórica y no sólo mitológica.

Si en Galileo hay un mensaje pacifista, según han afirmado los estudiosos de la ciencia, también hay que señalar que Giambattista Marino, en su poema épico Adone, invita a hacer el amor y no la guerra, trasladando así el mensaje pacifista del Sidereus a su obra.

El mito de Endimión y sus amores con la Luna, los argonautas y Colón son temas que recupera también Marino, gran apasionado de la mitología y de la ciencia. En otra de sus obras, La Galería (1619), elogia también a Galileo; y en su obra Dicerie Sacre, concretamente en la «Diceria Terza» dedicada al cielo, rinde un sincero homenaje al autor del Sidereus. Galileo había anunciado nuevos cielos y nuevas tierras, Marino, partiendo de su principio «e del poeta il fin è la meraviglia», guiará a los poetas y hombres de ciencia del xvii, marinistas y antimarinistas, a interesarse por explorar la tierra desconocida anunciada por Galileo. Él surge en el xvii en aquella nueva era, pero también en época de crisis, elegido como elemento pacificador gracias a su telescopio.

Galileo influyó primero en los poetas del siglo xvii, después será Newton quien influirá en los poetas del xviii y en la poesía del cielo.

Italo Calvino, un cultor postmoderno del telescopio en el siglo xx, retomando el espíritu de Galilei, decía en su obra Palomar que «quien ama a la Luna de verdad no se conforma con contemplarla, sino que quiere entrar en contacto con ella».

El barroco acercó la ciencia a la literatura.

Maria Bayarri. Departamento de Filología Francesa y Italiana, Universidad de Valencia.
© Mètode, Anuario 2010.

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© Mètode
Portada del Sidereus Nuncius de Galileo.

 

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Uno de los dibujos de la Luna hechos por el astrónomo. Sus trabajos tuvieron un gran eco en la sociedad del siglo xvii y también en los literatos, a los que inspiró numerosas obras.

«La obra de Galileo, aunque no pretendía incentivar la fantasía de los literatos, lo hizo. Después será Newton quien influirá en los poetas del XVIII y en la poesía del cielo»

© Mètode 2011 - 64. La mirada de Galileo - Número 64. Invierno 2009/10
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Departamento de Filología Francesa y Italiana, Universidad de Valencia.