Entrevista a Londa Schiebinger

«Hay un sesgo inconsciente de género en el algoritmo de Google»

Profesora de Historia de la Ciencia de la Universidad de Stanford y directora de Gendered Innovations

Londa Schiebinger

Nos reunimos con Londa Schiebinger en París tras su intervención en la novena Conferencia Europea sobre Igualdad de Género en la Educación Superior, organizada por el Centro Nacional de Investigación Científica de Francia. Desde 2011 esta investigadora y profesora de Historia de la Ciencia de la Universidad de Stanford (California, Estados Unidos) asesora a la Comisión Europea en asuntos de género mediante el programa Gendered Innovations. Con Londa Schiebinger, directora de este proyecto de envergadura –en 2015 contó con la participación de 600 personas de cuarenta países–, hablamos sobre los estudios de género que realizan en ciencia, medicina y salud, ingeniería y medio ambiente, pero también sobre cuál ha sido la evolución de la participación de las mujeres en la ciencia o cómo ha podido afectar a la investigación científica la falta de perspectiva de género.

Aunque es una eminencia en el ámbito –ha sido galardonada con prestigiosos premios como el Premio Humboldt de Investigación o la beca de la Fundación John Simon Guggenheim y ha intervenido en dos ocasiones ante las Naciones Unidas–, Londa Schiebinger me recibe en el hotel donde se aloja, en el burgués barrio de Saint-Germain-de-Près de París, con una sonrisa y un abrazo, un estilo muy norteamericano.

Desde la primera pregunta puedo apreciar sus dotes de docente y, a pesar de que el tema que tratamos puede resultar un poco delicado en cuanto al uso del lenguaje, Londa Schiebinger se muestra sencilla y muy abierta a la comprensión, contestando a cada cuestión de una manera pedagógica e invitándome a reflexionar, haciendo de un tema que podría parecer abstracto en un primer momento un objeto de estudio concreto y con multitud de aplicaciones prácticas en la vida cotidiana.

Hablemos un poco sobre su pro­yecto, Gendered Innovations. ¿Por qué se creó??

Estaba muy interesada en saber cómo podíamos utilizar el análisis de género para avanzar e innovar en ciencia y tecnología. Antes de esto siempre hablábamos sobre los prejuicios de género. Pero descubrí que era muy importante darle la vuelta e implicar a científicos e ingenieros porque están interesados en las novedades, y este proyecto es una forma de utilizar el género para ver cosas nuevas. Y esto es lo que nos interesaba conseguir.

¿Cómo funciona el proyecto?

Comencé en 2005 en la Univer­sidad de Stanford y más adelante, en 2011, la Unión Europea me pidió que participara con ellos. Así que la idea tomó forma en 2005, el proyecto comenzó realmente en 2009 y la Unión Europea se unió en 2011. El proyecto está en marcha en Europa, en los Estados Unidos, en Canadá y ahora se ha unido Corea del Sur. Tenemos seis codirectores, si no me equivoco, y además tenemos la colaboración de más de ochenta personas expertas en todos los campos de la ciencia e ingeniería para ocuparse de los casos de estudio específicos que desarrollamos, de la metodología y los estudios clave y, esto es lo importante, de cómo integrar el análisis de sexo y género en la investigación.

«La metodología del análisis de sexo y de género no está presente en el plan de estudios universitario, aunque es muy importante»

¿Podría hablarme de esos estudios?

La metodología del análisis de sexo y de género no está presente en el plan de estudios universitario, aunque es muy importante. Lo primero que hizo nuestro grupo fue desarrollar doce métodos y presentarlos en nuestro sitio web. Sabíamos que sería muy importante crear casos de estudio o ejemplos concretos en los que el análisis de sexo y género ofreciera algo a la investigación. Uno de mis ejemplos favoritos es la traducción automática. Si entramos en Google Translate, que es el sistema de traducción automática principal en los Estados Unidos, vemos que utiliza el pronombre masculino por defecto. SYSTRAN, el principal en Europa, hace lo mismo. Si introduzco un artículo sobre mí en Google Translate, por defecto traduce «él dijo» en lugar de «ella dijo». Nos preguntamos por qué ocurría esto y descubrimos que, como Google Translate funciona mediante un algoritmo, el problema es que «él dijo» aparece en Internet el cuádruple de veces que «ella dijo», por lo que la máquina acertará más veces si elige «él dijo». El algoritmo está preparado para actuar de esa manera. De todos modos, descubrimos que se había producido un gran cambio en la lengua inglesa desde 1968 hasta el presente, y la proporción de repeticiones de «él dijo» frente a «ella dijo» había pasado desde 4 a 1 hasta 2 a 1. Pese a ello, la traducción no tiene esto en cuenta. Así que nos dirigimos a Google y les dijimos: «Oye, ¿qué pasa con esto?», y nos contestaron: «Anda, ¡no teníamos ni idea!». Reconocimos que hay un sesgo inconsciente de género en el algoritmo de Google. No era su intención, así que ahora tienen a mucha gente intentando arreglarlo.

Londa Schiebinger

Fotografía de José Vicente Bernabéu

¿Cómo se puede arreglar?

¡Esa es la cuestión! Esta es la parte del descubrimiento. Si podemos arreglarlo, será un gran avance. Creo que los algoritmos en general son un problema porque si hay algún tipo de sesgo inconsciente en los datos, los resultados del algoritmo lo reflejarán. Así que, aunque Google tiene políticas de empresa para apoyar la igualdad de género, su producto contiene un sesgo inconsciente indeseado. Ahora que lo saben pueden intentar arreglarlo. De hecho hay unas conferencias en Harvard en noviembre en las que, una vez más, especialistas en computación discutirán cómo insertar algunos aspectos de responsabilidad social en el algoritmo. Pero los algoritmos son populares porque son formas matemáticamente rigurosas de hacer las cosas sin intervención humana, se trata exclusivamente de aprendizaje automático. Entonces, si se quiere intervenir en el proceso, ¿cómo se puede hacer correctamente? Es una oportunidad enorme para aprender, porque cada vez encontramos más ejemplos de este tipo de sesgos inconscientes de género en los algoritmos. La solución, en este caso, aún está por llegar. Pero tenemos muchos buenos ejemplos como las enfermedades cardíacas en las mujeres, la osteoporosis en los hombres… Respecto a las enfermedades del corazón, sólo las estudiábamos en hombres y no nos dábamos cuenta de que son la causa más importante de muerte en mujeres, no teníamos toda esa información. Ahora lo sabemos, y esa es, una vez más, la innovación: ayudar a más gente centrándonos tanto en hombres como en mujeres.

«No todas las propuestas son susceptibles de ser analizadas desde el prisma del sexo y el género, como la física teórica o la matemática pura»

¿Qué tipo de trabajo realiza para la Comisión Europea?

Nuestro proyecto era importante en cuanto a la creación de medidas para Horizonte 2020. Los investigadores e investigadoras trabajan en temas específicos en los que la Unión Europea ha decidido que es buena idea observar cuestiones de sexo y género. Trabajamos con estas personas mientras establecen dichas normas, les ofrecemos pruebas, un marco y una plataforma científica que apoye esas normas. La Unión Europea tiene muchas convocatorias. Las repasaron todas y decidieron en cuáles sería importante realizar análisis de sexo y género, y las marcaron. No todas las propuestas son susceptibles de ser analizadas desde el prisma del sexo y el género, como la física teórica o la matemática pura. Esto es para campos de estudio como la robótica, los estudios medioambientales, la salud o la medicina, lugares en los que los análisis de sexo y género pueden tener un impacto. Por eso se implementa una nueva política. Por ejemplo, en el transporte público, bajo el epígrafe de medio ambiente, se busca hacer que los sistemas de transporte sean útiles para todo el mundo.

¿Existen diferencias en el uso que hacen hombres y mujeres del transporte público?

No se trata de ser hombre o mujer, se trata del tipo de actividad. Este estudio de caso se ocupa de la forma en que se recogen datos sobre el transporte público. Normalmente los gobiernos y los ingenieros civiles recogen datos para las diferentes categorías de viaje: trabajo, educación, compras, entretenimiento… Existen ocho categorías tradicionales, pero ninguna de ellas incluye la «prestación de cuidados». Ya sea llevar a los niños a la guardería o llevar a un amigo o a un familiar anciano al doctor, es un patrón de transporte diferente. Si utilizas el transporte por trabajo, normalmente te desplazas de casa al trabajo y de vuelta a casa, pero si tienes que ocuparte del cuidado de alguien, puede que vayas de casa a la guardería, de ahí al trabajo, y luego posiblemente vayas a comprar y tal vez a la lavandería, y más te vale recoger a los niños y de ahí a casa, por lo que tu patrón de transporte es diferente. El objetivo es conseguir que el transporte público se adapte a todos esos patrones. Y no importa si el que se ocupa de esos cuidados es un hombre o una mujer, se trata de qué conllevan esas tareas. Las mujeres se han dedicado más a ellas, ¡pero cada vez más hombres jóvenes lo hacen! Así que el sistema de transporte también tiene que cambiar.

Londa Schiebinger

Fotografía de José Vicente Bernabéu

Usted también ha trabajado en el campo de la investigación biológica y defiende que es muy importante tener en cuenta el sexo de las células. ¿Por qué no se hace?

Es algo que la gente simplemente no consideraba. No deberíamos tener en cuenta el coste porque el trabajo con células es el primer paso de la investigación y es muy económico en comparación con el proceso completo. Si se utilizan células para desarrollar un medicamento, que puede costar millones de dólares, este es solo el primer paso. Y si cometemos errores en el primer paso, habremos malgastado millones de dólares. Es muy importante empezar correctamente. Por tanto, si es posible conocer el sexo de las células, la ignorancia no es una excusa.

Algunas personas entienden sexo y género como el mismo concepto, o asocian un sexo a un género concreto. ¿Ha afectado esta concepción a la investigación?

El sexo es un fenómeno biológico y el género es un fenómeno cultural, que incluye comportamientos, actitudes, valores, la forma en que entendemos cómo funcionan en la sociedad los hombres, las mujeres y la gente transgénero. Los comportamientos de hombres y mujeres están convergiendo y hay mucha más libertad para las personas transgénero y gay, es un nuevo mundo maravilloso. No es necesario encajar en un cajón determinado. La gente solía pensar que el género venía determinado por la biología, por lo que no se podía cambiar, pero si nos damos cuenta de que la cultura también crea estas actitudes respecto a lo que puede hacer un hombre o una mujer, entonces podemos cambiarlas. Podemos cambiarlas mediante un proceso político, podemos ofrecer igualdad para hombres, mujeres y personas transgénero. En estos momentos, en los Estados Unidos estamos inmersos en una discusión enorme sobre los baños. Si eres transgénero, ¿qué baño deberías utilizar? ¿El que corresponde a tu sexo o a tu género? Ahora tenemos mucha más libertad. Ahora, muchos países piden que los consejos de administración de las empresas estén compuestos en un 40 % por mujeres, Angela Merkel es canciller de Alemania y nos preguntábamos –esperábamos– si Hillary Clinton sería presidenta de los Estados Unidos. Hay más libertad para todo el mundo, y los hombres también tienen más libertad para no limitarse a trabajar y mantener a sus familias, sino a participar en la vida familiar. Sencillamente, creo que hay mucha más libertad.

¿Ayuda el sistema de cuotas?

No tenemos cuotas en los Estados Unidos, no sé cómo funciona en Europa. En los Estados Unidos tenemos lo que se conoce como «acción afirmativa» (affirmative action), y creo que es muy importante. Significa que si dos personas, un hombre y una mujer, solicitan un puesto y están igualmente cualificados, el puesto se le dará a la persona que históricamente ha sido discriminada. Por ejemplo, un hombre y una mujer con la misma cualificación se presentan para un trabajo de enfermería: se elegiría al hombre porque los hombres representan quizá un 10% de la profesión de enfermería, y se trata de equilibrar las cosas. Esto es la acción afirmativa.

«El sexo es un fenómeno biológico y el género es un fenómeno cultural, que incluye comportamientos, actitudes y valores»

Volviendo a la cuestión anterior, si la gente asimila que hay un género específico que corresponde a cada sexo, ¿piensa que esto refuerza los estereotipos?

Si piensas que sexo y género son lo mismo, eso refuerza los estereotipos puesto que piensas que solo porque las mujeres tienen estrógenos actuarán de una determinada manera. Pero sabemos que esto no es cierto. Obviamente las mujeres siguen dando a luz y eso es algo que, biológicamente, los hombres no pueden hacer, por lo que hay una cierta asimetría. Sí que existe una diferencia biológica, pero se puede crear una regulación que apoye la procreación, porque la sociedad necesita reproducirse, y es posible que las mujeres sean también profesionales y que trabajen en los niveles más altos. Tengo dos hijos, pero esto nunca me ha frenado, porque en el mundo académico hay mucho más apoyo para formar una familia y tener un equilibrio entre el trabajo y la vida privada. Es muy importante trabajar por la igualdad de las personas aunque existan diferencias biológicas.

«Es muy importante trabajar por la igualdad de las personas aunque existan diferencias biológicas»

¿Son los estereotipos el enemigo?

Necesitamos los estereotipos, tienen un lado positivo. Si voy caminando por la calle, necesito saber qué esperar de cada persona. Si alguien está borracho o loco, tengo un estereotipo que me dice que guarde las distancias, porque puede ser peligroso. Yo me creo un estereotipo por cómo vistes, me creo un estereotipo por tu clase social, por cómo hablas. Me creo un estereotipo sobre ti porque entiendo cómo encajas en la sociedad, y así sé cómo hablar contigo, sé cómo interactuar contigo. Hay estereotipos positivos, pero también hay estereotipos negativos: si eres un hombre y sabes que yo soy una mujer, quizá no tengas en cuenta mi opinión por ser mujer. Es decir, necesitamos reconsiderar nuestros estereotipos. Es necesario tener esta Gestalt, este grupo de ideas, cuando conocemos a alguien. ¿Eres una persona segura? Si voy por la calle, no puedo entrevistar a cada persona según me la cruzo, necesito emitir un juicio con respecto a ellos, y estos juicios se corresponden con estereotipos inconscientes. En algunos casos necesitamos cambiarlos; en otros, no. Si veo un perro peligroso, mantendré mi estereotipo, que me indica «guarda las distancias». Tenemos que mantener algunas de estas categorías, pero otras debemos reconsiderarlas.

Hablemos sobre la relación entre las mujeres y la ciencia. Usted la ha estudiado y ha observado que en el siglo XVII las mujeres participaban en la investigación y que, más adelante, gradualmente, fueron dejando de participar. ¿Cuál es la situación hoy en día?

¡La situación es mucho mejor, por supuesto!

¿Pero cuáles son los retos que se nos plantean?

Por supuesto, sigue habiendo retos que superar. Creo que en la Universidad de Stanford solo hay un 25 % de catedráticas, no estamos en igualdad de condiciones. Pero en mi campo, historia, cuando me contrató la Universidad de Stanford había un 18 % de catedráticas en el departamento y hoy, si no me equivoco, somos tal vez cerca de un 40 %, así que creo que estamos avanzando mucho. Sigue habiendo campos, como la ingeniería eléctrica, que las chicas todavía no eligen. Así que tenemos que echar un vistazo a la cultura y decir: «¿Por qué las chicas americanas no quieren ser ingenieras eléctricas?». Pensemos en la muñeca Barbie, que en 1994, cuando le tirabas de un cordón, decía: «La clase de matemáticas es difícil», y todas esas niñas a las que les encantaba Barbie aprendían que a las chicas no les gustan las matemáticas. Creo que necesitamos cambiar nuestra cultura seriamente, necesitamos que Hollywood y sus grandes producciones muestren a mujeres como matemáticas o informáticas, como inteligentes, como líderes… Debemos construir la impresión en toda la sociedad de que las mujeres pueden hacer más cosas y que los hombres también pueden ser cariñosos y buenos padres y enfermeros y maestros: todo aquello que las normas sociales no permiten que hagan, debido a nuestras actitudes.

Todavía se nota que hay menos mujeres en los campos STEM [acrónimo en inglés para las disciplinas académicas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas]. ¿Por qué ocurre esto? Hemos hablado sobre comportamiento, cultura y educación, pero ¿piensa que el techo de cristal también afecta en este sentido? ¿Qué deberíamos hacer para romperlo?

Creo que el techo de cristal se rompe cada día, creo que hoy en día es una gran oportunidad ser una chica joven. Pero debemos estar alerta, porque todavía necesitamos presión política, cambios y conocimiento.

Londa Schiebinger

Fotografía de José Vicente Bernabéu

La situación de las mujeres en el trabajo y en ciencia ha cambiado gracias a la lucha y a la evolución de los derechos civiles, pero hemos visto que ha habido una evolución del concepto de feminismo en las últimas décadas. En la década de los ochenta se relacionaba al feminismo con el concepto de igualdad, algo que desde mi punto de vista podía legitimar un enfoque patriarcal de la sociedad, al defender que las mujeres y los hombres son iguales pero sin tener en cuenta las diferencias entre ellos y las cosas buenas que puede aportar cada género. Ahora, en sus estudios, se ve que tienen en cuenta estas diferencias en la búsqueda de igualdad. ¿Cuáles son los beneficios de este nuevo enfoque para la ciencia y el conocimiento?

Sí, teníamos el concepto de igualdad, era necesario ser igual para conseguir la igualdad de derechos. Más adelante se llegó a este otro feminismo que hizo hincapié en las cualidades femeninas que resultan útiles para las sociedades. No queremos aplastarlas y eliminarlas. Se valoran más cosas. Permita que vuelva a la disciplina de la historia. Con la llegada de más profesoras, la disciplina entera cambió, la cuestión histórica cambió. Cuando solo los hombres eran profesores, antes de la llegada de las mujeres, la historia era política y presidentes, diplomacia y guerra. Esos eran los temas que se valoraban, quizá también algo de historia intelectual, la historia de la filosofía… Pero cuando llegaron las mujeres, hubo una revolución en el pensamiento, y ahora tenemos historia de la familia, historia de las mujeres, historia de la reproducción, historia del colectivo de gays y lesbianas… Tenemos todo tipo de cosas que antes nunca contaban como historia. Ahora, esos temas son parte del núcleo de la disciplina.

«Cuando solo los hombres eran profesores, antes
de la llegada de las mujeres a la docencia, la historia era política y presidentes, diplomacia y guerra»

¿Encontramos más ejemplos similares?

Lo mismo ocurrió en medicina. Primero, se estudiaba todo sobre el cuerpo masculino, y después, en las décadas de los ochenta y los noventa, y especialmente ahora, comenzamos a considerar las diferencias sexuales en medicina. ¿Cómo funciona esto en el cuerpo femenino? Porque la biología es diferente. ¿Cuál es el mecanismo? ¿Cómo es el metabolismo? Gracias a esto, se logra enriquecer y extender el campo de la medicina, es una ciencia nueva y creo que por eso es importante que se reconozca la diferencia, que se valore igual a las mujeres y se las incorpore en la ciencia y en la sociedad. Creo que ahora sabemos más cosas, creo que hemos abierto la puerta y todo esto es una cuestión de crear conocimiento.

© Mètode 2017 - 91. SheScience - Otoño 2016

Estudiante de Periodismo a la Universitat de València