Estudio, imaginación y temperamento contra la crisis

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El estudio no es suficiente sin la imaginación,
y el estudio y la imaginación no bastan sin el temperamento

J. W. Goethe

Este año se ha celebrado el Año Internacional de los Bosques, con un seguimiento que, desgraciadamente, ha sido bastante desigual. La Universitat de València ha colaborado muy activamente en la efeméride, y en el Jardín Botánico se han llevado a cabo conferencias, exposiciones y propuestas muy sugerentes, como el póster didáctico Bosque de hojas, que se ha realizado conjuntamente con la revista Mètode, o la brillante propuesta expositiva «Bosques encapsulados», de la artista Ana Donat. Sin embargo, como decía, el balance global es bastante desigual, y quizá uno de los motivos que explica que esta celebración no haya tenido un mayor eco entre las instituciones se puede deber a las malas circunstancias económicas por las que estamos pasando. La crisis económica parece que todo lo ha parado, y de forma muy especial todo lo relacionado con el medio ambiente. Durante la última campaña electoral, ha sido llamativo comprobar que casi nadie habló del cambio global (tan presente en la vida pública antes de la crisis), ni de la cuestión nuclear, tan criticada (y sobre la que creo que se necesita un amplio debate) a raíz de los dramáticos acontecimientos de Fukushima.

«La sociedad valenciana tiene que reflexionar muy profundamente sobre qué modelo productivo es el más conveniente, y aprender de los acontecimientos pasados»

A pesar de todo, parece que el único ideario en estos momentos sea salir de la crisis, y que por eso da igual cómo se pueda llevar a cabo. Creo que la sociedad valenciana tiene que reflexionar muy profundamente sobre qué modelo productivo es el más conveniente, y aprender todo lo posible de los acontecimientos pasados. En cualquier caso, sería un grave error creer que volver a un modelo económico basado en la construcción y la especulación puede ayudar a salvar nuestra malparada economía. Más bien al contrario, sería caer de nuevo en la trampa, con el agravante añadido de que ahora sabemos perfectamente que aquello, aquel modelo, si bien puede dar unos beneficios inmediatos, en cambio produce, por su ausencia de diversificación, un drástico empobrecimiento del país en el futuro más próximo.

A la izquierda, Andreu Alfaro. Goethe y la ciencia, 1982. Hierro pintado, 112 x 45 x 60 cm. A la derecha, Andreu Alfaro. Eckermann, 1985. Hierro pintado, 101 x 35 x 7 cm.

Las sociedades occidentales tendrían que plantearse que la única manera de conseguir una recuperación económica segura y con garantías de futuro es mediante la apuesta por la investigación, la innovación y la cultura. Nuestro país tiene que ser cuna de conocimiento, y debemos exportar sabiduría y excelencia. Las universidades públicas valencianas, que han recibido recientemente el sello de Campus de Excelencia Internacional, están comprometidas con este tipo de desarrollo, quizá más costoso, más lento y exigente, pero mucho más digno y racional. De hecho, este compromiso se ha explicitado, tanto en nuestro primer Campus de Excelencia Internacional VLC/Campus, centrado en salud, sostenibilidad y nuevas tecnologías, como en particular en este segundo campus, HABITAT 5U, enfocado hacia el hábitat en todas sus dimensiones y vertientes, pero con énfasis en aquellas que incorporan el valor añadido de la innovación social y calidad de vida, el impacto ecológico y la relación con la naturaleza, lo urbano y la organización del territorio con la consideración de la importancia del paisaje.

Desgraciadamente, durante los últimos años se ha abandonado la cultura del esfuerzo y se ha caído en un estado de euforia a lo carpe diem que, como se ha visto, al final, tan solo nos ha llevado a la situación actual. Todos deberíamos hacer autocrítica, todos deberíamos reflexionar sobre nuestra culpabilidad, y de manera muy especial las instituciones públicas.

Así las cosas, como médico y científico, pero también como rector de la Universitat de València, hago esta reflexión. Es necesario volver a invertir en nuestra investigación, volver a crear nuevos puentes entre la universidad y el sector empresarial, volver a apostar por la innovación de calidad y apoyar activamente un sistema de producción basado en el conocimiento. Lo que en ningún caso es defendible es el cierre de líneas de investigación productivas, el despido de investigadores o el despilfarro de recursos, con el drama aparejado que tiene la ciencia para el futuro de una sociedad y el valor social que atesora.

«Durante los últimos años se ha abandonado la cultura del esfuerzo y se ha caído en un estado de euforia a lo ‘carpe diem’ que, al final, tan solo nos ha llevado a la situación actual»

Volvamos, pues, al buen camino, al estudio, a la investigación y a los resultados que se obtienen de él. Invirtamos. El poeta Johann Peter Eckermann, en aquel libro tan reconfortante que es Conversaciones con Goethe, recogía este pensamiento del autor del Werther: «El estudio no es suficiente sin la imaginación, y el estudio y la imaginación no bastan sin el temperamento.» Sobre este trípode conceptual descansa nuestro futuro: sobre el estudio, la imaginación y el temperamento. Nuestro deber es, en la órbita universitaria, luchar por recuperarlo y, una vez conseguido, salvaguardarlo, para que una nueva crisis económica como esta no vuelva nunca más a pasar.

© Mètode 2012 - 72. Botánica estimada - Invierno 2011/12

Rector de la Universitat de València.