Etiqueta: Botánica estimada

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Jazmín

Dábamos este nombre a tres plantas ornamentales diferentes que identificábamos por el color de las flores: azul, amarillo o blanco. Pero solo este último, el blanco, era, propiamente, el gesminer, el arbusto delicadísimo cuyas ramas –de corteza leñosa a partir del segundo o tercer año de vida–, para mantenerlas levantadas, necesitaban alguna clase de enrejado, de sombrajo o de pórtico, de pérgola, de valla o de pared.

Luís Villar
Entrevista a Luís Villar

Luis Villar Pérez (Alpuente, 1946) es valenciano de nacimiento y catalán de formación universitaria. Se licenció en 1969 y se doctoró en Biología en 1978 en la Universidad de Barcelona.

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Rosales

Ya de antiguo había habido uno en el jardín viejo, bajo el pino piñonero, junto al limonero de más al norte, que daba unas rosas bellísimas, intensamente perfumadas, de pétalos aterciopelados de color rojo oscuro, casi granate, pero lo secamos con una poda equivocada.

plantes en la península dels Balcans
La península de las plantas

La península de los Balcanes es el área más diversa de Europa en cuanto a plantas vasculares: entre 7.000 y 8.000 especies catalogadas. Los habitantes de esta región comparten una herencia en cuanto a usos de los recursos naturales y hablan lenguas similares.

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Laureles

Aunque habitualmente suelen ser como arbustos, los dos llorets –así los llamábamos, llorets– que teníamos en el huerto, dispuestos simétricamente, uno a cada lado del jardín, eran tan antiguos y se habían regado tanto que habían alcanzado un porte poco común, enorme, como de árbol, hasta el punto de que el tronco superaba el medio metro de diámetro.

orquídea silvestre
Una flor mítica

Raro y gracioso, el zapatito (o zueco) de Venus (o de dama) es un campeón jugando al escondite. Desde el siglo xviii aparece en las publicaciones botánicas para desvanecerse después en largos silencios que niegan su existencia en los Pirineos.

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Geranios

Los ves ahora, enfermos por todas partes, arruinados, destruidos. Quién diría que, resistentes y poderosos, eran la gloria del jardín viejo del huerto: a los dos lados del pasillo central (construido sobre la acequia de riego), claros y embutidos, estallaban generosamente en grandiosas borlas de multitud de flores de cinco pétalos que podían ser de muchos colores –rojas, rosa, lila, salmón, calabaza, blancas– que duraban mucho tiempo y que había que cortar al espigarse para que no quitasen fuerza a la mata.

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Adelfas

No se habían convertido aún en plantas de jardín. Silvestres, venenosas, funerarias, con una savia blancuzca y espesa que, como leche pringosa, se pegaba a los dedos cuando rompías una rama, con el follaje siempre verde, lanceolado y oscuro, al llegar el verano florecían espectacularmente, exuberantemente, repletas de flores perfumadas, claras o embutidas, blancas, rosadas o ligeramente rojas.