Lamarck en la España del siglo XIX al XXI

La revalorización de Lamarck en la ciencia y la historia

La valoració de l’obra de Jean-Baptiste Lamarck ha sofert grans oscil·lacions, amb períodes en què s’apreciava molt la seva tasca científica a d’altres en què se la menyspreava. En l’actualitat, la tendència és de nou a posar en valor les aportacions del francès al coneixement científic. En la imatge, il·lustració a càrrec de Francesc Camós basada en el gravat puntejat obra d’August Tardieu (1821). Al seu torn, el gravat es basava en un retrat de Julien Léopold Boilly./ Francesc Camós / CC BY 4.0

La valoración de las aportaciones al conocimiento científico de Jean-Baptiste Lamarck ha experimentado grandes oscilaciones desde finales del siglo XVIII hasta el principio del siglo XXI, pasando de periodos en los que se ha apreciado mucho su tarea científica a otros en los que se la ha despreciado. Desde la formulación de la teoría sintética de la evolución en los años cuarenta del siglo XX y durante buena parte del siglo, el legado de Lamarck fue ninguneado, se olvidaron la mayor parte de sus grandes aportaciones y se malinterpretó lo referente a la formulación de su teoría evolucionista.

Desde los últimos decenios del siglo XX, la valoración de la obra y la influencia de Lamarck ha ido recuperándose de forma lenta, impulsada por la revisión historiográfica realizada por destacados autores como Richard Burkhardt, Pietro Corsi o el ya desaparecido Goulven Laurent, así como por una serie de novedades científicas que ponían en cuestión la concepción más ortodoxa de la teoría sintética de la evolución. El descubrimiento, o redescubrimiento en muchas ocasiones, de los transposones, la epigenética, la endosimbiosis y los retrovirus, entre otros fenómenos, han abierto la puerta a un importante debate en torno a los mecanismos a través de los que se produce la evolución, y a resituar a dos de sus referentes históricos: Darwin y Lamarck.

En España podemos ver estos cambios en el tratamiento que se le da en libros de texto y de divulgación, y en los medios de comunicación. A esta transformación también han contribuido los nuevos datos aportados por la investigación histórica que ponen de manifiesto la influencia de las ideas de Lamarck en España en el siglo XIX. Abordaremos las dos cosas.

El tratamiento de Lamarck en España en los últimos años

Un dato que pone de manifiesto el importante vínculo de la obra de Lamarck con España es el notable número de traducciones de sus obras en territorio español. La primera traducción es sorprendente: los dos primeros volúmenes de la Histoire naturelle des végétaux aparecieron en castellano en la revista La Abeja de Barcelona entre 1862 y 1864, en unos años en los que no tenemos noticia de ninguna traducción a otra lengua. Tendríamos que esperar hasta 1876 para que apareciera en alemán su obra más conocida, la Philosophie zoologique, originalmente publicada en francés en 1809. Esta obra se ha traducido hasta cinco veces en el Estado español. La primera traducción al castellano de la primera parte de la obra se publicó en Valencia en 1911, por lo tanto, más de un siglo después de su aparición, pero antes que en inglés o italiano. En las últimas décadas del pasado siglo se reeditó y también se hizo una nueva traducción parcial. No ha sido hasta este siglo que se han hecho traducciones completas y rigurosas de la Philosophie zoologique, la primera de ellas al catalán en 2007, posteriormente al castellano y recientemente al gallego. Además, a finales del siglo XX se publicó en Pamplona una lujosa edición en castellano de la Illustration des genres de l’Encyclopédie méthodique, y en 2016 apareció en una editorial asturiana la traducción de las Recherches sur l’organisation des corps vivants, una obra publicada en 1802, clave para entender el desarrollo de su teoría de la evolución. Que en los últimos 25 años hayan aparecido hasta cuatro traducciones de obras de Lamarck en territorio español pone de manifiesto el notable interés que ha ido despertando su obra.

Por otro lado, en 2009, coincidiendo con el 150 aniversario de la publicación de El origen de las especies de Darwin, también se celebró el 200 aniversario de la Philosophie zoologique y, a pesar de que no tuvo tanta repercusión, sirvió para incrementar el interés y el debate en torno a la obra de Lamarck. De forma que, por ejemplo, en agosto del 2009 en la prestigiosa revista Nature aparecía un artículo firmado por los científicos Dan Graur, Manolo Gouy y David Wool donde se reivindicaba su obra y se afirmaba que, sin duda, era el padre de la teoría de la evolución. Pero, incluso en un artículo claramente elogioso como este, se incluyeron algunas de las confusiones que todavía arrastra su figura, como por ejemplo que fue universalmente despreciado por sus contemporáneos o que era deísta. Esto obligó a Pietro Corsi, uno de los grandes especialistas en la obra de Lamarck, a escribir al mes siguiente una carta a Nature donde aclaraba las confusiones históricas presentes en el artículo. No es un caso aislado: unos años antes, el destacado historiador Richardt Burkhardt, en una reedición su obra fundamental sobre Lamarck, The spirit of system, tuvo que descalificar la explicación que hacía el historiador de la biología Peter Bowler de la teoría de la evolución de Lamarck en su conocida obra Evolution: The history of an idea.

Esta rehabilitación de Lamarck a propósito de las celebraciones del año 2009 también la pudimos ver en publicaciones de aquí. Por ejemplo, en un artículo publicado en El Periódico el 27 de julio de aquel año, se decía «La ciencia recupera las ideas de Lamarck dos siglos después de su formulación» y «algunos resultados recientes obligan a actualizar la teoría de la evolución». El artículo también incluía explicaciones de lo que era la epigenética por parte de uno de los más destacados especialistas en la materia, Manel Esteller, de forma que se relacionaba la epigenética con Lamarck. Dos años más tarde, Esteller escribía en la revista The Scientist que los descubrimientos en el campo de la epigenética restaurarían alguna credibilidad a la desprestigiada hipótesis de Lamarck de la herencia de los caracteres adquiridos, que había sido considerada como la antítesis de la teoría genética neodarwinista.

La recuperación de Lamarck también la podemos observar en esta revista. Si revisamos los artículos de los últimos años aparecidos en Mètode, encontramos unos cuantos donde se reivindica a Lamarck y su legado científico. En 2016 Daniel Climent y Carles Martín se referían a Lamarck como uno de los renovadores de la botánica. En 2018 se recogían unas palabras del prestigioso científico Antonio Lazcano donde se refería a Lamarck como quien formuló la primera teoría evolucionista. En 2021, el neurofisiólogo Xurxo Mariño, después de referirse a sus grandes aportaciones a la botánica y a la zoología, añadía: «Sus reflexiones sobre el funcionamiento del sistema nervioso, que han pasado desapercibidas, son en muchos casos sorprendentemente avanzadas». Por otro lado, en 2019 encontramos un interesante artículo sobre epigenética de David Bueno, donde afirmaba que esta no se podía considerar como una recuperación de la «propuesta de Lamarck» de la herencia de los caracteres adquiridos. Estando de acuerdo con la argumentación del autor del artículo, hay que insistir en que la herencia de los caracteres adquiridos no era un mecanismo «de Lamarck» como acostumbra a afirmarse, sino que era admitido por la mayor parte de los naturalistas durante buena parte del siglo XIX, incluyendo al propio Darwin.

Desde muy pronto, en España hubo un interés por la obra de Lamarck que se plasmó en un buen número de traducciones. La revista La Abeja, editada en Barcelona, publicó la primera: los dos primeros volúmenes de la Histoire naturelle des végétaux aparecieron en castellano en sus páginas entre 1862 y 1864, en unos años en los que no hay constancia de ninguna traducción a otra lengua./ Ateneo Barcelonés

En los libros de texto que usan los alumnos de secundaria también se nota un gran cambio. A finales del siglo pasado en muchos casos ni siquiera citaban a Lamarck, y cuando lo hacían acostumbraban a referirse a él como un simple especulador científicamente muy poco riguroso. Ahora acostumbran a incluir a Lamarck en la introducción histórica del evolucionismo, destacando las aportaciones y cómo estas influyeron fuertemente en el pensamiento biológico posterior y en el desarrollo de las teorías evolucionas. Sin embargo, todavía perviven algunos prejuicios que se manifiestan en otros comentarios, que afirman que no desarrolló una «auténtica» teoría evolutiva, que intentó ofrecer una explicación racional de la transformación de las especies, o que la suya es una teoría obsoleta. La teoría de Lamarck es una auténtica teoría evolutiva formulada racionalmente hace más de 200 años y que, por tanto, no podía tener en cuenta la inmensa mayoría de los conocimientos actuales; afirmar que ahora está obsoleta es caer en un evidente anacronismo.

También podemos encontrar algunas curiosas referencias a Lamarck o al lamarckismo en obras de divulgación publicadas en los últimos años. Por ejemplo, en un libro muy interesante del gran escritor Juan José Millás y del prestigioso antropólogo Juan Luis Arsuaga, publicado en 2020 con el título de La vida contada por un sapiens a un neandertal, donde se explica de forma muy agradable la evolución humana a partir de diálogos instructivos. En un momento en el que Millás parece referirse a la herencia de los caracteres adquiridos, replica Arsuaga: «Eso que dices se llama “lamarckismo” y es una herejía de la que espero curarte». No sé hasta qué punto la afirmación puede contener cierto grado de ironía, pero podría deducirse que Arsuaga calificaba a los lamarckistas de herejes que se tendrían que curar. Como se puede comprobar, continuamos descubriendo rastros de aquel maleficio que ha perseguido a Lamarck.

La obra de Lamarck en España antes del Sexenio Democrático

Entre los datos que ha aportado la investigación histórica de los últimos años en torno a Lamarck, destaca la constatación de la presencia de sus ideas en España en el siglo XIX antes del Sexenio Democrático, cuando acostumbra a señalarse el inicio del gran debate público sobre el evolucionismo, e incluso antes de la publicación de El origen de las especies de Darwin en 1859. No hace mucho que se consideraba que la influencia de sus ideas en España había sido muy exigua, y que desde las últimas décadas del siglo XVIII a finales del siglo XIX, se habría limitado a poco más que a los intercambios personales y epistolares con el botánico valenciano Antoni Josep Cavanilles, así como la presencia en algunas instituciones de sus obras Flore françoise e Histoire naturelle des animaux sans vertèbres. En ningún caso se pensaba que su teoría evolucionista había tenido influencia, y, por tanto, que no había representado ningún papel en la introducción del evolucionismo en el Estado español.

Veamos algunos de los nuevos datos. En Cataluña, en las primeras décadas del siglo XIX, había un núcleo de destacados personajes que conocían y difundían las ideas evolucionistas de Lamarck. Nos referimos al farmacéutico y naturalista Agustí Yáñez, al médico Pere Felip Monlau, y al impresor Antoni Bergnes de las Casas, todos ellos influidos por el destacado científico de Altafulla Antoni de Martí i Franquès. Este último estaba al corriente de las ideas que circulaban por Europa y conocía los planteamientos evolucionistas de Lamarck, puesto que tenía en su biblioteca al menos una obra suya, el Système des animaux sans vértébres donde hay una primera explicación de la teoría evolucionista. Además, en los primeros años del siglo había estado en París visitando las principales instituciones científicas y participando en algunos de sus encuentros. A través de sus manuscritos y del testimonio de algunos contemporáneos, sabemos que defendía ideas próximas al evolucionismo de Lamarck, aunque no lo hiciera público por miedo a ser acusado de hereje. Además, conocemos que consultó a su amigo Fèlix Torres Amat, un destacado presbítero liberal, acerca de la compatibilidad con el catolicismo de planteamientos como la transformación de los organismos, la generación espontánea o atribuir a la Tierra una antigüedad de centenares de miles de años. Torres Amat le dijo que estas ideas no atacaban al catolicismo y las podía defender entre sus colegas. Obviamente, se trataba de una postura minoritaria dentro de la Iglesia católica.

Agustí Yáñez, amigo íntimo de Martí i Franquès y uno de los pocos con quienes compartía sus pensamientos científicos, publicó en 1842 la traducción de la obra Dictionnaire pittoresque de histoire naturelle, donde se explicaba de una forma bastante detallada la teoría evolucionista de Lamarck. Como precaución, Yáñez tituló la obra Dios y sus obras: diccionario pintoresco de historia natural y de agricultura. Además, en la biblioteca del Colegio de Farmacia Santo Vitoriano, donde Yáñez era profesor de historia natural, se podían encontrar varias obras de Lamarck.

El editor Bergnes de las Casas difundió las ideas de Lamarck en varias publicaciones. Encontramos una buena explicación de su teoría evolucionista en la traducción al castellano de las obras completas de Buffon, una publicación de notable impacto, puesto que tenía 1.500 suscriptores en la primera edición y se reeditaría unos años más tarde. Estas obras acostumbraban a incluir material de autores posteriores a Buffon, y en la edición de Bergnes, el volumen tercero de la historia de los animales contenía buena parte de la obra de Nicolas Adelon Physiologie de l’homme, que tradujo el médico higienista Pere Felip Monlau, quien además sabemos que en su biblioteca poseía un ejemplar de la Philosophie zoologique. Es en este volumen donde encontramos una amplia explicación de la teoría evolucionista de Lamarck, y además Monlau introdujo también referencias a Martí i Franquès y a Lamarck al abordar la generación espontánea.

Bergnes de las Casas continuaría publicando en años posteriores obras de científicos próximos a Lamarck, como Julian-Joseph Virey, así como artículos donde se defendían ideas similares en revistas que dirigió. En los años sesenta del siglo XIX volvería a publicar en la revista La Abeja las páginas traducidas por Monlau donde se explicaba la teoría evolucionista de Lamarck en unos artículos sobre la generación de los seres vivos. Y fue en la misma revista donde publicó por entregas la traducción de la obra de Lamarck, Histoire naturelle des végétaux, a la cual ya nos hemos referido.

En aquellos años, en otros puntos de la península Ibérica, también encontramos algunos autores que defendían su obra científica. El presbítero católico liberal Tomás Juan Serrano se refería de forma elogiosa a Lamarck y veladamente a su modelo evolutivo en un artículo publicado en el Diario Mercantil de Cádiz en 1829. Diez años más tarde, el médico y naturalista aragonés Lucas de Tornos, en su Compendio de historia natural, publicado en Madrid, hacía tímidas referencias al evolucionismo de Lamarck. Y conocemos, a través del escritor e historiador Ángel Salcedo Ruíz, que Lucas de Tornos ya explicaba las teorías evolucionistas mucho antes de que las expusiera Darwin.

A partir de 1840 empezaron a menudear los ataques a Lamarck y a su teoría evolucionista por parte de sectores católicos. El primer ataque que se ha localizado apareció en 1841 en la revista La Civilización: Revista religiosa, filosófica, política y literaria de Barcelona. Tres años más tarde apareció una refutación mucho más elaborada en la traducción de una obra del cardenal católico Nicholas Wiseman, Discurso entre las relaciones que existen entre las ciencias y la religión revelada. Wiseman había nacido en Sevilla pero se formó en Inglaterra y Roma. Y en 1845 se publicó un nuevo ataque en la publicación carlista La Esperanza: Periódico monárquico. Parece claro que la presencia de las ideas de Lamarck en la sociedad española en aquellos años era lo bastante importante como para que empezaran a menudear los ataques por parte de sectores católicos tradicionalistas.

Sin embargo, en los años cuarenta y cincuenta del siglo XIX se continuaron difundiendo las ideas de Lamarck a través de varias obras enciclopédicas, especialmente en la Enciclopedia moderna. Diccionario universal de literatura, ciencia, arte, agricultura, industria y comercio, pero también en otras tan curiosas como en dos historias universales: la del escritor católico italiano Cesare Cantù, que se reeditó más de una docena de veces, y la de su compatriota Salvatore Costanzo.

Entre los pocos posicionamientos de naturalistas en relación con el evolucionismo de Lamarck en los años cincuenta, hay que destacar el de Josep Planellas i Giralt en el discurso que pronunció en la Universidad de Santiago de Compostela en 1859. Este discurso hasta hace unos años se había considerado erróneamente como el primer ataque al darwinismo en el Estado, pero se había pronunciado antes de la publicación de El origen de las especies de Darwin, y en realidad Planellas atacaba el evolucionismo de Lamarck. El mismo año, el paleontólogo valenciano Joan Vilanova i Piera escribía la obra Manual de geología aplicada a la agricultura y las artes industriales, que no se publicaría hasta dos años más tarde, donde mostraba que conocía y rechazaba el evolucionismo Lamarckiano. En años posteriores, cuando ya conocía la teoría de Darwin, Vilanova mantendría su rechazo al evolucionismo, pero desde una postura científica a menudo respetuosa.

A partir de 1860 las reacciones al evolucionismo empiezan a referirse también a la obra de Darwin, y se hicieron mucho más frecuentes durante el Sexenio Democrático al disfrutarse de una mayor libertad de expresión. Lentamente se fueron focalizando en el científico inglés, aunque a menudo también aludieran a Lamarck.

«La investigación histórica de los últimos años ha constatado la presencia de las ideas de Lamarck en España ya antes del Sexenio Democrático»

Para acabar, reproduciré parte de una curiosa y divertida polémica en torno al evolucionismo lamarckiano que se produjo en agosto de 1868, en los últimos días del reinado de Isabel II, que muestra que en el debate evolucionista todavía tenía bastante protagonismo Lamarck, y que había llegado a un público muy popular ya antes del Sexenio Democrático. También pone de manifiesto el vigor que estaba recuperando la escritura en lengua catalana.

En la revista Cruz: Revista religiosa de España y demás países católicos, que entonces se publicaba en Sevilla, aparecía el siguiente texto:

[…] según un tal Lamark [sic], un tal Paschal Grousset y un tal Darwin […] El pólipo se convirtió en ostra; la ostra se convirtió en piobro; el piobro se convirtió en pez; el pez, en foca; la foca en castor; el castor, en didelfo; el didelfo se convirtió en mono de segunda clase; el mono de segunda clase en orangután, en fin, a fuerza de tiempo, de esfuerzos de la naturaleza, a fuerza de progreso y de virtudes, el orangután perdió su rabo y se convirtió en negro; el negro en chino; el chino, en hombre perfecto que lee el francés.

A los pocos días, la revista humorística barcelonesa Lo Esquirol respondía:

Fássintho vostès també axis y quédinse com son, no vehuen que si are qu’ han pujat graó per graó aquesta llarga escala y se troban en lo cap d’ amunt, en lo replà dels sers racionals, s’entretenen á mirar á baix, es fácil que ‘ls rodi ‘l cap y la tornin á devallar á rodolons. ¿Y no fora llástima, que uns homes de tanta ciència, encarregats de dirigir la opinió pública per medi de El Siglo y La Cruz, tornessin á convertirse en pólipos? ¿O que avans de arribarhi, ‘ls pesquessin en lo estat de peix ú ostra?

Así pues, a medida que los libros de biología y los textos científicos y de divulgación actuales se van refiriendo a Lamarck de una forma más rigurosa, también vamos conociendo a través de diferentes investigaciones históricas que su obra y su teoría evolucionista ya estaban presentes en España desde principios del siglo XIX. Paulatinamente se va resituando el trabajo de Lamarck y su influencia en el lugar que se merecen. 

© Mètode 2022 - 114. Un mundo, una salud - Volumen 3 (2022)

Centro de Historia de la Ciencia (UAB).

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