Entrevista a Mark Harrison

«Las pandemias siempre nos explican algo especial del momento en que vivimos»

Profesor de Historia de la Medicina de la Universidad de Oxford

Mark Harrison

En 2009, el virus de la gripe A (H1N1) provocó que la Organización Mundial de la Salud declarara el nivel de alerta seis, es decir, consideró que se estaba produciendo una pandemia. La enfermedad ocupó páginas de diarios y minutos de televisión, y se convirtió en el centro de atención mundial durante los primeros momentos de propagación. Unos años antes, la gripe aviar o la enfermedad de las vacas locas habían provocado crisis similares, o más recientemente la crisis sanitaria de la E. coli en Europa. Y son recurrentes los brotes de enfermedades emergentes que se transmiten con facilidad a escala global aprovechando los intercambios comerciales y los viajes turísticos. Pero la globalización en términos médicos no es una novedad, y eso lo conoce muy bien el profesor Mark Harrison. Este estudioso de la historia de la medicina, profesor de la Universidad de Oxford, dirige el Wellcome Unit for the History of Medicine de la misma universidad inglesa y centra sus estudios en la historia de la enfermedad, en especial en relación con la historia de la guerra y el imperialismo británico. En su visita al Instituto de Historia de la Medicina y de la Ciencia López Piñero de Valencia, aprovechamos para conversar con él sobre estas cuestiones históricas, pero también actuales, sobre medicina, globalización e imperialismo.

Empecemos con las relaciones entre medicina e imperialismo, ¿cómo contribuyó la institución médica a consolidar el proceso de colonización y a mantener el poder colonial?
La medicina contribuyó al proyecto colonial en varios puntos, pero principalmente en el control de la mortalidad, particularmente en los trópicos. A finales del siglo xix, la intervención médica británica consiguió éxitos en la reducción de la mortalidad. Eso contribuyó al desarrollo de estos países, ya que se empezó a convencer a la gente de la metrópoli de que ir a estas regiones no significaba necesariamente morir. Hay que pensar que en el siglo xix prácticamente la mitad de los europeos que pasaban tiempo en África, por ejemplo, morían. Es decir, que prácticamente el 50% de las expediciones a los trópicos no sobrevivían.

«La medicina contribuyó al proyecto colonial principalmente en el control de la mortalidad. Hay que pensar que prácticamente el 50% de las expediciones a los trópicos no sobrevivían»

Usted habla de las consecuencias positivas, pero ¿qué piensa sobre el discurso racial? ¿Contribuyó la medicina a este discurso no solo desde el punto de vista científico sino también de superioridad de la raza blanca?
Absolutamente, sí que podemos hablar de un racismo médico. De hecho, pienso que la principal fuente de ideas racistas, de este sentido de superioridad, vino de la noción de las diferencias físicas entre razas. Se interpretaba que la gente de diferentes razas tenía diferentes síntomas cuando sufrían la misma enfermedad. Y eso se continuó pensando cuando se empezaron a realizar autopsias de indígenas en las colonias, al encontrar diferencias en la morfología de las enfermedades en comparación con los europeos. No solo influyó en las colonias, sino en todo el discurso racista del siglo xix.

¿Y qué hay de la experimentación humana? ¿Ha encontrado algún rastro de experimentación con las poblaciones indígenas?
En este sentido, me parece que los que sufrieron la peor parte de la experimentación con humanos fueron los europeos. Particularmente durante el siglo xviii, la gente que sirvió de prueba, por ejemplo para el uso de medicamentos, fueron soldados o gente procedente de las clases más bajas de la sociedad. En el Imperio Británico no hay demasiadas pruebas de experimentación con población de las colonias, quizá con algunas excepciones en Australia. Sin embargo sí que hay pruebas de crueldad en este sentido en otros imperios europeos, como el de los belgas en el Congo.

Es obvio que la salud y las condiciones de vida eran peores en las colonias que en Europa: más enfermedades, más focos de infección… ¿Para la metrópoli, eso era un reto que había que mejorar o una consecuencia con la que se tenía que convivir?
Bien, es una combinación de ambas cosas. En primer lugar, ellos veían a la población local como un peligro, que era la forma típica de ver a la población indígena durante el imperialismo. Y en este sentido había que justificar ante ellos la presencia en las colonias por la parte de los beneficios que la civilización proporcionaría a los habitantes locales. Y aquí hablamos de medicina y de salud. Por otro lado, los imperialistas veían a la población local, especialmente a las clases bajas, como una fuente de enfermedades.

¿Existió un diálogo entre las tradiciones médicas locales y las occidentales?
En el siglo xix, a veces las infecciones colapsaban las colonias. Los portugueses, por ejemplo, dieron trabajo a muchos indígenas en puestos relacionados con la medicina durante mucho tiempo, y creo que de hecho los médicos portugueses trabajaban con los indígenas para aprender. Los británicos establecieron la Compañía de las Indias, también de una manera similar.

En la marina española, cuando un médico recibía el título, tenía que ir obligatoriamente a trabajar durante un tiempo a las colonias, a América. No era un castigo, sino una manera de practicar y ganar experiencia.
En el Imperio británico no existía una regla escrita, pero en la práctica una vez se unían al ejército prácticamente todos pasaban algún tiempo en un país tropical. Es decir, no estaba reglamentado pero en la práctica era normal. Y esta experiencia contribuyó positivamente a la reforma de la medicina británica.

Mark Harrison

© Paolo Bocchese

Usted explica que el sistema médico se utilizaba para mantener todo un sistema imperial. ¿Qué piensa al respecto sobre las industrias farmacéuticas en la actualidad? ¿Se podría considerar que funcionan de una manera similar?
Bien, es una especie de imperialismo [ríe], pero lo es en un sentido diferente. Aunque la situación actual sí que implica un tipo de explotación y en algunos aspectos podamos compararlo con el imperialismo, habría que buscar un término más adecuado para referirnos al papel de las compañías farmacéuticas ahora.

Echando la vista atrás, ¿piensa usted que el legado colonial ha sido positivo? ¿Todas estas instituciones europeas y occidentales han podido ser sustituidas por sistemas locales?
Depende. Años después del final de las colonias, en muchos lugares podemos ver básicamente las mismas estructuras e incluso las mismas personas o grupos sociales dominantes trabajando dentro de los sistemas médicos, así como las mismas actitudes que durante la época colonial.

Hay una visión bastante generalizada sobre la gran influencia británica en las antiguas colonias. No ya en un sentido político, pero sí quizá profesional e intelectual.
Sí, estoy totalmente de acuerdo. En cuanto a la identidad profesional, es una cuestión generalizada desde tiempo atrás. Hay una cierta identificación entre la profesión médica y el respeto por las antiguas instituciones médicas británicas. Hay algunas actitudes, sin embargo, que empiezan a cambiar en este sentido.

«En el siglo XIX podemos encontrar las primeras enfermedades globales en este sentido, como el cólera. En aquel momento tuvimos conciencia del mundo por primera vez»

Hablemos ahora de la historia de las enfermedades para entender qué está pasando hoy en día. Podemos decir que las enfermedades tienen un gran peso en el proceso de globalización, con pandemias y enfermedades emergentes. ¿Qué podemos extraer de la historia de la medicina?
Ya en la primera mitad del siglo xix podemos observar el primer contexto de globalización, y podemos encontrar las primeras enfermedades globales en este sentido, como el cólera. En aquel momento tuvimos conciencia del mundo por primera vez. Así, podemos entender la dinámica de enfermedades contagiadas globalmente, y pienso que es el futuro. Las pandemias siempre nos explican algo especial del momento en que vivimos. No solo sobre las conexiones y la forma como se difunden las enfermedades, sino también sobre las condiciones en las que se originan y cómo se transmiten. En el caso del ejemplo del cólera en el siglo xix, podemos observar que el origen está en la expansión de las actividades económicas, que propician una propagación del virus. Y es lo mismo que ocurre hoy día con muchas de las infecciones y enfermedades emergentes, como el reciente caso de la gripe.

Fue este impacto lo que originó el inicio del Movimiento Sanitario Internacional. Pero este período acabó, ¿cuál es el papel de las organizaciones sanitarias internacionales hoy en día? ¿Cree que existe un buen equilibrio entre las agencias locales, nacionales e internacionales ante crisis sanitarias mundiales?
Los organismos ahora son diferentes, claro. Hay organismos de control de enfermedades, pero también hay otros que se encargan de las enfermedades solo en animales… Pero en general creo que se puede hacer una crítica, y es que la intervención se ha centrado demasiado en contener a los supervivientes de la enfermedad, que es realmente algo muy importante. Pero hasta hace relativamente poco habíamos descuidado analizar en qué condiciones había emergido esta enfermedad. Si ponemos por caso un país como China, con una población en aumento, con gran parte de la población en contacto con animales –que en un 80% son el foco de las enfermedades– podemos entender lo importante que es estudiar las condiciones de emergencia de las enfermedades.

Querríamos tratar otros aspectos de la globalización, como por ejemplo qué influencia piensa que ha podido tener en la medicina occidental el contacto con otras tradiciones médicas como la china.
Cuando pensamos en medicina y globalización pensamos inevitablemente en nuestra percepción occidental. Es cierto que podemos ver cómo se han ido introduciendo prácticas tradicionales chinas, como la acupuntura, en nuestra sociedad. Sin embargo, no encontrarás medicina china en África por ejemplo. Está claro que a escala mundial la medicina occidental podemos decir que continúa siendo hegemónica, aunque hay gente que integra diferentes tradiciones. Pero esta es una cuestión que solo se discute en Occidente.

Nos enfrentamos también a nuevos problemas, porque quizá encontremos el hecho contrario a la globalización en el pasado. Los colonizados empiezan a llegar a la metrópoli y se tienen que integrar en el sistema médico occidental. Quizá en Gran Bretaña no, pero en España es una situación bastante reciente, ¿cómo se enfrentan estas personas a nuestros sistemas médicos?
¿Es eso un problema? Supongo que en la historia del imperio colonial hemos sugerido que las diferencias culturales pueden ser reducidas. Hay una tendencia desde hace quince o veinte años a usar la cultura como una explicación para todo. Y existe también una tendencia a ver a los no occidentales como personas más sucias culturalmente hablando que los occidentales. En algunos casos con la mejor intención hemos intentando culturizar a los indígenas, y eso ha tenido consecuencias negativas.

En este sentido, ¿existen problemas dentro de la comunidad islámica en Gran Bretaña en relación con la salud o con aspectos políticos y religiosos o existe una normalidad en estas cuestiones?
No tengo suficientes datos. Sí que es cierto que hay casos especialmente difíciles, pero de cualquier forma son problemas especiales que se tienen que ir abordando, porque lo que es conveniente para unos no lo es para otros. La gente vinculada a una cultura tiene difícil cambiar su percepción de la enfermedad y de la intervención médica. Pero si puedes salvar la primera fascinación, y convencer a la persona de que la intervención médica puede ser positiva, entonces ellos se sentirán seguros.

© Mètode 2011 - 71. La cara del dolor - Número 71. Otoño 2011

Jefa de redacción de Mètode.

Catedrático de Historia de la Ciencia de la Universitat de València.