Ciencia, público y nuevos medios

Reflexión sobre el presente y futuro de la divulgación científica

doi: 10.7203/metode.80.3123

RESUMEN
El periodismo científico se enfrenta al reto de adaptarse no solo a nuevos formatos sino también a las nuevas formas de intercambio de información. Las nuevas plataformas digitales facilitan el acceso y la producción de contenido científico y, por lo tanto, fuerzan a su audiencia a evolucionar. La red se ha convertido en el presente de la divulgación científica, y tanto los científicos como los comunicadores deben adaptarse a ella. En este artículo analizaremos estos cambios y las implicaciones que tienen para el periodismo científico y para conseguir una ciudadanía informada.

Palabras clave: ciencia y redes sociales, comunicación on-line, divulgación científica, percepción pública de la ciencia.

En 1967 Nirenberg argumentaba en la editorial de la revista Science que «las decisiones relacionadas con la aplicación del conocimiento [genético] las debe tomar en última instancia la sociedad, y únicamente una sociedad informada puede tomar tales decisiones sabiamente» (Nirenberg, 1967). Nirenberg se refería a los avances científicos en genética bioquímica. Casi cincuenta años después, su cita es más relevante que nunca. Los progresos en campos innovadores como la biología sintética, la geoingeniería y la nanotecnología, por mencionar unos pocos, plantean cuestiones éticas, legales y sociales que requieren más que nunca una ciudadanía informada. Sin embargo, la fuente tradicional de conocimiento científico para un público no especializado, el periodismo científico, se enfrenta a retos nacidos del desarrollo de Internet (Dudo et al., 2011).

«El periodismo científico se enfrenta a la necesidad de adaptarse a nuevos formatos de difusión y de intercambio de información»

El periodismo científico (como todo el periodismo actual) se enfrenta a la necesidad de adaptarse a nuevos formatos de difusión, así como a nuevas formas de intercambio de información. Los consumidores de noticias científicas pueden acceder a contenido en línea prácticamente desde cualquier lugar y ahora pueden producir contenido científico por sí mismos usando plataformas sociales. El público no especializado puede participar en discusiones sobre cuestiones que antes se debatían principalmente en la esfera científica o en los medios de divulgación científica. Y los propios científicos adoptan roles que tradicionalmente pertenecían a los profesionales de la comunicación de la ciencia (Brossard, 2013; Brossard y Scheufele, 2013). La meta de este artículo es analizar estos cambios y sus implicaciones para el periodismo científico y para conseguir una ciudadanía informada.

Cambios en las plataformas de los medios de comunicación

El entorno de las noticias afronta una situación de enormes cambios, en la que los periódicos tradicionales pierden importancia y los medios sociales prosperan. Mientras que las columnas de ciencia siguen desapareciendo de las plataformas de los periódicos convencionales, los canales tradicionales para el público científico se deterioran rápidamente (Dudo et al., 2011). Esto no significa que el contenido científico no esté disponible para los grupos interesados. A mediados de la década pasada, la segunda generación de servicios web (Web 2.0) comenzó a estar al alcance de los usuarios de Internet. Estas redes sociales, wikis colaborativas y otras herramientas de comunicación hicieron posible la difusión y discusión de contenido científico. Hoy en día se puede encontrar contenido científico en YouTube (una plataforma propiedad de Google para compartir vídeos, creada en 2005), en Facebook y Google Plus (las dos mayores redes sociales, creadas respectivamente en 2004 y 2011), en Wikipedia (una enciclopedia online gratuita creada en 2001) y en muchas otras plataformas online. E incluso más importante, los blogs dedicados a contenido científico se han multiplicado en la red. Estos blogs se alojan en revistas de ciencia especializadas (como Scientific American o Popular Science), sitios web de periódicos generalistas o plataformas independientes. Las fuentes no tradicionales con presencia exclusiva en la red crecen en número y crédito. Por ejemplo, Inside Climate News –un blog sin ánimo de lucro editado por siete personas y dedicado a las noticias relacionadas con el cambio climático– ganó el Pulitzer 2013 al mejor reportaje nacional, una clara indicación de que estos recién llegados se han unido a las filas de los medios respetables. Es más, numerosos blogs informan sobre investigación científica revisada por sistema de pares. En 2012, la organización online Research Blogging registró más de 1.200 blogs activos centrados en el análisis de estudios revisados por pares para un público no especializado (Fausto et al., 2012).

Importantes comunicadores científicos norteamericanos han pasado de los grandes medios convencionales a los blogs de ciencia o a fuentes disponibles únicamente a través de Internet (Economisti-Associati, 2011). Pero la proliferación de blogs de ciencia apunta a una evolución de la divulgación científica que se extiende más allá de los cambios en las prácticas y en los formatos de comunicación. De hecho, un número significativo de blogs especializados está a cargo de científicos (Colson, 2011). Un estudio reciente realizado con científicos de una de las mejores universidades de investigación de Estados Unidos afirmó que el 16% de los científicos escribía en un blog al menos una vez al mes sobre temas relacionados con su línea de investigación, y casi uno de cada cinco publicaba sobre su investigación en la plataforma de microblogging Twitter (Brossard et al., 2013). Estas cifras tan reveladoras muestran un cambio de actitud cultural en las actividades de comunicación pública de la comunidad científica. Ciertamente, los científicos jóvenes tienden a apoyar la comunicación directa con el público no especializado (Corley et al., 2011), lo cual confirma el mencionado cambio cultural.

Por último, pero no menos importante, debemos mencionar que la búsqueda y monitorización de Internet sobre una gran variedad de cuestiones se ha convertido en una práctica común para la que Google es el motor de búsqueda más utilizado (Anderson et al., 2013). Los servicios de lectores de noticias o agregadores como los que ofrecen Google (Google news) o Yahoo (myYahoo) están creciendo en importancia y son la forma más popular de encontrar noticias en la red (Olmstead et al., 2011). Otros agregadores similares, como Pulse y Flipboard, se ofrecen como aplicaciones para dispositivos móviles con iOS o Android. Un usuario puede seguir un tema científico determinado y recibir actualizaciones periódicas de una gran variedad de fuentes. En resumen, no hay escasez de contenido científico en la red para aquellos que quieran encontrarlo, y existen diferentes formas de acceder a él. Y las pruebas empíricas sugieren que el público sí acude a Internet para buscar contenido científico.

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Mientras que los canales tradicionales de información científica se deterioran, las redes sociales, las wikis colaborativas o los blogs científicos se multiplican y permiten acceder a contenido científico específico al público interesado.

La evolución de los públicos de la ciencia

A finales de 2011, 2.300 millones de personas en todo el mundo (una de cada tres personas) tenían acceso a Internet (International Telecommunication Union, 2012). Aunque se observan diferentes patrones en diferentes países y culturas –por ejemplo Alemania y Francia siguen mostrando una lealtad relativamente fuerte hacia las marcas tradicionales de prensa y televisión, en comparación a otros países desarrollados–, la confianza en los medios digitales crece continuamente, especialmente entre audiencias jóvenes, que en su mayoría prefieren informarse a través de fuentes online (Newman y Levy, 2013). Y estos grupos jóvenes se alejan de las marcas tradicionales incluso cuando estas tienen presencia en la red. En la mayoría de países es más probable que los usuarios de hasta 45 años usen las redes sociales y los agregadores de noticias como fuentes de información (Newman y Levy, 2013). En algunos países (España, Italia, las zonas urbanas de Brasil y los Estados Unidos) nuevos formatos alternativos (por ejemplo blogs u otros medios sociales) son ya la fuente de información online preferida entre todos los grupos de edad (Newman y Levy, 2013).

La audiencia de noticias científicas sigue el mismo camino. Cada vez son más los usuarios que acuden a las plataformas digitales para seguir temas de ciencia y las marcas tradicionales son cada vez menos el principal proveedor de noticias científicas. Un reciente estudio entre la población estadounidense descubrió que el 62 % de los usuarios siguen utilizando marcas tradicionales (ya sea en prensa, emisión o en Internet) para las noticias científicas, pero los datos cambiaban drásticamente cuando se consideraban diferentes grupos de edad. Más del 50 % de los que solo utilizan fuentes digitales para su dieta informativa (por ejemplo blogs, plataformas de vídeos, etc.) tenían menos de 35 años. Hay que señalar que muy a menudo los usuarios acuden a una herramienta de búsqueda como Google para aprender sobre un determinado tema científico. Desde 2006, el 70 % de los usuarios de Internet de Estados Unidos han buscado el significado de un concepto o término científico (Horrigan, 2006). Durante las búsquedas en Internet, a los usuarios se les ofrecen enlaces recomendados y los que aparecen en la primera página de resultados son los que se eligen más a menudo, independientemente del tipo de fuente a la que remitan (Ladwig et al., 2010). En resumen, queda claro que los usuarios confían cada vez más en las fuentes online para conseguir información sobre ciencia. Por lo tanto es necesario reflexionar sobre las características de este entorno online y las consiguientes implicaciones para una ciudadanía informada.

La especificidad del entorno ‘online’

¿Qué hace de Internet un entorno diferente en el campo de las noticias científicas? Para empezar, los nuevos entornos informativos ofrecen información prácticamente ilimitada en un número considerable de asuntos científicos, un material que se puede obtener en cualquier lugar y con un esfuerzo limitado (Brossard, 2013). Uno podría pensar que este contenido no es siempre de calidad, pero esto es bueno para la divulgación científica porque aumenta la posibilidad de que los usuarios encuentren información científica fácilmente. Los usuarios interesados pueden seguir la ciencia «en directo» a través de muchas fuentes, mientras que el resto queda expuesto a información científica de forma indirecta, a través de las publicaciones en Facebook o en cualquier otro lugar de sus amigos.

De hecho, como ya se ha indicado, la producción y distribución de noticias se ha visto radicalmente transformada por el desarrollo de aplicaciones Web 2.0. En 2006 Jay Rosen (profesor de periodismo de la Universidad de Nueva York y bloguero influyente) habló de «la gente anteriormente conocida como la audiencia» en una columna controvertida de su blog PressThink. Describía un cambio en la dinámica de poder entre los medios y el público. La noción tradicional de «control de noticias» (la idea de que el periodista, los editores u otros agentes de un medio determinado deciden qué noticias llegarán al público) queda obsoleta, puesto que cada usuario puede, teóricamente, producir esas noticias y publicarlas en un blog, una red social u otra plataforma digital (Shoemaker y Vos, 2009).

En términos simples, las reglas del juego han cambiado. Un autor tiene un control limitado sobre cómo se modificará y difundirá su contenido una vez que se publique online. La información se puede «viralizar» mediante procesos que aún no conocemos completamente y noticias que antes parecerían triviales pueden recibir más atención de lo esperado. Se puede publicar contenido científico, cuidadosamente creado por un profesional de la comunicación científica, en un comentario en Facebook o cualquier otra red social, o puede generar comentarios (no necesariamente constructivos) en un blog, e incluso en una columna de un periódico online. Y los estudios demuestran que la información contextual que ofrecen estos comentarios puede tener efectos perjudiciales para la lectura. En dichos estudios la descortesía en los comentarios que siguen a una noticia científica sobre nanotecnología produjo cambios en la percepción de la tecnología por parte de los lectores (Anderson et al., 2013). En comparación con la gente que leyó comentarios positivos, los individuos que leyeron comentarios irrespetuosos (escritos en un tono distinto pero con el mismo contenido) dejaban el texto con opiniones más polarizadas acerca de los riesgos de la tecnología.

«Hoy en día se puede encontrar contenido científico en YouTube, en Facebook y Google Plus, y los blogs dedicados a contenido científico se han multiplicado»

Los sitios web de noticias se han preocupado por los efectos nocivos de comentarios agitadores desde la proliferación del comportamiento conocido como trolling (referido a usuarios que interrumpen una discusión online con mensajes incendiarios). Las plataformas digitales han probado diferentes mecanismos de moderación de comentarios. Algunos sitios web permiten cualquier tipo de comentario y únicamente tienen reglas generales que especifican lo que debería quedar excluido. Otros (como es el caso de The New York Times) dedican una cantidad significativa de recursos a la moderación de comentarios, mientras que un tercer grupo los bloquea directamente. Algunas páginas permiten que los propios usuarios califiquen la adecuación de los comentarios, lo cual lleva a que los elementos favoritos de los lectores aparezcan encabezando la lista de comentarios. Recientemente la revista digital Popular Science (todo un icono estadounidense creado en 1872) generó un intenso debate al decidir cerrar su sección de comentarios. Lo hicieron basándose en las pruebas empíricas disponibles (particularmente nuestro estudio antes mencionado) y mientras enfatizaban el objetivo de la revista, que es ofrecer a sus lectores divulgación científica cuidadosamente creada para mejorar el juicio sobre temas científicos. En palabras de Popular Science, si los comentarios cambian la forma en que se percibe una noticia científica bien escrita y afectan al posicionamiento con respecto a ella, no tienen cabida en una revista de ciencia (LaBarre, 2013).

La decisión de la revista Popular Science de cerrar los comentarios inició una discusión general muy sana en relación con las tendencias en los comentarios: ¿cuál es el propósito de los comentarios y cómo podemos promover las discusiones constructivas en la red? Los nuevos medios ofrecen la oportunidad a los ciudadanos de conectar con otros a través de las redes sociales u otras herramientas 2.0 para dar sentido a la información, y ser capaces de comentar una noticia compleja sobre ciencia puede ser muy útil. Ciertamente queda claro que las discusiones civilizadas pueden promover el aprendizaje, especialmente si se dan entre gente con diferentes puntos de vista (Scheufele et al., 2006). En síntesis, el problema no es que se den estas discusiones, sino la total ausencia de reprimenda social ante comportamientos irrespetuosos en la red. Lo que parece claro es que los usuarios quieren un espacio de discusión, no importa la forma (o formas) que tome. Como Dave Winer, uno de los fundadores del fenómeno blog, afirmó en 1994, «una vez que los usuarios toman el control, nunca lo devuelven». El futuro dirá si los medios pueden encontrar modelos que tomen esto en cuenta y a la vez permitan el debate constructivo.

Pensando en el futuro

Visto todo esto, ¿cuál es el futuro de la divulgación científica? Las secciones de ciencia de los periódicos ya no son la principal fuente de noticias para el público no especializado, e incluso si las revistas de divulgación tienen lectores leales, puede que no siempre sean el canal elegido para un público interesado en un tema científico. En otras palabras, ya no podemos seguir hablando de los comunicadores científicos como la principal conexión entre los científicos y el público. La audiencia puede acceder directamente a las publicaciones científicas si así lo desea mediante las revistas de acceso abierto, o leer blogs de ciencia escritos por usuarios ajenos a la publicación convencional de contenido científico. Y un número significativo de estos blogueros de ciencia han ganado más experiencia escribiendo en estos medios que en su educación académica. Algunos de los blogueros más competentes están experimentando también con otros canales. PBS (Public Broadcasting Service) Digital Studios, por ejemplo, ha pedido recientemente a Joe Hanson, un cualificado biólogo y veterano bloguero de ciencia, que presente un programa de ciencia en YouTube llamado It’s Okay to be Smart.

Esta aproximación multimedia y multiplataforma puede ser el futuro de la divulgación científica organizada. La revista Popular Science lo entendió perfectamente y pronto ofreció suscripciones de pago para iPad, Kindle, Nook y otras plataformas, y desarrolló diferentes aplicaciones para smartphone. Para el contenido, depende sobre todo de redactores independientes. Por supuesto, se tendrá que evaluar la viabilidad del modelo a largo plazo.

En resumen, debemos dejar de hablar sobre el futuro del periodismo científico y tenemos que hablar de la realidad actual de la divulgación de la ciencia, que implica asegurarse de que una noticia científica se lea en un contexto que apoye un juicio sensato. La divulgación moderna debería aprovechar las estrategias de marketing online como las herramientas de optimización de palabras clave (keyword optimization tools, KOT) y las costumbres de búsqueda. Los motores de búsqueda evolucionan constantemente y las noticias se difunden por medios interconectados que no siempre comprendemos del todo, como las redes sociales, el tráfico de referencia, el correo electrónico, los blogs, etc. La divulgación debería aprovechar estos caminos.

¿Deberían los científicos bloguear y tuitear sus investigaciones? No hay razón para no hacerlo siempre que primero hayan aprendido cómo hacerlo. ¿Deberían los divulgadores tener educación formal en comunicación científica? Por supuesto, ya que ciencia y sociedad se juegan mucho en ello. La confianza en el conocimiento que aportan las ciencias sociales, así como otras disciplinas, en relación con el contexto online bien podría ser la clave para lograr una divulgación científica provechosa y una ciudadanía científicamente competente.

Referencias
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© Mètode 2014 - 80. La ciencia de la prensa - Invierno 2013/14

Profesora del Departamento de Comunicación de la Ciencia. Universidad Wisconsin-Madison (EE. UU.).