Fukushima en la prensa española

¿Qué piensa cada cabecera de la energía nuclear?

La tarde del 11 de marzo de 2011 un terremoto de gran magnitud sacudió Japón. Como consecuencia de este seísmo, la energía dispersada levantó olas de más de catorce metros de altura que devastaron gran parte de la costa nipona. Una de las muchas consecuencias de este tsunami fueron los graves daños que sufrió la central nuclear de Fukushima, que liberó partículas radiactivas a la atmósfera y al mar. No pasó demasiado tiempo entre que el accidente se producía y que los medios de comunicación informaron a la población. La prensa española también se hizo eco de ello y fueron numerosos los artículos de opinión sobre el accidente en Fukushima. En este estudio hemos querido conocer las diferentes posiciones ideológicas de varios periódicos españoles y sus argumentos para saber si existe en la prensa generalista española un debate científico sobre la energía nuclear.

Para conocer los argumentos científicos de los diarios, se han analizado las columnas de opinión de las siguientes cabeceras de ámbito estatal: El País, El Mundo, La Razón, Abc, La Vanguardia y Público. A través de los artículos de opinión publicados, se ha podido establecer qué piensa cada periódico sobre la energía nuclear y qué argumentos utiliza para apoyar esta opinión. También se ha podido detectar si los argumentos científicos o ambientales tenían presencia en estos espacios.

«Se ha hablado muy poco en la prensa española de las consecuencias de un grave accidente nuclear para el entorno natural. El argumento que más se repitió fue el de las alternativas energéticas»

Los argumentos científicos y ambientales

Los argumentos de tipo científico no han estado muy presentes entre los textos analizados y, cuando aparecían, iban ligados a la cuestión ambiental, sobre todo cuando se mencionaban temas como el cambio climático, la política energética de las fuentes renovables y los problemas de abastecimiento energético. En ocasiones, estos argumentos sirvieron incluso para justificar el uso de la energía nuclear, como en este artículo del director de Economía y Políticas Públicas de FAES (Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales, vinculada al Partido Popular) publicado en La Razón:

La producción eléctrica de origen nuclear está libre de emisiones de CO2. Su sustitución por ciclos combinados de gas, y aunque éstos ofrecen menores efectos medioambientales que el uso del carbón, acarrearía la emisión anual adicional de 22 millones de toneladas de CO2, equivalentes a las emisiones de aproximadamente la cuarta parte del parque automovilístico español. Para poder tener un futuro de prosperidad y bienestar, los españoles debemos apreciar lo que nos aporta la energía nuclear, y asumir y gestionar adecuadamente sus riesgos.

Fernando Navarrete, La Razón, 19 de marzo de 2011

A pesar de eso, se habló muy poco de las consecuencias de un grave accidente nuclear en el entorno natural. El argumento que más se repitió fue el de las alternativas energéticas. En este sentido, el artículo del biólogo y socioecólogo Ramon Folch fue uno de los que más se dirigió a la conciencia de los lectores. Folch afirmaba que no solo había que pensar en un cambio de modelo energético sino también de modelo de consumo. Desde su tribuna alertó a los ciudadanos, poco inclinados a renunciar al nivel de vida actual:

El parón de las siete centrales [alemanas] se verá suplido por generación eléctrica en térmicas a carbón. Asistiremos a una nueva polémica. No habrá salida si seguimos centrándonos en la oferta desdeñando la demanda. Es más cómodo meterse con las centrales que con la avidez consumidora, pero sin gestión de la demanda no hay nada que hacer. […] Tenerlo todo y encima no emitir CO2 es imposible. ¿De cuánto nos privamos, a qué riesgo y con qué nivel de emisiones? Esa es la triple pregunta virtuosa. Sin responderla razonablemente, solo hay mera fantasía.

Ramon Folch, El País, 5 de abril de 2011

Otra posible consecuencia del accidente tratada era la seguridad personal, o de cómo puede afectar a la población un accidente nuclear a gran escala. También se discutía sobre la vida útil de las centrales. Pero todas estas cuestiones se abordaron desde una visión principalmente económica, sobre los beneficios que proporciona el hecho de que estas aún estén en funcionamiento: beneficios tanto para el empresario que gestiona las centrales como para el usuario, que no tiene que afrontar una subida de precios de la energía eléctrica.

Así pues, se echó en falta un debate con datos sobre los recursos que aporta realmente la energía nuclear, las necesidades energéticas del Estado español, las alternativas reales, los graves problemas que comportan los residuos radiactivos, etc. Estos temas no tuvieron espacio dentro del debate nuclear en la prensa española. Prácticamente la totalidad de las piezas analizadas presenta argumentos de cariz económico, político o social.

Los Editoriales y sus argumentos principales

Pese a la gran relevancia del accidente de la central de Fukushima, hubo cabeceras que criticaron abiertamente el escaso tratamiento informativo que han merecido las víctimas del terremoto y el posterior tsunami. Tanto La Razón como Abc repetían en sus editoriales y espacios de opinión que no se estaba prestando suficiente atención a las pérdidas humanas y que toda la atención mediática se focalizaba hacia la posible catástrofe nuclear. Así lo dejaba patente el periodista de La Razón y colaborador de Onda Cero Paco Reyero:

Los primeros 10.000 muertos del tsunami se han devaluado en tratamiento informativo, emergen tumefactos y generan, bajo la superior alarma nuclear, la misma compasión que cuando estaban vivos allí en Tokio; ninguna.

Paco Reyero, La Razón, 17 de marzo de 2011
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Siguiendo esta línea argumentativa, algunos autores como Juan Roldán llegaron a minimizar el accidente calificándolo como «la menor de las catástrofes de los japoneses». Si bien es cierto que el terremoto y el tsunami produjeron una verdadera tragedia en Japón en términos humanos, realizar afirmaciones de este tipo dejaba claramente en evidencia la reticencia del medio a un análisis en profundidad de los riesgos de la energía nuclear, y su deseo de rebajar, o dosificar, las consecuencias del accidente:

Los japoneses tienen que vivir con 20.000 muertos provocados por el terremoto y el tsunami y cientos de miles de desaparecidos que ya no se encontrarán. La central es la menor de sus catástrofes y eso es muy difícil de imaginar desde fuera.

Juan Roldán, La Razón, 5 de abril de 2011

Esta fue también la tesis más repetida entre los editoriales del Abc, que denunciaron que los medios de comunicación prestaban más atención en aquel momento a lo que podía pasar con la central nuclear que a la catástrofe ocurrida, es decir, a las consecuencias en términos de víctimas del terremoto y del tsunami. Así lo destacaba su editorial del 18 de marzo:

[…] se esté prestando infinitamente más atención a lo que puede suceder en la central nuclear de Fukushima que al drama cierto y concreto de la devastación causada por el tsunami y sus más de 6.000 muertos y 10.000 desaparecidos.

Editorial, Abc, 18 de marzo de 2011

Este posicionamiento evidenciaba un intento de Abc de desviar la atención del accidente nuclear hacia otros focos de interés, tal y como había hecho La Razón. Ambas cabeceras, que defendieron abiertamente la energía nuclear y no toleraron que se cuestionara, siguieron esta estrategia de desviar la atención para no poner en evidencia la viabilidad de la energía nuclear. También hubo espacio para las críticas hacia el gobierno y sobre cómo estaba gestionando la crisis japonesa. En los editoriales de La Razón el comentario que más se repitió fue el de la poca templanza que los gobiernos occidentales habían mostrado hacia el accidente de Fukushima. Se criticó abiertamente a Angela Merkel por la decisión de cerrar algunas centrales nucleares alemanas:

Algunos gobiernos occidentales han entrado, sin embargo, en una espiral de confusión y precipitación muy alejada de la templanza que cabe esperar ante crisis que se desarrollan a miles de kilómetros y bajo circunstancias casi irrepetibles en el viejo continente.

Editorial, La Razón, 16 de marzo de 2011

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Manifestación antinuclear en Alemania con motivo del accidente en la central japonesa, el 26 de marzo de 2011. El lema de la manifestación es: «Fukushima advierte: detened todas las centrales nucleares».

El tema más relevante entre los cinco editoriales publicados en La Vanguardia fue la crítica directa al gobierno japonés. La cabecera del Grupo Godó no dudó en poner en evidencia las deficiencias en la gestión de la crisis natural y nuclear realizada por el gobierno nipón, tal y como se expone en este editorial:

Su Gobierno [el japonés], sin embargo, no parece haber estado a la altura de la actitud ejemplar de los ciudadanos: ha sido lento en sus reacciones, confuso en sus informaciones públicas y ha carecido del liderazgo suficiente.

Editorial, La Vanguardia, 24 de marzo de 2011

El único editorial sobre esta cuestión que apareció en El Mundo criticó la gestión del accidente de Fukushima. Se criticaron duramente las declaraciones del comisario europeo de Energía Atómica, Günther Oettinger, que tildó el accidente de Fukushima de apocalíptico. Así pues, El Mundo instaba a las autoridades a mantener la calma y a no dejarse llevar por los primeros impulsos:

Estamos locos. Cuando más falta hace la serenidad, políticos y medios más nos empeñamos en alarmar a los ciudadanos. El ¡comisario europeo de Energía!, un alemán preocupado por el futuro electoral de su partido, habla de «apocalipsis en Japón»…

Consejo editorial, El Mundo, 16 de marzo de 2011

Abc fue la cabecera que criticó todos aquellos sectores que proponían el no-uso o la reducción de la energía nuclear. Siguiendo esta línea argumentativa tan sesgada y parcial, las palabras de Antonio Burgos sobre los ecologistas, a los que acusaba de no tener «ni zorra idea» (e incluso los comparaba en el plano moral con los terroristas etarras), tenían plena justificación:

Ni la ETA, cuando asesinaba ingenieros para impedir que se abriera la central de Lemóniz, usaba tanto ardor como esta furia antinuclear que ha entrado en Europa, con la Merkel a la cabeza. Nada, nada, la energía nuclear es facha, y hay que acabar con ella. […] Más que la energía nuclear yo prohibiría este tsunami de los progres ecologistas que no tienen ni zorra idea y a los que les ponen el paño del púlpito de expertos, y a la factura de la luz que le vayan dando.

Antonio Burgos, Abc, 16 de marzo de 2011

Con estas afirmaciones, Antonio Burgos, uno de los columnistas emblemáticos de la derecha española, restaba autoridad al discurso ecologista y al de los expertos que se muestran contrarios a la energía nuclear. Además, ponía en primer plano el problema del precio de la luz, una cuestión que incide sobre el lector directamente, en una época marcada por la crisis económica. Asimismo, este columnista ponía en duda la crítica a la energía nuclear reduciéndola a una cuestión meramente ideológica, explicando las objeciones de los ecologistas como una reacción contra una energía «facha», como la tildaba irónicamente.

¿A favor o en contra de la energía nuclear?

Del análisis de los artículos sobre Fukushima en estos seis diarios se puede deducir que la tendencia generalizada de la prensa nacional española fue defender la energía nuclear. Los diarios se basaron en argumentos de tipo económico, relegando las cuestiones científicas y ambientales a una posición secundaria. a pesar de eso, este apoyo a la energía nuclear cambia de intensidad en función de la ideología de cada uno de los medios analizados.

«Se ha echado de menos un debate con datos sobre los recursos que aporta realmente la energía nuclear, las necesidades energéticas del Estado español, las alternativas reales o los graves problema de los residuos radioactivos» 

Así pues, los periódicos más conservadores, como Abc y La Razón, se mostraron más abiertamente a favor de la energía nuclear, mientras que La Vanguardia, El Mundo y El País, a pesar de sus editoriales diferenciados, tampoco fueron partidarios de abandonar este tipo de energía. Pese a ello, estas últimas tres cabeceras sí que apostaron por abrir un debate sobre la energía nuclear y sus alternativas.

En función de cada cabecera, este apoyo fue más sutil o más directo. Sorprendentemente El País fue uno de los periódicos que más defendió la energía nuclear. Uno de los diarios con más variedad de opiniones fue El Mundo, así como La Vanguardia, que presentó cierta bidireccionalidad en sus colaboraciones. En el extremo opuesto se encontraba el diario Público, con una línea editorial que se mostró abiertamente contraria a la utilización de la energía nuclear y que vio en el caso de Fukushima una buena oportunidad para reabrir este debate entre la ciudadanía. Fue el único periódico analizado que se posicionó claramente en contra de este tipo de recurso energético, esgrimiendo como argumento principal la posibilidad de un accidente demasiado peligroso como para poderlo asumir.

Después de haber analizado estos seis periódicos, se puede afirmar que un hecho como el accidente de la central nuclear de Fukushima despertó un elevado interés entre la sociedad española. Buena prueba de ello fue el gran número de columnas y editoriales dedicados al tema durante el mes posterior al terremoto, aparte de todo el resto de cobertura informativa que no ha sido objeto de estudio. Un tema que, lejos de estar cerrado, aún hoy, más de un año después del accidente, continúa generando artículos y opiniones y suscitando un interesante y necesario debate.

Bibliografia
Garcia-Mestres, M.; Mateu, A. i M. Domínguez, 2012. «Fukushima en la prensa española. El debate científico sobre la energía nuclear a través de los géneros de opinión». Actes del Congrés Comunicació i risc. Tarragona 18-20 de gener de 2012. Asociación Española de Investigación de la Comunicación. Tarragona.

© Mètode 2012 - 73. La fuerza del mundo - Primavera 2012