Literaturas migrantes

'Jo també sóc catalana' de Najat El Hachmi

doi: 10.7203/metode.81.3146 

Najat El Hachmi.

Este artículo trata de un caso de «literatura migrante» en Cataluña, el de la escritora catalana de origen marroquí Najat El Hachmi. Se analiza su primer libro publicado, el ensayo de corte autobiográfico Jo també sóc catalana, examinando la concepción que expresa del fenómeno migratorio desde una perspectiva lingüística, cultural y de género, y comparando este caso con el de otros escritores y, especialmente, escritoras pertenecientes a la llamada literatura francófona magrebí.

Palabras clave: literatura migrante, literatura catalana, literatura del Magreb, Najat El Hachmi.

La experiencia de la migración, con todas las complejidades sociales, económicas y, sobre todo, afectivas y psicológicas que implica, se ha convertido, especialmente en las últimas décadas, en un material literario y artístico de primer orden. En Canadá, cuyo tejido social se halla compuesto de diferentes capas migratorias, incluso se acuñó el término «literatura migrante» para describir las obras literarias que, escritas en sus lenguas oficiales, francés o inglés, relatan dicha experiencia a nivel personal, cultural y social. Con este término se pretendía además huir de otras etiquetas consideradas excluyentes, como por ejemplo, en el caso francés, la de «literatura francófona», que se refiere a toda obra escrita en lengua francesa por personas de orígenes nacionales que no son la Francia metropolitana y, especialmente, procedentes de las antiguas colonias de este país en África o el Caribe, pero también de Bélgica o Canadá. Sin embargo, muchos escritores englobados bajo el término de «literatura migrante» rechazan esta etiqueta, que consideran asimismo excluyente o, en cualquier caso, que los convierte, según ellos, en autores de «segunda categoría». Por ello, un conjunto de creadores de orígenes diversos (incluyendo a franceses de pura cepa, como se dice en una expresión de tintes racistas) creó hace pocos años otro concepto, el de «littérature-monde» («literatura-mundo»), en un intento de superar estas categorizaciones (Le Bris et al., 2007).

«La experiencia de la migración, con todas sus complejidades, se ha convertido, sobre todo en las últimas décadas, en un material literario y artístico de primer orden»

Como Francia, Cataluña ha sido tierra de inmigración en diferentes etapas de su historia, y también de emigración. En la literatura catalana actual, encontramos varios casos de escritores que, nacidos en otros países pero instalados en Cataluña, escogieron el catalán para escribir obras que podrían encuadrarse dentro de la categoría de «literatura migrante», no solo por el lugar de nacimiento de sus autores sino, sobre todo, por la temática que tratan, alrededor de la experiencia migratoria. Uno de los casos más interesantes es el de Najat El Hachmi, autora de novela y ensayo, que nació en Marruecos pero se trasladó de niña con su familia a Vic y se crió en dicha ciudad catalana. Su primer libro, publicado en 2004, es un ensayo basado en su experiencia migrante y titulado Jo també sóc catalana1 («Yo también soy catalana»)

Este artículo examinará la visión que presenta dicho ensayo sobre la «integración» de las personas migrantes en las sociedades llamadas de acogida, teniendo en cuenta factores lingüísticos, culturales y de género, ya que el hecho de que la autora sea mujer y de cultura amazigh no es ajeno a su adopción sin fisuras del catalán como lengua de escritura y a su posicionamiento respecto a las comunidades a las cuales pertenece o desea pertenecer: la comunidad inmigrada marroquí y la comunidad autóctona catalana. Además, compararemos esta obra con otras de escritores pertenecientes a la llamada «literatura francófona magrebí», con el fin de advertir similitudes y diferencias entre la literatura migrante catalana, ejemplificada en esta obra, y la francófona, que goza ya de un nutrido patrimonio.

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Najat El Hachmi, autora de novela y ensayo, nació en Marruecos pero se trasladó de niña con su familia a Vic y se crió en dicha ciudad catalana. Su primer libro, publicado en 2004, es un ensayo basado en su experiencia migrante y titulado Jo també sóc catalana. La foto muestra a la autora durante su participación en la mesa redonda «Africani d’Europa / africani en Europa», que se celebró el 2009 en Mantua (Italia). / Lettera 27

Las lenguas y culturas en juego

En el título Jo també sóc catalana, el adjetivo catalana se refiere no solo a la pertenencia nacional sino también a la lingüística y cultural, ya que la escritora alude en varias ocasiones a su profundo conocimiento de la lengua y la literatura catalanas. Se refiere a personajes femeninos de obras clásicas, como Solitud de Víctor Català o las novelas de Mercè Rodoreda, para caracterizar a las personas que describe, e incluso parece adoptar a algunos de estos personajes (o a sus autoras) como modelos vitales. Más allá de la indicación de posibles influencias literarias o de una genealogía femenina similar a la que reclamaba Virginia Woolf (2011), este despliegue de conocimiento escolar –pues las obras aludidas son las que se incluyen en los programas del bachillerato y de los estudios universitarios de letras– caracteriza también muchas de las novelas ­autobiográficas de los primeros escritores magrebíes francófonos y, sobre todo, de los llamados beurs, nacidos o criados en Francia pero de origen familiar árabe o amazigh. La primera novela de Azouz Begag, uno de sus representantes más destacados, titulada El niño del Chaâba (2001), fue criticada por su descripción, considerada por algunos demasiado complaciente, del sistema escolar francés como «ascensor social» y, sobre todo, por su entusiasmo hacia la cultura francesa más clásica, con todo lo que comporta de adhesión a una cierta concepción nacional y colonial. Pero no se trata de una posición individual: raras veces los escritores de «literatura migrante» francesa, y especialmente los pertenecientes a la primera generación, citan a autores magrebíes francófonos como referentes; a su vez, estos mismos autores (que, en muchos casos, no son «migrantes» sino que escriben en francés por razones históricas relativas al periodo colonial y poscolonial) también tienen como modelos a los grandes clásicos franceses.

Una de las razones de esta ausencia de referentes árabes es que muchos de estos autores francófonos no son de cultura y lengua árabe sino amazigh, lo cual podría explicar su desafección a los modelos literarios provinentes del patrimonio árabe, aunque sea para preferirlos a los de la antigua colonia. Najat El Hachmi se sitúa en una posición distinta, ya que considera que, a diferencia del francés, lengua colonial para los magrebíes, el catalán es una «lengua oprimida» como el amazigh. Afirma así que ambas «son lenguas marginadas por ciertos poderes», lo cual todavía le hace sentir más el deber de defenderlas. El Hachmi, que es licenciada en Filología Árabe por la Universitat de Barcelona, se refiere al árabe como «la llengua dels opressors en un regne on l’amazic sempre s’ha considerat de segona categoria, llenguatge oral, només, bàrbars, ens diuen»2 (p. 27), añadiendo que el árabe es la lengua del profeta y del rey y comparando esta situación de marginación con la que sufrió el catalán, por lo cual las considera «lenguas hermanas».

«El hecho de que la autora sea mujer y de cultura amazigh no es ajeno a su adopción sin fisuras del catalán como lengua de escritura»

Aunque la autora añade matices a esta analogía apresurada entre el amazigh y el catalán –ya que aprender catalán, para los inmigrantes en Cataluña, es antes que nada una estrategia laboral–, su conclusión es que esta «amalgama de códigos lingüísticos» representa un enriquecimiento y que se debe «amar todas las lenguas por igual» (p. 27). Sin embargo, parece más ajustado a la realidad considerar que el catalán es, con mucha más frecuencia, para los inmigrantes de cualquier origen, una lengua dominante que los margina de la integración sociolaboral; no solo es necesario aprenderla, sino incluso hablarla bien, ya que, como es bien sabido, el acento, o determinados acentos, representan también un factor discriminatorio. Jacques Derrida (1996), el célebre filósofo de origen judeomagrebí, comenta su intento de eliminación del «acento» y su pasión por la lengua francesa pura, alejada de cualquier particularismo regional, como una pulsión irrefrenable, que iba en contra de su defensa de lo híbrido en todos los demás planos. En el caso de El Hachmi, pese a que habla y escribe catalán como cualquier otra persona culta nacida y educada en Vic, este deseo de legitimación perdura, como es evidente en el modalizador reivindicativo de su título: «Yo también soy catalana».

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En el título Jo també sóc catalana (a la izquierda), el adjetivo catalana se refiere no solo a la pertenencia nacional sino también a la lingüística y cultural, ya que la escritora alude en varias ocasiones a su profundo conocimiento de la lengua y la literatura catalanas. La evolución como escritora de Najat El Hachmi nos muestra qué camino ha escogido la autora como mujer: su primera novela, El último patriarca (en el centro), es muy explícita en el plano sexual, y su segunda novela, la última hasta la fecha, es un relato erótico que ella misma califica de autobiográfico y que se titula La cazadora de cuerpos (a la derecha). / Mètode

El factor género

Las mujeres inmigradas de origen magrebí que llegaron a Cataluña en los años ochenta y noventa tuvieron más problemas para adaptarse a su nueva vida que los hombres a quienes acompañaban o con quienes se reunían después de unos años de separación forzosa. La mayoría llegaron con sus hijos de edades tempranas, gracias a las leyes de reagrupación familiar, y se encontraron con unas lenguas, unas costumbres y una sociedad muy distintas a las de su tierra de procedencia. Con frecuencia reaccionaron, por voluntad propia o por la del marido, encerrándose en sus casas, sin integrarse en la vida laboral exterior, lo cual les dificultó el aprendizaje de las lenguas oficiales y, por tanto, recortó sus posibilidades en el mundo laboral.

El Hachmi, que dedica el tercer capítulo de su libro a las «Mujeres de aquí, mujeres de allá», compara favorablemente a su madre con la protagonista de Solitud; no obstante, de adulta, la escritora se distancia del modelo materno. En las novelas escritas en francés por mujeres migrantes de origen magrebí, esta ambivalencia es todavía más patente, pues con frecuencia la figura materna es vista como una pobre víctima, o como una «guardiana de la tradición» que pretende impedir a su hija que siga otros derroteros vitales que el suyo propio. En la obra de autoras como Leïla Houari (1985, 1988), esta visión como mínimo ambigua, si no desfavorable, de la figura materna se acompaña de un deseo de «liberación» respecto a este modelo que podría calificarse de feminista. En cambio, El Hachmi (quizás también por una cuestión de generación) se muestra extremadamente irónica respecto a la supuesta liberación de las mujeres occidentales. Por ejemplo, describe una jornada agotadora de joven madre que trabaja, en el turno de noche, en el equipo de limpieza de una fábrica, al tiempo que estudia en la universidad, y concluye: «que bé, ser una dona alliberada com les dones occidentals, rendida i sense temps per gairebé res, però alliberada al cap i a la fi» (p. 137)3.

«Najat El Hachmi considera que, a diferencia del francés, lengua colonial para los magrebíes, el catalán es una «lengua oprimida» como el amazigh»

La escritora critica el feminismo europeo y su exclusivo «modelo de emancipación femenina»: «el paternalisme de l’europea la impulsa a alliberar tota dona musulmana que li passi per davant» (p. 162)4; traza, por el contrario, un retrato un tanto idílico de las mujeres «no liberadas» de su familia, pero que gozaban de un gran poder en el ámbito familiar, «relativament felices en el seu racó de món fet de petites alegries»5 porque nadie les había dicho todavía que están «oprimidas» (p. 147). A pesar de esta valoración un tanto maniqueísta, ella misma aspira a ser escritora y, si puede ser, «una escritora famosa», opción vital que considera incompatible con las posibilidades que la religión y las costumbres ancestrales ofrecen a las mujeres.

El virulento ataque a las «mujeres europeas» esconde, finalmente, una gran incomodidad tanto frente a este patrón como al de las mujeres tradicionales de su tierra de origen. Afirma así sentirse «en plena línea de fuego» (p. 154) entre estos dos grupos, ejemplificándolo con una observación relativa a su cuerpo y su sexualidad: a la hora de vestirse, procura no hacerlo de forma ni demasiado provocativa a ojos de unos, ni demasiado recatada o «reprimida» a los de otros; es en este mismo sentido que iría el nombre Ni Putas Ni Sumisas escogido por la asociación política francesa en defensa de los derechos de las mujeres.6 La evolución como escritora de Najat El Hachmi nos muestra qué camino ha escogido ella, superando esta dicotomía: su primera novela, El último patriarca (2008), es muy explícita en el plano sexual, y su segunda novela, la última hasta la fecha, es un relato erótico que ella misma califica de autobiográfico y que se titula La cazadora de cuerpos (2011).

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El Hachmi califica la suya de «generación de frontera», puesto que no tuvo capacidad de decisión en el proyecto migratorio de su familia pero ha sufrido sus consecuencias. / Lettera 27

Dos orillas, dos mundos

Najat El Hachmi califica la suya de «generación de frontera», puesto que no tuvo capacidad de decisión en el proyecto migratorio de su familia pero ha sufrido sus consecuencias. Las dos orillas del Mediterráneo, la originaria y la de acogida, son para ella «dos mundos» separados por un abismo, y la única posibilidad de conseguir la felicidad es buscarla «a caballo» entre esos dos universos mediante lo que llama «un pensamiento de frontera» (p. 14), es decir, sin rechazar sus orígenes pero sin encerrarse en una identidad monolítica que, en su caso, es además heredada porque se ha criado en el nuevo mundo y no en el antiguo. Podríamos comparar esta reivindicación con el revelador título de la novela autobiográfica de Sakinna Boukhedenna Journal: «Nationalité: Immigré(e)» («Diario: «Nacionalidad: Inmigrado/a»», 1987), en el que esta autora denuncia amargamente la falta de identidad nacional, en un plano simbólico, de estas personas «entre dos mundos».

Dichos mundos funcionan de forma paralela, impermeable y jerárquica (la cultura de origen se tiene que supeditar, e incluso olvidar, en favor de la de acogida), como denuncia El Hachmi en su blog, criticando duramente la concepción misma de «mediación cultural». Afirma que esta tarea consiste sobre todo en obligar a los recién llegados a aceptar las normas impuestas por la sociedad de acogida. Además, los padres saben que, al crecer en esa sociedad, «perderán» a sus hijos, esos «nuevos otros catalanes», en palabras de la autora que aluden al famoso ensayo de Francisco Candel Los otros catalanes (1964), que describía la inmigración procedente de otras regiones españolas hacia Cataluña. Si de las observaciones de El Hachmi sobre la imposibilidad de conciliar esos dos mundos podríamos deducir que su concepción del fenómeno migratorio sería excluyente, en el sentido de que éste comporta adoptar otra visión del mundo que excluye la originaria, dicha asimilación entre una inmigración que se podría considerar «interna» (puesto que se realiza en el interior del Estado español) y otra «externa» minimiza los factores étnicos y religiosos como barreras insuperables frente a la «integración».

«El Hachmi se muestra extremadamente irónica respecto a la supuesta liberación de las mujeres occidentales y critica el feminismo europeo»

Finalmente, lo que permitirá a la autora de Jo també sóc catalana negociar entre esas dos concepciones culturales, religiosas y nacionales que siente alejadas, es la escritura y el pensamiento. Relata cómo, en la universidad, «es despulla de totes les etiquetes i és només ella mateixa», llegando incluso en ocasiones a despojarse de su propio cuerpo y a convertirse en puro «pensamiento» (p. 25). Este ideal poco realista de identidad desencarnada se ve matizado, sin embargo, en el mismo pasaje por el comentario de que los bancos de la universidad «no se hicieron pensando en embarazadas», frase que, más allá de su tono humorístico, alude a los obstáculos que pueden hallar las mujeres incluso en espacios aparentemente neutros o favorables a la igualdad como son la escuela o la universidad. Y si la misma Najat El Hachmi define Jo també sóc catalana como un «híbrido transgenérico» (p. 13), aludiendo al carácter ensayístico y a la vez autobiográfico del libro, entenderemos al final de nuestra lectura que esta expresión puede aplicarse también a la identificación de la autora, entre la identidad catalana y la marroquí, e incluso entre la de «mujer liberada» occidental y «mujer tradicional» marroquí. Más allá de categorizaciones formadas en buena parte por prejuicios, el caso de Najat El Hachmi muestra cómo cada mujer debe construir su propia subjetividad «híbrida» negociando entre las diversas posibilidades y prohibiciones que la conciernen, especialmente cuando se ha visto afectada por la experiencia migratoria.

1. La obra de Najat El Hachmi ha sido ya bastante estudiada por la crítica académica; véase especialmente Bueno Alonso, 2010, 2012; Guia Conca, 2007; Ricci, 2007, 2010, 2011. (Volver al texto)
2. «La lengua de los opresores en un reino donde el amazigh siempre se ha considerado de segunda categoría, lenguaje oral, únicamente, bárbaros, nos llaman.» Insertaremos solamente el número de página para referenciar las citas de la obra de El Hachmi analizada aquí. (Volver al texto)
3. «Qué bien ser una mujer liberada como las mujeres occidentales, rendida y sin tiempo para casi nada, pero liberada al fin y al cabo.» (Volver al texto)
4. «El paternalismo de la europea la impulsa a liberar a toda mujer musulmana que le pase por delante.» (Volver al texto)
5. «Relativamente felices en su rincón de mundo hecho de pequeñas alegrías.» (Volver al texto)
6. Esta asociación se creó en 2003, con la intención de defender los derechos de las mujeres «de los barrios», según su misma definición, refiriéndose a las barriadas de las grandes ciudades francesas, habitadas mayormente por población inmigrada. Véase Amara, 2004. (Volver al texto)

Referencias
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Begag, A., 2001. El niño del Chaâba. Bronce. Barcelona.
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Bueno Alonso, J., 2010. «Género, exilio y desterritorialidad en L'últim patriarca de Najat El Hachmi». En Miampika, L.-W. i P. Arroyo (eds.). De Guinea Ecuatorial a las literaturas hispanoafricanas. Verbum. Madrid.
Bueno Alonso, J., 2012. «Hispanisme et catalanité: enjeux méthodologiques et littéraires d'un transnationalisme maghrébin». Expressions maghrébines, 11(2): 27-44.
Candel,  F., 1964. Els altres catalans. Edicions 62. Barcelona.
Derrida, J., 1996. Le monolinguisme de l'autre. Galilée. París.
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El Hachmi, N., 2008. L'últim patriarca. Planeta. Barcelona.
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Houari, L., 1985. Zeida de nulle part. L'Harmattan. París.
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Le Bris, M.; Rouaud, J. i E. Almassy, 2007. Pour une littérature-monde. Gallimard. París.
Ricci, C. H., 2007. «Najat El Hachmi y Laila Karrouch: escritoras marro­quíes-imazighen catalanas en el marco del fenómeno migratorio moderno». Revista Entre Ríos.6: 92-97.
Ricci, C. H., 2010. «L'últim patriarca de Najat El Hachmi y el forjamiento de una identidad amazigh-catalana». Journal of Spanish Cultural Studies. 11(1): 71-91. DOI: <10.1080/14636201003787535>
Ricci, C. H., 2011. «Identidad, lengua y nación en la literatura amazigh-catalana». Aljamía. 22: 79-94.
Woolf, V., 2011. Una habitación propia. Seix-Barral. Barcelona.

© Mètode 2014 - 81. Itinerancias - Primavera 2014

Catedrática de Literatura Francesa y de Estudios de Género de la Universidad de Barcelona.