Pandemia de coronavirus y bulos

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Antes de que comenzase una de las peores crisis sanitarias del último siglo, la desinformación sobre salud ya corría como la pólvora por Internet y las redes sociales. La mayoría de las noticias falsas que circulaban por la red de redes antes de esta pandemia eran sobre salud y estas noticias llegaban a difundirse mucho más que aquellas reales. Desafortunadamente, este fenómeno se ha «disparado» con la crisis mundial por la COVID- 19: cientos de bulos sobre el coronavirus, compartidos por la población general, circulan por Internet a gran velocidad. Muchos de estos bulos son sobre cuestiones sanitarias y muestran datos falsos sobre multitud de temas: remedios milagrosos, uso erróneo de mascarillas…

Este aluvión desinformativo sobre la población no carece de consecuencias, puede dañar y matar. Hay multitud de sucesos que muestran cómo algo aparentemente tan inocuo como un dato falso que llega a miles o millones de personas puede desembocar en tragedias personales. Aquí va un ejemplo extremo: en Irán cerca de 300 personas murieron y más de 1.000 enfermaron tras beber metanol (un anticongelante) porque pensaban que era una cura contra el coronavirus.

El panorama informativo no solo está siendo especialmente complicado para la población general, sino que los medios de comunicación, los científicos y los profesionales sanitarios también están sufriendo cierto caos desinformativo. La urgencia en la búsqueda y la difusión de nuevos conocimientos y tratamientos contra el coronavirus ha llevado a la publicación acelerada de un gran volumen de artículos científicos antes de que pasen el proceso de revisión por pares.

«Los medios de comunicación, los científicos y los profesionales sanitarios también están sufriendo cierto caos desinformativo»

Así, el proceso de publicación de artículos científicos, que suele llevar meses e incluso años, se ha puesto patas arribas con un claro objetivo: compartir cuanto antes cualquier dato novedoso contra el coronavirus que pueda ser de utilidad para frenar la epidemia y tratar a los pacientes. La idea es noble, pero tiene un daño colateral importante: se están publicando muchos artículos científicos «basura» que jamás hubieran visto la luz si se hubiera aplicado la tradicional revisión de expertos en la materia o esta no se hubiera realizado de forma acelerada.

Con el aparente aval de la ciencia, la información de estos estudios llega hasta los medios de comunicación que pueden darles credibilidad si no consultan antes a profesionales que puedan desmentirlos. Esto fue lo que ocurrió, por ejemplo, cuando múltiples medios de comunicación difundieron que ya había dos cepas de coronavirus en el mundo, una más letal y agresiva que otra. Esta afirmación, en realidad, surgió de un estudio con muchos errores y limitaciones que otras investigaciones y expertos desmontaron a los pocos días.

Las prisas también influyen en la calidad de los ensayos clínicos. De esta forma, se están publicando ensayos que jamás hubieran aparecido en revistas médicas prestigiosas en condiciones normales debido a su baja calidad. Estos ensayos clínicos «chapuceros», lejos de aclarar a los profesionales sanitarios qué medidas terapéuticas pueden ayudar a los enfermos de COVID-19, siembran la confusión y la duda. Como si de un efecto dominó se tratase, algunos medios de comunicación exageran, a su vez, los resultados positivos de ciertos medicamentos sin ser conscientes de las chapuzas tras los ensayos clínicos y esta información errónea o sin demostrar científicamente llega hasta la población. Es lo que ha ocurrido con la hidroxicloroquina, que, pese a que aún no se ha demostrado científicamente que sea útil para los enfermos afectados por coronavirus, muchas personas ya están convencidas de que es la solución. Las consecuencias no tardaron en llegar: personas muertas o afectadas por graves efectos adversos por la automedicación con este fármaco en diferentes países y múltiples gobiernos que tomaron medidas para evitar su desabastecimiento de las farmacias. Son malos tiempos, sin duda, tanto para la humanidad como para el rigor informativo.

© Mètode 2020 - 105. Estándares - Volumen 2 (2020)

Doctora en Medicina y divulgadora (Madrid). Autora de Si escuece, cura (Cálamo, 2019).