El sombrero

«Es un sombrero», solían decir. En base a esta respuesta, el narrador del popular libro El Principito medía la lucidez de las personas a las que enseñaba uno de sus dibujos. En la ilustración mostraba una gran serpiente con un elefante en su interior. Sorprendentemente, la mayoría de las personas a las que se la enseñaba solo atisbaban en esta la forma de un sombrero. La complacencia de parte de la sociedad ante la pérdida de biodiversidad global, la fragmentación de los hábitats, la aparición de enfermedades emergentes y el incesante calentamiento global hace pensar que ante la pregunta de cómo percibimos nuestra relación con el medio natural, la respuesta sea no ver más allá de un simple sombrero. Recientemente se ha demostrado que la crisis de la COVID-19 produjo a principios de abril del 2020 una reducción global en las emisiones de dióxido de carbono de un 17 % en comparación con el mismo periodo en 2019; en algunos países este detrimento llegó al 30 %. A pesar de estas cifras tan alentadoras, este porcentaje se reduce a un 4-7 % si se tiene en cuenta la media anual. Además, apenas un mes después se registraba un máximo histórico en la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera: 418 partes por millón. Ni siquiera la parálisis parcial de algunas de las potencias mundiales más contaminantes nos ha acercado a solucionar los problemas anteriormente mencionados. Para conseguirlo, son necesarias medidas profundas y a largo plazo. De hecho, el Grupo Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC, en sus siglas en inglés) advierte que el aumento de la temperatura global por encima de 1,5 ºC en las próximas décadas tendrá consecuencias devastadoras para los ecosistemas y, por ende, para el ser humano. Para no llegar a esto, la reducción anual de emisiones de dióxido de carbono en la atmósfera debería ser superior al 7 % desde la actualidad hasta el 2030.

Aunque la reducción momentánea de los niveles de dióxido de carbono ha demostrado ser solo un pequeño paso en la lucha por una relación más sostenible con la naturaleza, sí se confirma que tomar medidas a escala global es posible cuando el objetivo es común. Mientras tanto, la naturaleza nos observa ignorante de cuán ligado está su destino al nuestro. En la imagen, un ejemplar de tucán arasarí acollarado (Pteroglossus torquatus) fotografiado en Ecuador. El diafragma muy abierto ayuda a desenfocar el fondo y centrar la atención en el animal y, además, aumenta la cantidad de luz percibida por el sensor. Esto permite a su vez aumentar la velocidad de disparo. La ISO elevada en esta foto se debe a las pobres condiciones lumínicas típicas del bosque nuboso.

© Mètode 2020 - 107. Océanos - Volumen 4 (2020)
Fotógrafo de naturaleza e investigador del Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Ecología Evolutiva de la Universitat de València.