Descifrando ‘The Imitation Game’

Analizamos con Pedro Ruiz-Castell, licenciado en Física y doctor en Historia de la Ciencia, la película protagonitzada por Alan Turing

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enigma_portada_mtdThe Weinstein Company / Black Bear Pictures / Ampersand Pictures

Estrenada en España al comenzar el año 2015, Descifrando Enigma (The Imitation Game en la versión original) no ha pasado desapercibida. La película narra la vida de Alan Turing, interpretado por el actor Benedict Cumberbatch, y está dirigida por Morten Tyldum. Esta biopic, basada en la biografía escrita por Andrew Hodges, The Enigma (Burnett Books, 1983), estuvo nominada a ocho premios Oscar en la última edición, de los que conseguió uno, el Oscar al mejor guión adaptado. Antes ya había estado nominada en los premios Globo de Oro y en los Critics’ Choice Awards, entre otros. Pero frente a estos méritos y reconocimientos cinematográficos, no faltan tampoco las voces de expertos y familiares de Turing que critican la obra. Por ejemplo, en The Guardian el periodista Alex von Tunzelmann acusaba a Morten Tyldum de «inventar una nueva calumnia para insultar la memoria de Alan Turing». También John Graham-Cumming se mostraba descontento: «Siendo sincero, estoy un poco decepcionado con la película porque sé muchas cosas sobre la historia y hay hechos históricos que, no entiendo muy bien por qué, han cambiado». Quien hacía estas declaraciones era el programador informático que consiguió que Gordon Brown, el 10 de septiembre de 2009, pidiera disculpas públicas por cómo el Gobierno británico había tratado a Turing, condenado en 1952 por ser homosexual. Cuatro años después, el 24 de diciembre de 2013, fue la reina Isabel II quien concedió el perdón real a Turing por «una sentencia que ahora se consideraría injusta y discriminatoria», según anunció el ministro de Justicia Chris Grayling.

«Frente a los méritos y reconocimientos cinematográficos a Descifrando Enigma, no faltan tampoco las voces de expertos y familiares de Turing que critican la obra»

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Fragmento de la carta de disculpa escrita el 10 de septiembre de 2009 por Gordon Brown, entonces primer ministro británico, dirigida a Alan Turing.

DE LA PERSONA AL PERSONAje

Sobre la figura de Alan Turing y su representación en la película de Morten Tyldum hemos hablado con Pedro Ruiz-Castell, licenciado en Física y doctor en Historia de la Ciencia. Ruiz-Castell, que también es investigador del Instituto de Historia de la Medicina y de la Ciencia López Piñero, afirma que Alan Turing «fue una de las mentes más importantes e influyentes del siglo xx». Pero, a pesar de sus importantes contribuciones, la figura de quien se considera padre de la informática moderna por las aportaciones que hizo a partir del diseño teórico de su máquina universal «fue durante muchos años despreciada y olvidada». Ante esta situación, la película puede servir como una primera aproximación para conocer a la persona pero Ruiz-Castell nos alerta de que «el guión termina construyendo un personaje, convirtiendo a Alan Turing en una caricatura, en un estereotipo del genio atormentado que recuerda a otros científicos que podemos ver en nuestras pantallas, con comportamientos obsesivos y próximos al autismo». Pero, más bien al contrario, Ruiz-Castell nos cuenta que «Turing no tuvo ningún problema de sociabilidad y estaba perfectamente integrado con sus colegas, que destacaban de él su gran sentido del humor».

«La película puede servir como una primera aproximación para conocer a la persona pero el guión termina construyendo un personaje, convirtiendo a Alan Turing en una caricatura»
enigma_equip_mtdThe Weinstein Company / Black Bear Pictures / Ampersand Pictures

Si bien la película está, en principio, basada en la biografía escrita por Hodges, la realidad es que hay muchos elementos que no coinciden. Ruiz-Castell destaca por ejemplo que «la idea de que Turing inventó y construyó físicamente, tras un par de años trabajando sin obtener resultados, la máquina que permitió decodificar los mensajes de los alemanes, es falsa. Basada en un modelo de máquina electromecánica desarrollada por la inteligencia polaca con anterioridad, la máquina que diseñó para descodificar los mensajes generados por las máquinas Enigma alemanas, llamada «Bombe», fue construida por la compañía British Tabulating Machines en 1940». El equipo de trabajo con el que contó Turing tampoco se muestra de manera adecuada. Ni Hugh Alexander, campeón de ajedrez, comenzó a trabajar con Turing inmediatamente, ni Juan Clarke fue reclutada mediante un competición de crucigramas, sino por quien fuera su tutor académico, Gordon Welchman –que ni siquiera aparece en la película–. Y del enfrentamiento abierto entre el comandante Alastair Denniston y Turing, no hay nada más allá de la ficción.

VERSIONeS y DISTORSIONeS

Más allá de las pequeñas licencias cinematográficas, hay distorsiones de la historia que pueden convertirse en «acusaciones realmente ofensivas» hacia Alan Turing, indica Ruiz-Castell: «La dramática escena en la que se decide sacrificar el barco en el que va un hermano de Peter Hilton para no revelar a los alemanes que habían descodificado sus mensajes, es totalmente inventada. Tampoco es cierto que el espía ruso John Cairncross formara parte del equipo de trabajo de Turing, ni que lo sometiera a chantaje». Esto convertiría a Turing en un cobarde y un traidor. Así, tampoco es cierto que la policía pensara que Turing era un espía y, a partir de las investigaciones, se descubriera su orientación sexual. «Todo fue resultado de un affaire de Turing con un joven llamado Arnold Murray, con necesidades económicas. Turing le hizo responsable de un robo en su casa y Arnold reconoció finalmente que el culpable era un amigo suyo. Las investigaciones realizadas por los inspectores a raíz de la denuncia de Turing acabaron en la acusación de Alan Turing por un delito contra la moral pública por sus relaciones sexuales con otros hombres. Para evitar la cárcel, Turing se declaró culpable y se sometió a un tratamiento de estrógenos destinado a “curarlo” de su condición.» Un tratamiento que actuó como una castración química.

«Si lo que realmente se quería era rendir tributo a la figura del Alan Turing creo que falsearla no es la mejor manera de hacerlo. Sobre todo cuando encontramos, como en este caso, tantas imprecisiones e imposturas»
(Pedro Ruiz-Castell)
enigma_final_mtdThe Weinstein Company / Black Bear Pictures / Ampersand Pictures

Sobre los posibles beneficios de la relación entre la ciencia, su historia y el cine, especialmente en las grandes superproducciones, Ruiz-Castell piensa que «tal vez tenga un efecto positivo para la disciplina de la Historia de la Ciencia y para la divulgación científica. Ahora bien, seguramente no distorsionando la historia de esta manera…». Así, aunque quizás en un principio Descifrando Enigma fue concebida como un homenaje a un científico injustamente olvidado y maltratado, «si lo que realmente se quería era rendir tributo a la figura de Alan Turing creo que falsearla no es la mejor manera de hacerlo. Sobre todo cuando encontramos, como en este caso, tantas imprecisiones e imposturas. De hecho, no hacía falta distorsionar su vida para obtener una película igualmente interesante o más», apunta. Y, como Turing, a lo largo de la historia ha habido muchos personajes, en particular científicos, que han sido injustamente ignorados, despreciados y vilipendiados. «Quizá la recuperación a lo largo de los últimos años de una figura como la de Nikola Tesla se podría enmarcar también en esta rehabilitación de personajes que no obtuvieron un reconocimiento como el que realmente se merecían.»

OPORTUNIdades PERDidas

Mientras que hablamos de hombres –de manera individual– como Alan Turing o Nikola Tesla, las mujeres –como colectivo–, con importantísimas contribuciones al desarrollo del conocimiento científico, han sido tradicionalmente ignoradas y infravaloradas. Ante esta situación, Descifrando Enigma ha dejado pasar otra oportunidad, la de poner en valor su contribución al cultivo de las ciencias y la tecnología. En Bletchley Park trabajaban alrededor de 9.000 personas; de éstas, unas 6.600 eran mujeres. «Las máquinas diseñadas para descifrar los códigos pronto quedaron en manos de jóvenes voluntarias, muchas de ellas de familias bien posicionadas socialmente. Durante la guerra se generalizó una situación de trabajo conjunto de hombres y mujeres en prácticamente todos los sectores, incluyendo la ciencia y la tecnología. Pero ni siquiera la figura de Juan Clarke ha sido tratada adecuadamente, pues podría haber servido para poner de manifiesto la valía académica de muchas mujeres que eran reclutadas por su capacidad y que contribuyeron de manera notable a la producción de conocimiento científico».


«Descifrando Enigma ha dejado pasar la oportunidad de poner en valor la contribución de las mujeres al cultivo de las ciencias y la tecnología»
enigma_dones_mtdBrian Sweeney / The Telegraph
Unas 6.600 personas, de las cerca de 9.000 que trabajaban para descifrar el código Enigma, eran mujeres. En la imagen, algunas de las trabajadoras de Bletchley Park.

La película, sin embargo, también pierde la oportunidad de tratar otros temas, como el de la homosexualidad, de una manera mucho más natural. «Tal y como algunos críticos han puesto de relieve, la película quiere convertir Alan Turing en un mito del movimiento de liberación gay. Pero no lo muestra nunca besándose con otro hombre, ni frecuentando bares de cruising en Nueva York, ni visitando en vacaciones algunas de las islas griegas de «dudosa reputación», tal como hacía. ¿Quizás han falseado la realidad tratando de construir un mito extraordinariamente decoroso y políticamente correcto?», plantea Ruiz-Castell.

A pesar de todo, la película funciona: «Es interesante, entretenida y divertida, presenta elementos de suspense y está muy bien interpretada». Incluso hace una contribución interesante a la hora de presentar, que no dar a conocer, al científico Alan Turing y algunas contribuciones cruciales para el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial y de la computación moderna. «Ahora bien, si de verdad desea conocer Turing, como casi siempre, no hay nada como un buen libro». En este caso, podría ser la biografía escrita por Andrew Hodges. Y sobre ellas, las olvidadas, Women Codebreakers at Bletchley Park, de la investigadora Kerry Howard.

Íngrid Lafita. Periodista. Revista Mètode, Universitat de València.
© Mètode 2015.

«La película también pierde la oportunidad de tratar otros temas, como el de la homosexualidad, de una manera mucho más natural»

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© Mètode 2015

Licenciada en Periodismo y graduada en Comunicación Audiovisual. Revista Mètode, Universitat de València.