Flores entre la arena en el Sáhara Occidental

Fauna y flora en tiempo de guerra

Acàcia. Foto: Anselmo Fariña

El Sáhara, la tierra herida

Un jeep desvencijado atraviesa un territorio infinito en zigzag para evitar que los algoritmos matemáticos de la artillería enemiga lo localicen y alcancen el vehículo y sus ocupantes. El siroco provoca dos remolinos que marcan a ras de suelo dos mangas de aire caliente y arena que parecen tragárselo todo en un instante. A un lado, un mar de arena y, por el otro, una sorprendente planicie reluciente de piedra negra que parece la puerta del infierno. El territorio libre del Sáhara Occidental, el 25 % del país, es el interior más pobre del enclave. El otro 75 %, el litoral más rico, está bajo control del reino de Marruecos.

La antigua colonia española del Sáhara es un rectángulo bajo el sol del África del norte que limita con Marruecos, Argelia, Mauritania y el océano Atlántico. Es el extremo occidental marítimo del desierto del Sáhara, un topónimo que, traducido del idioma local, quiere decir exactamente “el gran desierto”.

«La antigua colonia española del Sáhara es un rectángulo bajo el sol del África del norte que limita con Marruecos, Argelia, Mauritania y el océano Atlántico»

En cuanto a la radiografía humana, el Sáhara ocupado tiene unos 500.000 habitantes y cerca de 200.000 de ellos son saharauis y viven, sobre todo, en El Aaiún, Dajla (antigua Villa Cisneros), Bojador y Esmara. En Tinduf, al sur de Argelia, malviven desde hace cerca de cincuenta años 174.000 exiliados saharauis. En la frontera con Mauritania, en el Cabo Blanco, cerca de Guerguerat, se encuentra La Agüera, un poblado blanco de pescadores saharauis que no pertenece a ningún estado, pero que se mantiene bajo control del Frente Polisario y Mauritania. En los territorios liberados de Marruecos viven también, en enormes tiendas de piel, unos 50.000 beduinos rodeados de ganado propio, sobre todo cabras y dromedarios. Viajan con la familia, transportan los rebaños y viven de la carne, de la piel y de la leche de camella, espesa como la sangre. Completan la dieta con la recolección de algunas plantas comestibles, los huevos de las gallinas y la caza. El lagarto del desierto a la brasa tiene una carne blanca y delicada y es agradable al paladar.

Mapa Sàhara web esp

El territorio libre del Sáhara Occidental, el 25 % del país, es el interior más pobre del enclave. El otro 75 %, el litoral más rico, está bajo control del reino de Marruecos. / Mètode

La capital política, administrativa y militar está formada por tres «ciudades» ubicadas en lo que denominan los territorios liberados, es decir, la parte controlada por la República Árabe Saharaui Democrática (RASD): Tifariti, Meheriz y Bir Lehlou (“la fuente bella”, en el dialecto local), donde se encuentra parte de la Administración saharaui y la radio nacional.

El muro, el fuego escondido

Con 266.000 km2, un poco más que el Reino Unido y diez veces el territorio del País Valenciano, el Sáhara está fracturado en dos partes por un muro de arena que divide el territorio entre la franja costera que ocupa ilegalmente Marruecos y los territorios interiores bajo control del Polisario y la RASD. Se trata del segundo muro más grande del mundo, una barrera construida sobre la arena, como una herida sangrienta que separa familias, impide artificialmente el paso natural de los animales y arrasa la flora de este rincón olvidado del planeta. Son los efectos de la guerra sobre el delicado equilibrio ecológico del desierto.

«La construcción del muro ha destruido muchos pueblos y aldeas que existían en esta inmensa raya de arena que llega al mar»

El muro tiene una longitud de 2.720 km, desde Argelia hasta Guerguerat, en el sur, cerca del Atlántico, junto a la frontera de Mauritania. Esta barrera bélica está controlada a dos partes por los dos ejércitos, el marroquí y el saharaui, y tiene establecidas dos demarcaciones restringidas, desmilitarizadas, alrededor de la muralla de arena, para evitar los enfrentamientos directos. Y en esas dos zonas coexisten, escondidas entre la arena, más de siete millones de minas, materiales explosivos y munición de dispersión que provocan, cada día, la muerte o la mutilación de personas y animales, sobre todo de camellos. Según la ONG británica Action on Armed Violence, esta es una de las partes más minadas del planeta, el campo de minas más largo del mundo.

Sàhara Occidental mur

Un muro de arena, construido por Marruecos, divide el territorio del Sáhara en dos partes. En estas dos zonas coexisten, escondidas entre la arena, más de siete millones de minas, materiales explosivos y munición de dispersión que provocan, cada día, la muerte o la mutilación de personas y animales, sobre todo de camellos. / Gaici Nah / Anselmo Fariña

Desde Rabuni, la capital administrativa provisional de la RASD en Tinduf, el jefe de operaciones de la Oficina Saharaui de Acción Contra las Minas (SMACO, por las siglas en inglés), Gaici Nah, explica que el ejército del rey de Marruecos ha sembrado, en plena pandemia, más de 12.000 minas antipersona y antitanque en el paso de Guerguerat, que une Mauritania con una estrecha franja controlada por la RASD y los territorios ocupados. «Esta era una zona que ya habían descontaminado y ahora estamos peor que al principio. La gente que habitaba aquí, ahora, de nuevo, ha tenido que huir de la primera línea de fuego. Todo esto provocará nuevas muertes y amputaciones a sus habitantes», declara. El levantamiento del muro también ha destruido muchos pueblos y aldeas que existían en esta inmensa raya de arena que llega al mar, pueblos vivos y habitados antes del abandono de la colonia por parte del gobierno español, después de la firma de los acuerdos de Madrid. Es el único muro del mundo que se ha construido con materiales del entorno y eso ha destrozado todavía más el territorio.

La tensión en la zona se disparó en octubre del 2020, cuando un grupo de activistas saharauis bloqueó el paso fronterizo del Guerguerat para evitar la entrada ilegal de las mercancías provenientes desde el norte de África hacia Mauritania.

«El territorio libre del Sáhara Occidental es el interior más pobre del enclave. El litoral, más rico, está bajo control del reino de Marruecos»

El muro fragmenta en dos partes la excolonia española y, cuando llueve, muy pocas veces en los últimos años, funciona como un azud, como una esclusa o un pantano que retiene artificialmente las aguas. Gaici Nah destaca que, con la construcción de esta infraestructura, el 92 % de los pozos de los acuíferos registrados en los mapas elaborados por los militares españoles en tiempos de la colonia han quedado ahora dentro de los territorios ocupados, una política que obliga al despoblamiento de esta parte del desierto que se ha quedado sin agua. Esta estructura de guerra ha provocado una nueva migración forzada en un terreno extremado por la climatología y las hostilidades bélicas, un seto de arena que es también un punto de narcotráfico y de inmigración ilegal vehiculada por bandas criminales. El muro deja encerrados, además, a los saharauis en una prisión inmensa que imposibilita la movilidad humana, el intercambio del comercio y el acceso al mercado laboral de la población local y también el de los vecinos argelinos y mauritanos.

La flora y la fauna se resienten en todo el país por la geografía de guerra y la caza, otro problema. Desde la parte ocupada, los militares marroquíes cazan para comer o por puro ocio. Eso provoca que muchas especies en peligro de extinción estén a punto de desaparecer. Los ataques constantes, muchas veces realizados con drones de alta precisión, matan o hieren los rebaños de camellos y de cabras. Y provocan también la muerte de civiles.

Sàhara fauna

En territorio bélico, la fauna local se volatiliza y desaparecen animales como el feneco o zorro del desierto (Vulpes zerda, arriba), que son comunes en el resto del territorio del desierto. En cambio, las dunas pueden ser plataformas extraordinarias para fotografiar aves como (de izquierda a derecha) el escribano sahariano (Emberiza sahari), el corredor del desierto (Cursorius cursor), o la collalba yebélica (Oenanthe leucopyga). / Anass Errihani / Christiaan Kooyman / ChriKo / Nir Ofir – Wikimedia

El antropólogo, investigador y poeta hispanosaharaui Bahia Mahmud Awah afirma que el ejército de ocupación destruye árboles y plantas, las acacias y las zarzas, para tener siempre al alcance el skyline del desierto, para que la artillería visualice y localice al enemigo de manera fácil y rápida. Considera que la intención de Marruecos va dirigida a convencer al mundo de que el Sáhara no tiene ningún valor, que es un espacio vacuo, y es por eso que practica una política de tierra quemada.

En esta zona dunar sin verde, en territorio bélico, la fauna local se volatiliza y desaparecen el feneco o zorro del desierto (Vulpes zerda), el arruí o carnero de Berberia (Ammotragus lervia), el escorpión venenoso y letal (Leiurus quinquestriatus), la gacela (Gazella dorcas), la víbora cornuda del desierto (Cerastes cerastes), el ratón de las pirámides (Jaculus jaculus), el varano del desierto (Varanus griseus), el addax (Addax nasomaculatus) y el camello arábigo o dromedario (Camelus dromedarius), que son comunes en el resto del territorio del desierto. Guepardos del desierto (Acinonyx jubatus hecki) solo quedan, y en peligro de extinción, en el Sáhara central. El avestruz de cuello rojo (Struthio camelus camelus) ya ha desaparecido de la cadena animal del Sáhara Occidental.

Sin embargo, el fotógrafo profesional de aves Pau Lucio, de Birdwatching Spain, asegura que el desierto es el mejor lugar para retratar las aves. Algunas de las dunas alcanzan los 200 metros de altura y son plataformas extraordinarias para hacer fotos a aves como la chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax), el corredor del desierto (Cursorius cursor), la collalba yebélica (Oenanthe leucopyga), el escribano sahariano (Emberiza sahari), el tarro canelo (Tadorna ferruginea), el gorrión sahariano (Passer simplex) y algunas rapaces.

Las flores del desierto

En el imaginario colectivo occidental, quizás, no se es consciente de la rica biodiversidad que existe en el país. La flora del Sáhara Occidental tiene registradas centenares de especies vegetales, y muchas con flores. Los árboles más comunes son la Acacia ehrenbergiana y la Acacia nilotica o Vachellia nilotica, muy apreciada por sus propiedades medicinales y su madera para hacer muebles, y el árbol Tamarix aphylla. Entre los matorrales y los arbustos encontramos la planta de la rosa de Jericó (Anastatica hierochuntica), la planta púrpura del azafrán del desierto (Androcymbium gramineum), el Andryala canariensis, de amarillo intenso; el Asteriscus graveolens; la morera del papel (Broussonetia papyrifera), de color naranja intenso; la bellísima Caralluma hesperidium; la coliflor de Bou Hammama (Fredolia aretioides); el Glinus lotoides, que crece entre las grietas del barro cocido de la última lluvia; las delicadas Lavandula mairei, la Koelpinia linearis o la Trichodesma calcarata. Y entre todas ellas, un rosario de plantas que crecen, milagrosamente, encima de las dunas, como la Stipagrostis pungens.

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Entre los matorrales y los arbustos del Sáhara hay todo un rosario de plantas que crecen, milagrosamente, sobre las dunas, como la Stipagrostis pungens (arriba, a la izquierda). También encontramos, entre otras, la coliflor de Bou Hammama (Fredolia aretioides, arriba a la derecha)  y el Asteriscus graveolens (abajo).  / Claude Lemmel & Zahora Attioui – Wikimedia / Rafael Medina – Flickr / Anselmo Fariña

Muchas de estas especies son de hoja amarga o de cuerpo lleno de espinas para defenderse de los depredadores en un medio tan agreste. Son habituales las palmeras, matorrales y zarzas espinosas adaptados a las áridas condiciones ambientales. Ahora hace tres años que apenas llueve, pero cuando lo hace crecen enormes prados que aparecen, de repente, tras la lluvia, y transforman el paisaje de forma abrupta.

«El ejército ocupante destruye árboles y plantas para que la artillería visualice y localice al enemigo de manera fácil y rápida»

Las zonas más húmedas, como las graras y los ríos secos, son las más ricas en vegetación. La humedad en estos lugares favorece el cultivo del trigo y la avena y es un buen indicador de la existencia de una capa de agua a escasa profundidad. En el interior, en las zonas rocosas, la vegetación se vuelve más densa y constante, y abundan las gramíneas, los juncos y las higueras. Las graras son espacios naturales cultivables ubicados en depresiones de tamaño variable producidas por las infiltraciones de aguas que acaban hundiendo el terreno. El fondo es arcilloso y condensa las aguas de una extensión mucho más grande. En las graras pueden crecer también árboles resistentes como el eucalipto, el tamat (Acacia ehrenbergiana), el ignin (Capparis decidua), la talha (Acacia tortilis), el eydari (Rhus tripartita) y la palmera (Phoenix sp.). En la costa aparecen plantas muy distintas alrededor de las salinas y el mar.

La agricultura, motor colonizador

Resource Watch (WSRW) de 2021 se denuncia el aprovechamiento que Rabat hace de las infraestructuras y de las nuevas instalaciones de energía verde encargadas a Siemens y a otras empresas internacionales. Denuncian la utilización que se hace de la agricultura para colonizar el territorio. La ciudad de Dajla ha triplicado en veinte años su población. Allí viven ahora, según el último censo de 2014, más de 110.000 habitants, en gran parte súbditos de la monarquía alauita que provienen de las tierras del norte. Los inmensos campos de tomates –básicamente cherry–, de melones, de sandías y de arándanos están agotando los pozos de los acuíferos. Para resolverlo, Rabat ha encargado a la empresa francesa ENGIE la construcción de una planta desala­dora junto a Dajla. Hoy en día hay cuatro grandes compañías agroindustriales que cultivan las plantaciones agrícolas de Dajla: Rosaflor, Soprofel, Azura y Les Domaines Agricoles. Todas son propiedad del soberano de Marruecos y de conglomerados marroquíes o de empresas francesas. España también tiene intereses en un sector que, con unos sueldos baratos y sin los controles fitosanitarios que exige Bruselas dentro de la Unión Europea, activa una dura competencia para los agricultores españoles y franceses. Toda la producción se transporta por tierra hasta Agadir, donde las unidades de exportación tratan al por mayor tanto los tomates cultivados en Marruecos como los productos de Dajla; de este modo, los exportadores se saltan las restricciones impuestas por los tribunales europeos de no comerciar con materiales producto de los territorios ocupados militarmente, puesto que resulta imposible delimitar la procedencia de cada partida agrícola.

Por otro lado, los fosfatos de Bucraa continúan abonando los campos de Nueva Zelanda y Australia, pero ahora existen países, como el grupo de los escandinavos, que han prohibido importarlos siguiendo las recomendaciones de los tribunales europeos e internacionales. Sin embargo, los grandes barcos que transportan los fosfatos cargan el combustible en los puertos de Canarias; un buen negocio, puesto que los trayectos se alargan cerca dos meses en alta mar y la carga de carburante tiene que ser la máxima posible. Canarias es el puente a través del que se hace efectivo el expolio a gran escala de los recursos naturales saharauis.

El Sáhara, fuente de recursos: pesca, minerales y arena

El banco pesquero saharaui supone el 78 % de la pesca global de Marruecos y es uno de los más grandes y ricos del mundo. Allí pescan también grandes barcos rusos, japoneses y europeos. Los pescadores andaluces, básicamente de Barbate, pescan más arriba, en aguas de Marruecos, pero si los acuerdos pesqueros se interrumpen para cumplir las recomendaciones europeas, el gobierno marroquí deja también parada la flota española. Los grandes buques de pesca de arrastre, equipados con alta tecnología, destrozan el fondo marino y dejan las aguas vacías de sardinas y otros peces, la primera fuente de alimento de los atunes, abundantes en la zona. «¡Cada vez que comemos atún, muy probablemente estamos colaborando con la ocupación marroquí!», asegura el antropólogo Bahia M. Awah, que insiste en que se tiene que cumplir, punto por punto, todo el articulado de los dictámenes del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) que prohíbe comercializar los recursos naturales del Sáhara sin el consentimiento de los saharauis.

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Los grandes buques de pesca de arrastre, equipados con alta tecnología, destrozan el fondo marino y dejan las aguas vacías de sardinas y otros peces, la primera fuente de alimento de los atunes, abundantes en la zona. / Western Sahara Resource Watch

El profesor de Historia y miembro de la Asociación Canaria de Amistad con el Pueblo Saharaui (ACAPS) Anselmo Fariña opina lo mismo y proclama, muy gráficamente en un castellano policromático, que «comprar una lata de atún, en la actualidad, va ligado a la peor cara del colonialismo. Los grandes estados con sus grandes buques de grandes redes y radares esquilman las costas de la África, desde el Sáhara hasta Somalia». Y añade que los pescadores nativos se defienden como pueden «mientras las informaciones oficiales que llegan a Occidente nos hablan de piratería. Existe la piratería, pero, la mayoría de las veces, se trata de pescadores locales que defienden el pan de su casa».

Un ejemplo de este tipo de pesca lo encontramos en el pulpo. ¿Pulpo de Galicia o del Sáhara? El gallego no llega al 3 % del total de las capturas, el resto se pesca en aguas saharianas. En palabras de Bahia M. Awah: «Toda España está comiendo pulpo saharaui, comercializado desde Agadir y que se distribuye por Galicia. En Marruecos hay días que se exportan a España 40 toneladas de pulpo, mientras que en Galicia la lonja que más lo pesca ofrece 800 kilos». El pulpo saharaui se distingue porque es más claro que el gallego y tiene una mejor resistencia al cocinarse. A pesar de que para el TJUE el banco sahariano son aguas ocupadas por Marruecos, estos cefalópodos norteafricanos se encuentran en todos los supermercados y las grandes superficies comerciales españolas.

Trópico: la cordillera marítima

El futuro de la geopolítica del norte de África está cambiando a la velocidad de la luz. Donald Trump reconoció en 2020 la «marroquinidad» del Sáhara e, inmediatamente, Israel y Marruecos intercambiaban delegaciones diplomáticas. El premio a este giro geopolítico en que España es solo un espectador asustado ha sido un auténtico regalo para Israel. Ante las bellísimas costas del sur, la compañía de exploración gasística y petrolera israelí Ratio Petroleum acaba de obtener en exclusiva los derechos de exploración y estudio de una superficie de 109.000 km2 del bloque Atlántico de Dajla por parte del gobierno marroquí, a pesar de que se trata de una zona en disputa que afecta a las aguas territoriales españolas de las Canarias.

«Entre el desierto y el archipiélago canario existe un tesoro submarino: la cordillera de Trópico, que cuenta con una reserva de minerales de gran importancia»

Muy cerca, entre el desierto y el archipiélago canario existe un tesoro submarino de más de ciento veinte millones de años: la cordillera de Trópico. Se encuentra a 269 millas al sur de la isla del Hierro y, en la actualidad, España reclama ante los tribunales internacionales una ampliación de las aguas territoriales hasta las 350 millas, mientras que Marruecos las considera propias por estar cerca del Sáhara. Trópico tiene una gran reserva de minerales ricos como el telurio, el cobalto y las tierras raras (grupo de elementos químicos con numerosas aplicaciones industriales), de gran importancia para el sector de la tecnología verde. Las reservas mineras de estos elementos bajo el mar son 6.000 veces más grandes que las existentes en el grueso de la corteza terrestre. Junto a este volcán dormido se encuentran montañas como el Bimbache, Echo, The Paps y Drago, que forman parte de una cadena montañosa submarina, donde las reservas subacuáticas de níquel y plomo también son muy importantes.

Con la tecnología actual resulta imposible extraer los minerales, pero los especialistas confirman que en veinte o treinta años eso resultará viable. El cobalto es básico para la fabricación de las baterías eléctricas para los coches, las tierras raras son imprescindibles para obtener imanes para los molinos de viento y el telurio es un elemento necesario para construir los paneles solares. Es una lucha por el control de las tecnologías del futuro que enfrenta, una vez más, a Madrid y Rabat y, en cada refriega diplomática, el gobierno de Marruecos amenaza con hacer aflojar las vías de la emigración ilegal vía Canarias y la fosa del Mediterráneo. Toda una advertencia antes de reabrir el melón de la reclamación territorial de las ciudades ceutíes y Melilla. Y de reojo, también de las Canarias.

La arena del desierto llena las playas

Anselmo Fariña declara desde Tenerife que el expolio llega incluso desde el sector de la arena del desierto para rellenar las playas de Canarias y, en más de una ocasión, las de Mallorca. Pero, sobre todo, para destinarla al sector de la construcción y hacer campos de golf. Existe toda una infraestructura de extracción de arena en el entorno del desierto de Dajla y de las dunas próximas de El Aaiún que se transporta en barcos especiales hasta cinco puertos canarios: Arinaga y Arguineguín (puerto del Pajar), en el sur de Gran Canaria; Santa Cruz de Tenerife, Arrecife en Lanzarote, y el puerto de Rosario, en Fuerteventura. Las islas, de origen volcánico, tienen buenas playas, pero básicamente son de piedra. La playa de las Teresitas, la de Abama o la del Camisón, todas en Tenerife, han sido «reconstruidas» con dunas de El Aaiún. Habría que añadir a la lista en la península la playa de Carboneras, en Almería.

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Existe toda una infraestructura de extracción de arena en el entorno del desierto de Dajla y de las dunas próximas de El Aaiún que se transporta en barcos especiales hasta cinco puertos canarios. Las islas, de origen volcánico, tienen buenas playas, pero básicamente son de piedra. La playa de las Teresitas, la de Abama o la del Camisón, todas en Tenerife, han sido «reconstruidas» con dunas de El Aaiún. /Anselmo Fariña

Según los informes facilitados por la asociación canaria ACAPS, uno de los patrones del negocio, por concesión real, es el alcalde saharaui colaboracionista de El Aaiún ocupado, Moulay Hamdi Ould Errachid. Este también es propietario de empresas dedicadas a la fabricación de harina de pescado, toma parte en la facturación de la distribución nacional de combustibles y es el amo de una fábrica de hormigones especiales ubicada en el muelle marítimo de El Aaiún para «hacer caja» en el gran negocio de la ampliación del puerto de la capital de la antigua colonia española. El alcalde pertenece a una antigua dinastía política que ha ejercido el poder desde siempre en el Sáhara con el beneplácito de Rabat. Otras compañías propietarias son conglomerados de empresas, algunas con bandera panameña como Arabella Enterprises, que, a pesar de su nombre, es canaria. Son compañías que exportan arena a la Unión Europea y a países africanos como Cabo Verde para hacer mortero, asfalto o directamente para fabricar materiales básicos de construcción. Yecasa es la empresa de la familia del empresario Enrique Delgado, que importa buena parte de la arena sahariana. Y lo hace con la inestimable ayuda del «propietario» de las dunas de arena dorada, el alcalde de El Aaiún. Otras empresas como el grupo Secil, Yesos de Canarias, Ceisa y Holcim, con decenas de subcontratos, monopolizan el negocio de la venta de arena de las dunas costeras del desierto. Según las investigaciones realizadas por ACAPS, cada año se exportan ilegalmente unas 200.000 toneladas de arena desde el Sáhara. Pero Fariña asegura que la cifra real podría ser del doble de las cuentas oficiales. La ley canaria sobre importaciones de inertes del continente africano destaca que estos materiales tienen que ser revisados y desinfectados, nada más llegar a las Canarias, para evitar la introducción de especies invasoras. Anselmo Fariña deja bien claro que el gobierno canario hace como quien no ve y, en ningún caso se cumple la normativa legal al respecto.

La lengua, la cultura y los sueños

Ahmed Ettanji es activista por los derechos humanos, periodista y presidente de Équipe Média en los territorios ocupados. Su objetivo es romper el bloqueo informativo que la monarquía semifeudal alauita ejerce sobre el Sáhara. «Los saharauis también son una especie en extinción, como las plantas y los animales. Hay gente en prisión, jóvenes que no pueden estudiar, ciudadanos que no pueden trabajar, familias que no se ven desde hace años. La represión es total», añade convencido.

Para el antropólogo Bahia M. Awah pasa lo mismo con la lengua: «Acaban con nuestra lengua, que no es la misma que la de los marroquíes. Nosotros hablamos hassania, un híbrido entre algunas lenguas africanas y la antigua lengua arábiga. Los marroquíes hablan el dàrija, un dialecto bereber, no árabe, que mezclan con léxico árabe». Y agrega: «Después del colonialismo francés y español, ahora la potencia administradora enseña a los niños y las niñas una lengua impuesta, unas canciones importadas, una historia hecha a medida de la administración colonial. Y, al cabo de los años, los jóvenes ya no se reconocen en su pueblo. Han cambiado la música, los trajes, los ritos de las bodas y los entierros. La lengua y las costumbres también forman parte del equilibrio ecológico, cada vez que desaparece una cultura se empobrece más el mundo. En un congreso de antropología saharaui, celebrado hace unos meses, se calificaba esta política de culturicidio, la muerte programada de nuestro patrimonio inmaterial… y también del material».

«El banco pesquero saharaui supone el 78 % de la pesca global de Marruecos y es uno de los más grandes y ricos del mundo»

Bouh Semlali es un saharaui musulmán con discapacidad que, con su actitud resiliente, ha encabezado un movimiento para salvar la iglesia colonial española del Carmen en Dajla y ha parado las máquinas del ejército que pretendía derribarla. El edificio se mantiene en pie en la actualidad y Bouh Semlali acoge en la iglesia, cada día, a los subsaharianos que trabajan temporalmente en Dajla. «Quieren borrarlo todo, construir un nuevo país de arriba abajo, ¡están acabando con la historia de nuestra literatura, de nuestra poesía! Han destruido incluso las tapas de hierro del alcantarillado con las letras en castellano en las principales ciudades saharauis. ¡Una locura!», manifiesta con impotencia Bahia M. Awah.

La situación bélica aviva la inseguridad y afecta a la investigación del mundo antiguo y la arqueología. Joan Clarke, profesora de la Universidad de East Anglia, y Nick Brooks, un investigador independiente, trabajaron sobre el terreno durante ocho años en la zona libre del Sáhara. Observaron el paisaje, hicieron excavaciones e investigaron imágenes de satélite de Google Earth y sus conclusiones aparecieron publicadas en el libro La arqueología del Sáhara Occidental: Una síntesis del trabajo de campo, 2002 a 2009 (Oxbow Books, 2018). Desde hace décadas, los investigadores han encontrado en el Sáhara numerosas estructuras de piedra de diferentes formas y tamaños de una antigüedad milenaria. Se han descubierto cerca de 500 construcciones en un área de tan solo 9 km2 junto a la ciudad de Tifariti. No hay tiempo ni dinero para investigar estos monumentos ni las pinturas rupestres que existen al abrigo de cuevas y rocas.

Los hijos de las nubes

En el desierto de Oued Ed-Dahab, cerca de la costa atlántica, Habibullah Dlimi cría dromedarios con la ayuda de las nuevas tecnologías. Con su jeep y el GPS de su teléfono controla el rebaño que vigila y cuida una cuadrilla de pastores que ha contratado. Dlimi tiene familia en los campamentos de Tinduf, pero ha elegido quedarse en los territorios ocupados. Puede citar, como manda la tradición, los nombres de cinco generaciones de sus antepasados. Un dromedario cuesta 120.000 dírhams, unos 1.900 euros: «¡Quien no tiene un camello, no tiene nada!», asegura de forma vehemente. Vende la leche, muy apreciada, como su carne. Añora el tiempo de un país sin fronteras, cuando las familias solo seguían el ritmo de los rebaños y las señales de las nubes. En todo el Sáhara Occidental todavía quedan 6.000 pastores, 105.000 dromedarios, que en el desierto denominan también camellos, y más de medio millón de ovejas y cabras.

España abandonó la colonia en 1976, vació los cementerios y se llevó a sus muertos. Desde hace casi cincuenta años, los hombres y las mujeres saharauis denuncian la separación de las familias y la existencia de un muro que les impide el acceso a los recursos naturales que les pertenecen. Una barrera de arena repleta de minas mantiene encerrados en el desierto como autómatas a los «hijos de las nubes», los pastores que perdieron la casa, la tierra y el ganado. Esperar, resistir esperando, como las plantas y los animales, es lo único que se puede hacer en un campo de refugiados del desierto africano.

(Artículo actualizado el 11 de julio de 2022).

NOTA DEL AUTOR: Los habitantes del Sáhara Occidental y los exiliados de la diáspora sahariana contemplan atónitos cómo la geopolítica vuelve a traicionar los anhelos de libertad de todo un pueblo. Francia, Alemania, Estados Unidos y España apoyan en la actualidad a Marruecos. Se imponen los viejos criterios unilaterales marcados por los intereses europeos y norteamericanos. Todo eso mientras el rico país del Sáhara Occidental es expoliado en contra de todas las sentencias y resoluciones de los tribunales europeos.

© Mètode 2022 - 113. Vida social - Volumen 2

Periodista (Valencia). Autor del libro El Sàhara. La terra promesa (Alfons el Magnànim, 2019).

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