L’Horta a través de sus nombres

Aproximación toponímica al paisaje perdido de Valencia y su entorno rural

horta

«El crecimiento urbanístico descontrolado de Valencia
y su entorno a partir de la década de 1960 ha provocado la progresiva reducción de la huerta y ha degradado considerablemente el paisaje hortícola»

L’Horta de Valencia es un paisaje cultural –una creación humana– fruto y testimonio de la actividad agrícola de los valencianos a lo largo de los últimos mil años. Sin embargo, el crecimiento urbanístico descontrolado de Valencia y su entorno a partir de la década de 1960 ha provocado su progresiva reducción y ha degradado considerablemente el paisaje hortícola. El futuro de lo que queda de la huerta de Valencia es muy incierto por la falta de protección institucional ante la especulación urbanística y de relevo generacional entre los labradores.

Uno de los elementos patrimoniales mejor preservados de L’Horta de Valencia es la toponimia, a causa del carácter arcaizante propio del lenguaje de los nombres de lugar. En las próximas páginas mostramos un análisis toponímico de los núcleos urbanos de L’Horta, donde el paisaje rural desapareció hace ya décadas o siglos, para reconstruirlo mentalmente.

Toponimia y paisaje

El Convenio Europeo del Paisaje (Consejo de Europa, 2000) define el paisaje como cualquier parte del territorio, tal como es percibida por las poblaciones, cuyo carácter resulta de la acción de los factores naturales y humanos y de sus interrelaciones. En este sentido, son interesantes las relaciones que se establecen entre paisaje y memoria, una noción que, tal como explica el geógrafo chileno Claudio Tesser (2000), corresponde al espacio del recuerdo, de las vivencias y de los afectos; es decir, al espacio donde se ha forjado la historia de un lugar. Entre las principales evidencias patrimoniales para rescatar la memoria de un paisaje ancestral se encuentra la toponimia.

«El análisis diacrónico de los nombres de lugar es la forma de comprender y recuperar mentalmente la evolución de un paisaje secular ya desaparecido»

La toponimia es una disciplina de síntesis donde convergen diferentes campos de conocimiento que interactúan de forma complementaria. El geógrafo norteamericano Carl O. Sauer (1956) consideraba que los topónimos son la cuarta dimensión de la geografía –la expresión del tiempo–, porque estudiarlos contribuye a reconstruir los paisajes históricos. En este sentido, Pascual Riesco (2010) afirma que el análisis diacrónico de los nombres de lugar es la forma de comprender y recuperar mentalmente la evolución de un paisaje secular ya desaparecido.

La mayor parte de los estudios toponímicos tradicionales se centran en la recolección de nombres de lugar y en dar detalles sobre su origen historicolingüístico y semántico, que nos ayudan a reconstituir paisajes desaparecidos.

Los nombres de L’Horta

Entre los topónimos de núcleos urbanos de la ciudad y L’Horta de Valencia hay que destacar tres grupos por lo que respecta al origen historicolingüístico. El primer grupo lo componen los que provienen del latín y del latín tardío, formados entre el siglo II aC, momento de la conquista romana, y los siglos VIII-XI, en que la lengua latina entra en declive y acaba desapareciendo, sustituida por el árabe. El segundo grupo lo componen los topónimos arábigos, creados a partir del siglo VIII y hasta el siglo XIII. El tercer grupo es el de topónimos en valenciano, creados desde el siglo XIII y hasta ahora. Por el origen temático de los topónimos también podemos distinguir varios grupos, que analizamos a continuación.

«Los orónimos son nombres de montañas. Entre estos topónimos que derivan de la orografía del terreno, encontramos algunos bastante notables, como los de Godella, Rocafort y El Puig»

Orónimos

Los orónimos son nombres de montañas y otros accidentes geográficos. Entre estos topónimos que derivan de la orografía del terreno, encontramos algunos bastante notables como los de Godella, Rocafort y El Puig. Godella podría derivar de un diminutivo femenino del latín cos, cotis (“piedra”, “roca”) y por tanto podría equivaler a “lugar rocoso o pedregoso”. Este contenido semántico describe el paisaje de Godella, que es el municipio más próximo a la llanura aluvial de la ciudad de Valencia (a 7 km) donde hay roca en abundancia. Gran parte de los sillares con los que se construyeron los monumentos góticos de la capital proceden de los términos de Godella y Rocafort, que linda con el anterior. Ambos topónimos poseen un contenido semántico semejante, si bien Rocafort es mucho más transparente, ya que roca fort significa “roca fuerte”.

Pedrera de Godella (Horta)

Cantera de Godella, de donde proceden los sillares de la catedral y de la Lonja de Valencia, entre otros monumentos de Burjassot, Godella y Rocafort. El topónimo Godella probablemente deriva del latín cos, cotis, “piedra”. / Joan Carles Membrado Tena

También lindando con Godella se encuentra Burjassot, topónimo árabe que puede traducirse por “torre del altozano” (Barceló, 2010, p. 78), porque allá el relieve marca ya una pequeña elevación (40 metros de altitud) con respecto a la llanura aluvial (15 metros en la ciudad de Valencia). En el atlas del Mariscal Suchet de 1834 se aprecia claramente que al oeste de la acequia de Montcada empiezan las primeras elevaciones de L’Horta, cerca de Burjassot, Godella y Rocafort.

A solo 3 km de Burjassot y Godella se encuentra Carpesa, nombre aparentemente prerromano formado por karp, “peña” (parónimo del topónimo valenciano Calp y del gibraltareño Calpe), más el sufijo prelatino -esa; este pueblo se encuentra en la llanura aluvial, pero su topónimo –una vez desprovisto de semántica comprensible– podría haberse desplazado hacia la llanura desde las vecinas peñas de Godella.

Al norte de L’Horta encontramos un topónimo muy transparente en valenciano: El Puig. Este nombre de lugar describe el monte o collado que destaca en medio de la planísima huerta de Valencia. De los tres cerros que muestra el atlas de Suchet de 1834, solo quedan dos, ya que el más oriental se convirtió en una cantera para la construcción del puerto de Valencia. El Puig propiamente dicho haría referencia a la montaña de la Patada, donde estaba el castillo que fue tomado por las huestes de Jaime I en 1237 y que abrió el camino a la conquista de Valencia.

El Puig (Horta)

Los orónimos son los nombres de montaña y otras elevaciones del terreno, que a menudo han influido en la forma de los topónimos de su alrededor. Por ejemplo, el municipio de El Puig tomaría como referencia la montaña de la Patada, conocida por ser un punto clave en la conquista de Valencia por Jaime I. / José Luis Lagardera

Hidrónimos

Los hidrónimos son los nombres de lugares relacionados con el agua (fuentes, ríos, manantiales, etc.). El nivel freático de L’Horta de Valencia está a pocos metros por debajo de la superficie, lo que explica la abundancia de aguas subterráneas que se manifiestan a través de nacimientos o manantiales. El topónimo Foios, del latín tardío *foveos, “hoyas”, probablemente se refiere a los manantiales que abundaban cerca de este pueblo y, en general, en toda L’Horta litoral, y que fueron secularmente desecados por los labradores, como explica el botánico Cavanilles en sus Observaciones (1797/1995). Borbotó probablemente derive de un cruce entre borbollar y brotar y también podría referirse a un manantial por donde brota el agua subterránea. Puçol, del latín tardío *puteolu, “pozo”, podría derivar también, por analogía, de otro manantial. Alfafar, según la arabista Carme Barceló, podría proceder del plural árabe al-hufar, “hoyas”, con un sentido similar al mencionado de Foios. También según Barceló, Silla derivaría del árabe as-Sayla o as-Sila, “barranco, torrente”, quizá referido al barranco de Picassent, al norte del actual núcleo, o al pequeño barranco de Tafarra, al sur de éste.

Torrent es un topónimo transparente que hace referencia al torrente que rodea esta localidad por el oeste y norte, llamado barranc de Torrent; este es un topónimo tautológico, ya que repite el accidente geográfico que designa, como pasa también en La Val d’Aran (“el valle del valle”), desierto del Sáhara (“desierto del desierto”) o Caudete de las Fuentes (“fuente de las fuentes”).

Los depósitos aluviales procedentes del barranco de Torrent formaron una pequeña punta que se adentra en la Albufera, cerca del puerto de Catarroja, y que originó el topónimo del municipio (cata deriva del latín capita, “punta”). En la imagen se observa esta punta sobre un mapa de Valencia y sus alrededores de 1882. / Centro Cartográfico del Ejército

Los topónimos de la Fonteta (de Sant Lluís) y de la Font (d’en Corts) hacen referencia a dos pueblos valentinos que recibieron este nombre por sendas fuentes que había en el camino de Ruzafa a la Albufera y en el de Ruzafa a la Punta, respectivamente. El nombre del barrio valentino de Marxalenes proviene del árabe Marj al-ain, “marjal de la fuente”.

Talasónimos

Los talasónimos hacen referencia a nombres vinculados al litoral (accidentes costeros, instalaciones portuarias, etc.). Entre los topónimos relacionados con accidentes litorales hay que destacar Catarroja: debido a los depósitos aluviales procedentes del barranco de Torrent, que desemboca en la Albufera, allá se formó una pequeña punta que es el origen último del topónimo de este municipio. Cata deriva de capta, del latín capita, “término, punta”, mientras que roja proviene de la forma románica tardía roia, y esta de rubea, “roja”, por el color de las aguas turbias de la Albufera al recibir los depósitos aluviales.

Otro accidente costero de la Albufera da nombre al topónimo La Punta, que deriva de una lengua de tierra firme que se adentraba en la Albufera, por donde desembocaba el río Turia hasta el siglo XIV (Carmona y Ruiz, 1999). El topónimo Cap de França (barrio marítimo de Valencia) formaba una punta –poco prominente– sobre el mar, al norte –mirando hacia Francia– del Cabañal.

El topónimo de El Saler, antes conocido como Les Barraques, se originó a partir de las salinas situadas a unos 6 km de este pueblo de la Albufera. La sal era transportada en barca desde las salinas a Les Barraques, y desde aquí por vía terrestre hasta Valencia. En la imagen, Vista de la Albufera de Valencia (ca. 1563-1570), obra del paisajista flamenco Anton van den Wijngaerde. / Cartoteca de la Universitat de València

El Saler se refiere a unas salinas que había a unos 6 km al sur del pueblo albuferenco homónimo, entonces llamado Les Barraques, según muestra el grabado de Wijngaerde. La sal era transportada en barca desde las salinas a Les Barraques, y desde aquí por vía terrestre a la ciudad de Valencia, según el geógrafo Vicenç Rosselló (2004). Los topónimos albuferencos Perellonet y Perelló es probable que deriven de pedra (ant. peira). Según el geógrafo Carles Sanchis Ibor (2000), al lado del actual pueblo del Perelló había una piedra que medía la altura del agua de la Albufera.

En la imagen, el Embarco de los moriscos en el Grao de Valencia, obra de Pere Oromig (1613). Pueden observarse las plataformas o graos construidos para la carga y descarga de mercancías. / Colección Fundación Bancaja

Nazaret, barrio marítimo de Valencia al sur del Turia, nació condicionado por la peste de Marsella de 1720: deriva de un establecimiento o lazzareto donde las personas que llegaban en barco procedentes de Marsella tenían que pasar la cuarentena. El lazzareto se valencianizó en Llatzeret y después se confundió con Nazaret.

El Grau (del latín gradus, “escalón”) es el nombre tradicional del barrio portuario de Valencia. Como el golfo de Valencia describe una costa baja y arenosa, fue necesario construir puertos artificiales o graos, casi siempre de madera, para cargar y descargar la mercancía que llegaba a través del mar.

Agrónimos

En cuanto a los topónimos relacionados con la agricultura y el campo, los agrónimos, hay que resaltar los que se relacionan con la presencia (y con la ausencia) de huerta (regadío), que hizo rica y dio nombre a la comarca. Varios autores, como el historiador norteamericano Thomas Glick, descartan que el sistema hidráulico tradicional del Turia sea de origen romano; se considera, en cambio, que fue con la llegada de campesinos musulmanes al Ándalus que se forjó el notable sistema hidráulico del Turia que, según Ferran Esquilache (2015), se remontaría a los siglos VIII y IX.

El topónimo Mislata, según el insigne toponimista Joan Coromines (1989-1997), podría derivar del latín tardío misculata> misclata> Mislata, “mezcla”, quizá en referencia a la azud homónimo, donde las aguas de la acequia de Mislata están aún mezcladas con las del río Turia, antes de difluir. Aguas abajo del azud de Mislata se encuentra el de Mestalla, que, según el mismo Coromines, también parece derivar de misculata> mislata> Mestalla, con metátesis por influencia de la palabra mixtus. Es habitual –y útil– la divergencia etimológica entre dos topónimos idénticos ubicados a tan poca distancia.

El topónimo Paiporta, según Coromines, parece derivar de prope hortam, “cerca de la huerta”, con una compleja evolución (prope hortam> propi orta> proip orta> poip orta> Paiporta). La alquería de Paiporta se encontraba muy cerca de la acequia de Faitanar, pero sin llegar a beneficiarse del agua y de la huerta de esta. Podría sorprender que Mislata, Mestalla o Paiporta sean nombres románicos para designar topónimos relacionados con un sistema de riego promovido por arabófonos. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que durante los siglos VIII y IX el latín tardío aún debía ser hablado por muchos hispanorromanos valentinos.

Acequia de Mislata en la actualidad, una red de regadío con siglos de historia que todavía pervive y es de utilidad a los labradores de la zona. / José Luis Lagardera

El topónimo Alaquàs proviene del árabe al-aquas, “los arcos” y podría hacer referencia a las arcadas de un puente sobre el que discurría la acequia de Benàger al cruzar el barranco de la Saleta, poco antes de llegar a esta población.

En cuanto a las tierras de secano, no beneficiadas por el sistema hidráulico del Turia, hay que mencionar Albal, topónimo que parece derivar del árabe albal, “tierra de secano”, en referencia al dios semítico Bal o Baal, porque los campos albalencos solo se regaban cuando este dios enviaba lluvia. Albal es, en efecto, el primer pueblo por el sur que ya no es regado por las aguas del Turia, aunque desde el siglo XIX su término se riega por las del Júcar.

El topónimo árabe Rafelbunyol (y también el de la partida valentina de Rafalell) estaría relacionado con rahal, “explotación rústica en secano”. El segmento diferenciador -bunyol deriva del también árabe bunyul, “vid”. Rafelbunyol sería por tanto “el secano de la vid”: al encontrarse más arriba que la acequia de Montcada no se ha beneficiado de su riego, aunque actualmente el término es regado por aguas subterráneas.

Xirivella (o Xirvella) es un topónimo tardolatino procedente de silvella, “bosquecillo” (cf. Chelva). En el momento de la fundación de esta alquería existía un bosquecillo, quizá de cultivos arbóreos, que perduró a lo largo de los siglos, ya que a mediados del siglo XIX, según el mapa del mariscal Suchet (1834) y las crónicas del político Pascual Madoz (1845-1850), aún era una zona donde predominaban los cultivos arbóreos (moreras y otros frutales).

Otros agrónimos son Aldaia, topónimo derivado del árabe aldaia, “la finca”, “el huerto”, que ha dado “aldea”. El nombre de lugar Almàssera proviene del árabe al-maṣara, “almazara”, “trujal”, e indica la presencia de una instalación donde eran prensadas aceitunas procedentes de olivares próximos a esta población. El nombre de L’Oliveral (barrio valentino) proviene de los olivos que se cultivaban allí. El Canyamelar indica que hubo en el pasado una plantación de cañamiel en este barrio marítimo valentino. El Palmar, pueblo de la Albufera, era un lugar donde crecían o se plantaban palmas o palmeras. El topónimo Russafa proviene del árabe ar-Russafa, “el jardín”, porque contaba con un palacio con jardines frondosos, construido por Abd Allah al-Balansí durante el siglo IX. La Pobla de Farnals derivaría de farraginales, “campos de forraje”, que debían abundar en los antiguos marjales. La Malva-rosa era aún a mediados del siglo XIX un marjal que iba a ser bonificado por el botánico francés Félix Robillard, que plantó varias especies vegetales, entre las que destacaba el Geranium odoratissimum o malvarrosa.

En cuanto a los topónimos procedentes de campesinos, Museros parece venir del latín tardío mansuarios, “masoveros”; Mauella, del árabe niuala, “barraca”, “casa de campo”. Según Coromines (1989-1997) el topónimo Picanya, de origen dudoso, podría derivar de la forma latina tardía *paganea, “lugar de campesinos”.

Ecotopónimos

Entre los nombres de pueblos de L’Horta relacionados con lugares para vivir, o ecotopónimos (que designan casas, pueblos, barrios, aldeas…) destaca Alfara del Patriarca, que deriva del árabe al-hara, “barrio”. Un topónimo transparente es el Cabañal, barrio marítimo principal de Valencia: data del siglo XIII, cuando unos pescadores construyeron en la playa unas cabañas, de donde proviene cabañal, citado por primera vez en 1422 según el cronista Antonio Sanchis Pallarés (2009). Un parónimo de Cabañal es Campanar, derivado del latín capanna, “cabaña” y transformado en boca de cristianos catalanohablantes en campanar. Pobla (de Farnals) designa un lugar de poblamiento que estaba bajo la jurisdicción y el capricho de un señor, mientras que vila (como la Vilanova del Grau) dependía directamente del rey y, por ello, tenía una serie de privilegios respecto a los pueblos. Llocnou, Poblenou y Les Cases (de Bàrcena) son topónimos transparentes.

Odónimos

Los odónimos son nombres de vías de comunicación o de cosas asociadas a estas, como hostales, miliarios, adoquines… Entre estos topónimos que describen una red viaria hay que resaltar Quart (de Poblet): la etimología es latina y deriva de la distancia de cuatro millas romanas (unos 6 km) a la que se encuentra desde el foro de Valentia. Albalat dels Sorells parece que derive del árabe albalat, “el camino empedrado”, quizá referido a la Vía Augusta, que pasaba justo por el medio de la actual población. Patraix (ant. Petrairs, de petrarius, “de piedra”) es otro topónimo que podría hacer referencia a un camino empedrado, seguramente la misma Vía Augusta.

También relacionados con la red viaria son los hostales, que ofrecían alojamiento y comida a los viajeros y sus animales. Todos los topónimos valencianos que empiezan por massa– derivan del árabe manzal, “hostal”. En L’Horta existen cuatro bastante notables: Massamagrell en el camino de Valencia a Morvedre; Massalfassar, en el de El Puig; Massanassa, en el de Xàtiva; y Massarrojos, en el de Bétera. Según Barceló el topónimo Manises podría proceder de manāzil (plural de manzal), y se referiría a unos hostales del camino de Riba-roja. El topónimo Tavernes (Blanques) también indica la presencia de un hostal (en el camino de Barcelona), así como el de Tendetes (barrio valentino) junto al camino de Burjassot. La Venta del Emperador, en el camino de Barcelona, es el nombre antiguo del actual municipio de Emperador.

«En la etapa musulmana se consolida un sistema agrario basado en el riego a partir de las aguas del Turia y proliferan las alquerías. Los antropónimos de origen árabe de L’Horta se suelen corresponder con estas alquerías»

Antropónimos

En cuanto a topónimos derivados de nombre de persona o antropónimos encontramos los que derivan de época romana, como Paterna, derivado de paternus, -a, “relativo al padre”. Por lo que respecta a Meliana y Picassent, derivarían de sendos propietarios rurales tardoromanos: el de la villa aemiliana, propiedad de Aemilius, y el fundus *picatianus, perteneciente a *Picatianus, que evolucionaría a Picassén(t).

El geógrafo Emilio Iranzo (2014) comenta que en la etapa musulmana se consolida un sistema agrario basado en el riego a partir de aguas del Turia, se reestructura el parcelario y proliferan las alquerías. Los antropónimos de origen árabe que encontramos en L’Horta se corresponden normalmente con estas alquerías, entre las que predominan aquellas cuyo topónimo empieza por ­beni-, derivado del árabe ibn, “familia”, “clan”. Entre estas encontramos Beniparrell, Benimaclet, Benimàmet, Benifaraig, Benicalap, Benimassot (hoy el Forn d’Alcedo), Beniferri, y Benetússer. Otras alquerías de época musulmana son Vinalesa (ant. Benivolesar), Albuixec y Sedaví (ant. Benicidavi).

«Detrás de la críptica toponimia de L’Horta se oculta una riqueza patrimonial y paisajística desaparecida que forma parte de la identidad comarcal»

La conquista cristiana introdujo cambios en la organización agraria: los nuevos pobladores cristianos se concentraron en las alquerías más grandes, que se convirtieron en llocs y después en pueblos. La nobleza, el clero y los propietarios urbanos pasaron a ser los nuevos señores de los pueblos. El noble y militar catalán Pedro I de Montcada y Aragón, que tomó parte en la conquista de Valencia, fue recompensado con la torre, alquería y acequia llamada de Montcada en su honor. El topónimo Orriols deriva de Pedro de Orriols, canónigo de la catedral valentina durante el siglo XIV. El nombre de la alquería de Mirabel (ant. Miralbell) parece ser un antropónimo derivado del linaje de algún caballero catalán, mientras que el de la vecina alquería de Bonrepòs más bien sería un ejemplo de topónimo propagandístico, ya que describe un lugar agradable y seductor.

Entre los antropónimos de creación reciente destacan los de los pueblos de Emperador, Pinedo y Alcedo.

En la imagen, la Real Acequia de Montcada a su paso por Godella. Tanto el nombre de la acequia como el de la actual población provienen de Pedro I de Montcada y Aragón, noble militar catalán que participó en la conquista de Valencia. / José Luis Lagardera

Topónimos defensivos

Por último, encontramos los topónimos defensivos, relacionados con edificios como castillos, torres u otras fortalezas. En L’Horta abundan los nombres de pueblos que derivan de este tipo de edificaciones defensivas donde se enfatiza la seguridad del lugar. Por lo que respecta a torres, tanto Burjassot como Alboraia derivan del árabe burj, “torre”. Alcàsser proviene del árabe al-qasr, “fortaleza”. Castellar parece que tiene su origen en la alquería hispanomusulmana de Castelló (“castillo pequeño”) de la Albufera, citada en el Llibre del repartiment de Jaime I. La Torre se desarrolló a partir de una alquería fortificada del siglo XIV sobre el camino real de Xàtiva. El propio topónimo Valencia deriva del participio presente del verbo valere, “ser fuerte, vigoroso, saludable”, valens, -entis. El significado de Valentia es, por tanto, “fortaleza, vigor”, y es un reclamo propagandístico para invitar a los colonos romanos a instalarse en el oppidum o fortaleza valentina en el momento de la fundación (138 aC).

«La conservación de la huerta no es un hecho ajeno a los habitantes de la comarca: contribuye a mejorar la calidad de vida desde el punto de vista ambiental, económico, cultural e identitario»

El valor de la toponimia en la defensa del paisaje

El estudio toponímico de los núcleos habitados de L’Horta de Valencia, donde el paisaje hortícola ha desaparecido desde hace décadas o siglos, nos muestra que en el pasado predominaba un agrosistema hidráulico, basado en el aprovechamiento de las aguas del Turia, que fue la principal fuente de riqueza de la comarca hasta principios del siglo XX. Tras la críptica toponimia de L’Horta se oculta una riqueza patrimonial y paisajística desaparecida que forma parte de la identidad comarcal. Dando a conocer el significado de los topónimos urbanos principales de L’Horta propiciamos que la ciudadanía sepa que en el sitio donde hoy está su vivienda en el pasado hubo un paisaje agrario excepcional basado en una tradición milenaria de aprovechamiento del agua. Los urbanitas que hoy pueblan L’Horta –desconocedores de su espacio local inmediato– tienen la oportunidad de descubrir la riqueza patrimonial toponímica y el paisaje perdido que se oculta y así valorar más tanto lo que sobrevive de huerta como la tarea que llevan a cabo los labradores actuales para preservarla. La conservación de la huerta no es algo ajeno a los habitantes de la comarca: contribuye a mejorar la calidad de vida desde el punto de vista ambiental, económico, cultural e identitario.

REFERENCIAS

Barceló, C. (2010). Noms aràbics de lloc. Valencia: IIFV-Bromera.

Carmona, P., & Ruiz, J. M. (1999). Evolución reciente del delta del río Turia y la restinga de la Albufera de Valencia. En V. M. Rosselló (Ed.), Geoarqueologia i Quaternari litoral (pp. 321–331). Valencia: Publicacions de la Universitat de València.

Cavanilles, A. J. (1995). Observaciones sobre la historia natural, geografia, agricultura, población y frutos del Reyno de Valencia. Valencia: Bancaixa. (Trabajo original publicado en 1797).

Consell d’Europa. (2000). Convenio del paisaje. Florencia: Consejo de Europa.

Coromines, J. (1989-1997). Onomasticon Cataloniae. Els noms de lloc i noms de persona de totes les terres de llengua catalana. Barcelona: Curial Edicions Catalanes & La Caixa.

Esquilache, F. (2015). Els espais agraris i l’estructura social d’una gran horta fluvial andalusina. La construcció i evolució de l’Horta de València entre els segles VIII i XIII (Tesis doctoral inédita), Universitat de València, España.

Iranzo, E. (2014). La Huerta de Valencia. Incertidumbre para un paisaje cultural ancestral. En F. Molinero (Coord.), Atlas de los paisajes agrarios de España (pp. 512–532). Madrid: Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente.

Madoz, P. (1845-1850). Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar. Madrid: Establecimiento tipográfico de P. Madoz y L. Sagasti.

Riesco, P. (2010). Nombres en el paisaje: La toponimia, fuente de conocimiento y aprecio del territorio. Cuadernos Geográficos, 46, 7–34.

Rosselló, V. (2004). Toponímia, geografia i cartografia. Valencia: Publicacions de la Universitat de València.

Sanchis Ibor, C. (2000). Notes sobre la toponímia i l’evolució del paisatge a l’Albufera de València. En J. F. Mateu i E. Casanova (Eds.), Estudis de toponímia valenciana (vol. I, pp. 431–443). Valencia: Denes.

Sanchis Pallarés, A. (2009). Historia del Cabanyal. Poble Nou de la Mar (1238-1897). Valencia: L’Oronella.

Sauer, C. O. (1956). The education of a geographer. Annals of the Association of American Geographers, 46(3), 287–299.

Suchet, L. G. (1834). Atles [Documento cartográfico]. En Mémoires du Maré­chal Suchet, Duc d’Albufera, sur ses campagnes en Espagne, depuis 1808 jusqu’en 1814, écrits par lui-même. París: Anselin.

Tesser, C. (2000). Algunas reflexiones sobre los significados del paisaje para la Geografía. Revista de Geografía Norte Grande, 27, 19–26.

© Mètode 2017 - 91. SheScience - Otoño 2016

Profesor del departamento de Geografía. Universitat de València.

ARTÍCULOS RELACIONADOS