Futuros digitales

Breve ensayo sobre la vida sostenible en la era digital

doi: 10.7203/metode.10.12539

Las siguientes reflexiones se basan en la premisa de que la vida individual y social se abre a un conjunto de posibilidades entre las cuales la digitalización es una de ellas y no una meta única en un proceso histórico determinista. La sociedad, entendida como interacción entre ciudadanos libres y entre estos y el gobierno, tiene actualmente la tarea de fomentar la participación de todos en la creación de posibles futuros digitales sobre la base de reglas de juego limpias así como de promover la ilustración digital tanto en el sentido de educar en el manejo de las tecnologías digitales como de la reflexión crítica sobre ellas con relación a formas de vida sustentables.

Palabras clave: era digital, vida sostenible, desinformación, vigilancia, pensamiento.

Introducción

¿Hasta qué punto se puede prever que un futuro posible significará realmente un vivir sostenible para todos? ¿Quiénes son estos todos y qué significa sostenible? ¿Qué utopías y distopías digitales o modos de orden y desorden se nos están presentando ya a nosotros –es más ¿a quién nos referimos con este nosotros?– y cuáles queremos evitar?

Es necesario crear espacios digitales públicos donde los ciudadanos no paguen con sus datos, sino con sus impuestos, y no estén sujetos a los intereses implícitos o explícitos de los gigantes privados digitales. / Jens Johnsson / Unsplash

¿Significa, tal vez, una visión conforme a la cual estaremos mejor informados si estamos digitalmente formateados o «in-formados», una meta que debemos desear si queremos actuar responsablemente en un futuro digital? ¿Significa imaginar un futuro digital, diseñar un mundo en el que los movimientos de todo tipo estén regulados por algoritmos? ¿Pero no consiste el futuro en el hecho de que siempre se nos presenta como un conjunto de posibilidades que se abren en el momento mismo en que algunas de ellas se vuelven realidad? A menudo creemos que todos nuestros planes son buenos solo si podemos calcular de antemano todas las posibilidades recurriendo, en la era digital, a algoritmos y big data con la esperanza de escapar a la apertura de la acción humana sometida a lo imprevisible (Capurro, 2014).

Vivir en la era digital

El futuro digital ya ha encontrado su sello conceptual cuando hablamos de vida «inteligente» (“smart”). No solo tendremos hogares, ciudades y todo tipo de objetos smart, es decir, digitalmente conectados, sino que también seremos nosotros mismos smart superando a la inteligencia humana, producto de la evolución biológica y cultural. «Ser digital o no ser» es la alternativa que, recordando a Hamlet, deberíamos tener en cuenta cuando se trata de imaginar un futuro en el que la diferencia entre lo real y lo digital, como una perspectiva posible de vivir, se percibe como confusa o ha sido cancelada.

«Pensar futuros digitales consiste en resistir a las obsesiones de un orden digital previsto con ambiciones absolutas»

Pero todo futuro, con sus formas posibles de éxito y fracaso, solo se muestra en el presente en forma vaga. No podemos apoderarnos de él, sino solo permitir que se manifieste desde sí mismo en vez de proyectarlo desde nuestra subjetividad y nuestra voluntad de poder. Para abrirnos a futuros posibles que se muestran y ocultan, necesitamos dos cosas: pensamiento y tiempo. Ambos son escasos. Solo en base a un pensamiento libre, es decir, abierto a futuros que advienen y son vistos como posibilidades, podemos desenmascarar algunas de las formas negativas de futuros digitales y en especial aquella en la que imaginamos lo digital como forma de un futuro único, unívoco y último (Morozov, 2013). Pensar futuros digitales consiste en resistir a las obsesiones de un orden digital previsto con ambiciones absolutas. Este tipo de «pre-visión» es una gnosis digital, es decir, un sustituto del dogmatismo religioso..

Res publica digitalisRes privata digitalis

¿Podemos imaginar posibles res publica digitalis y res privata digitalis más allá de un bienestar digital paternalista, tanto por parte del gobierno como de empresas privadas que enmascaran sus verdaderos intereses detrás de promesas de bienestar? El gobierno debe garantizar la igualdad de oportunidades y al mismo tiempo la protección de la vida social en su conjunto, algo que la res privata digitalis no puede proporcionar aunque lo proclame. ¿Cómo se pueden regular las tensiones entre lo uno y lo otro? Corremos el peligro constante de privar a la ciudadanía de su libertad y su dinero mediante un paternalismo gubernamental en el que la sociedad civil es vista como incapaz de ocuparse de sus propios asuntos o de hacerlo prescindiendo de todo gobierno y leyes. Sin embargo, esta visión dualista basada en clichés solo genera polémica e irreflexión.

«¿Cuándo es una buena opción digital ceder nuestra propia libertad temporal o permanentemente a terceros y cuándo no lo es?»

¿Cuándo es una buena opción digital para mí o para otros, útil o incluso necesaria, ceder nuestra propia libertad temporal o permanentemente a terceros (es decir, transferida a algoritmos) y cuándo no lo es? Al menos desde la revolución industrial, estamos buscando soluciones individuales y sociales a esta pregunta, con los reconocidos abusos gubernamentales y de la minoría afortunada (happy few) que cree que pueden responder de forma únicamente filantrópica. Marx elaboró una crítica de las formas de descomposición de las ideas de orden en las sociedades capitalistas de la era industrial, que abre también puertas al pensamiento en la era digital. Si queremos imaginar y realizar posibles futuros digitales vivibles tanto en el ámbito privado como público, debemos dejar que surja el pensar, como «pre-visión» de la acción, con diversas formas sustentables y no sustentables de convivencia social y ecológica (Capurro, 2008). La famosa undécima tesis de Marx sobre Feuerbach dice: «Los filósofos han solo interpretado el mundo de diversos modos, se trataría de cambiarlo»1 (Marx, 1969, p. 5). Aunque esta tesis es entendida a menudo como una crítica a «los filósofos» y una defensa de la acción, en realidad lo que hace es indicar que toda posibilidad de cambiar el mundo se construye sobre una nueva interpretación. Toda acción se basa en una «pre-visión» y esta surge de la apertura del pensar a lo que puede ser.

Ante el futuro digital debemos plantearnos cuestiones como cuáles son los límites de la digitalización en la vida privada y política. En la imagen, una de las funciones del asistente virtual de Apple, Siri, para monitorizar aspectos relativos a la salud del usuario. / Apple

Sobre la equidad

¿Dónde, para quién, en qué medida y a qué precio tiene sentido la vida digital? ¿Cuáles son los límites de la digitalización en la vida privada y política? ¿Qué es bueno como una posibilidad para la comunidad en conjunto y qué lo es para mí o para nosotros? ¿Qué deberíamos promover o prohibir de forma taxativa por ley y qué no? ¿Cómo podemos iniciar una reflexión crítica duradera, académica y cotidiana, sobre el buen vivir en futuros digitales? ¿Qué función tienen los medios de comunicación en la promoción de tal reflexión? Por ejemplo, en la República Federal de Alemania, el respeto de las normas básicas acordadas constituye el marco de esta sociedad, cuya legitimidad se basa en tradiciones culturales y en las dolorosas experiencias del pasado reciente. Esto vale también para otras naciones, no solo en Europa, así como para la Comunidad Europea misma (European Commission, 2018). De este modo, todos los grupos políticos y sociales, incluidas las instituciones educativas en particular, deben garantizar que los posibles futuros digitales se ajusten a las normas que deben garantizar el juego limpio o fair play de todas las fuerzas sociales.

Hoy utilizamos la expresión fair, especialmente en el contexto del deporte. Su uso antiguo, sin embargo, nos informa acerca de otros contextos que se refieren a las feriae, fiestas o vacaciones latinas, y por lo tanto a un contexto regulatorio de libertad, belleza y paz. Las aplicaciones deportivas solo han existido desde mediados del siglo XIX. En términos de posibles formas bien ordenadas de futuros digitales, podemos usar el término fairness, en este sentido más amplio, que está en relación con el término latino integritas. Este, a su vez, es de origen griego, o más precisamente aristotélico, y se refiere al desarrollo y preservación de una totalidad (holon) (Aristóteles, 1924). Como sabemos por la historia reciente, tomando como ejemplo las compañías de automóviles, la integridad de estas empresas es bastante frágil a pesar de proclamar lo contrario. Para proteger un conjunto de la decadencia y del desorden es necesaria una atención continuada por parte de todos sus elementos no solo en relación a un ente concreto sino a sus relaciones con otros entes a nivel local o global. Pensar la integridad de un todo significa también analizar las diversas maneras de ocultación o encubrimiento de lo que puede ser. Así, una forma de bloquear futuros vivibles de una sociedad puede consistir en defender el lema non plus ultra (“no más allá) de un determinado orden digital o no-digital como algo supuestamente incambiable.

La sociedad de la desinformación

La así llamada «sociedad de la información» es, de manera cada vez más alarmante, una sociedad de la desinformación; es decir, de formas de vida públicas y privadas con impacto tanto en la vida digital y no digital, como a nivel local y global (Castells y Himanen, 2014; Froehlich, 2017). La res publica, es decir, la ciudadanía y su gobierno, debería crear lugares digitales públicos semejantes a los espacios públicos reales, asegurándose de que haya alternativas públicas donde los ciudadanos no paguen con sus datos, sino con sus impuestos, y no estén sujetos a los intereses implícitos o explícitos de los gigantes privados digitales.

«La llamada sociedad de la información es de manera cada vez más alarmante una sociedad de la desinformación»

La comunicación es el aglutinante de una sociedad. Por tanto, no puede ponerse unilateralmente del lado de la res privata digitalis y tampoco basta con imponerle límites legales. Es necesario aprender y practicar la libertad de pensamiento y de acción, es decir, saber ver y decir «sí» o «no» a opciones digitales y no digitales, asumiendo diferentes tipos de riesgos y manteniendo abiertas teóricamente –y, en la medida de lo posible, también prácticamente– otras posibilidades, cuestionando imperativos absolutos dictados o proclamados por poderes públicos o privados y el capitalismo de vigilancia (Zuboff, 2019).

El futuro digital ha encontrado su sello conceptual cuando hablamos de vida «inteligente». No solo tendremos hogares, ciudades y todo tipo de objetos smart, sino que nosotros mismos estaremos conectados digitalmente. Dispositivos como los relojes inteligentes (a la izquierda) o los navegadores en los coches (a la derecha) se han convertido ya en elementos cotidianos. / Luke Chesser / Unsplash (i) / Bosch (d)

También es necesario imaginar diferentes formas de movilidad que no estén obsesivamente relacionadas con el tema de la conducción autónoma, sino que tengan en cuenta los diferentes objetivos y contextos, incluido el interés de la industria del automóvil (Capurro, 2017a). ¿Por qué esta rama de la industria no ha lanzado una ofensiva de pensamiento libre, interdisciplinario e intercultural con una serie de publicaciones y simposios de todo tipo sobre futuros de la movilidad? Las bibliotecas públicas digitales son una buena forma de comunicación del conocimiento en la era digital. Esto no disminuye la importancia de las bibliotecas clásicas como un lugar donde el acceso al conocimiento digitalizado está abierto a todos. Lo mismo se aplica a diferentes formas de aprendizaje digital y presencial, así como a la capacidad de pensar sobre qué, para qué y para quién estas posibilidades son ventajosas. Se pueden extender estas referencias a preguntas concretas sobre los futuros digitales según se desee. Estamos solo al principio. Las oportunidades abiertas por la digitalización son impresionantes. Es, por tanto, más importante no absolutizarlas teórica o prácticamente. Pero para eso necesitamos pensamiento y tiempo. Pensar necesita tiempo.

La digitalización deja abiertas oportunidades impresionantes, en la creación de bibliotecas digitales o para el aprendizaje virtual o presencial. No obstante, debemos entender el concepto de ilustración digital como una cuestión más amplia e ir más allá de la educación en el manejo de las tecnologías. / Deisgned by Freepik

Sobre la ilustración digital

«Vivimos ahora –se preguntó Immanuel Kant– en una época ilustrada2 (Kant, 1975, p. 59). Aunque la respuesta fuese que no, sí consideraba que era una época de ilustración. Kant esperaba que cuando «la inclinación y vocación al libre pensar»3 se hubiera desarrollado, esto repercutiría gradualmente no solo en el modo de ser del pueblo, haciéndolo cada vez más capaz de «la llibertad de actuar»4, sino también «en los principios del gobierno»5, que tratarían al ser humano, «que es algo más que una máquina, conforme a su dignidad»6 (Kant, 1975, p. 61). ¿Qué mejor orientación para el pensar y actuar en futuros digitales que estas palabras de Kant publicadas en Königsberg el 30 de setiembre de 1784? La dignidad de la persona humana que hace referencia a la pregunta «¿quién soy?» es diferente a su digitalización con valor de cambio que responde a la pregunta «¿qué soy?» (Capurro, 2017b; Capurro, Eldred y Nagel, 2013). La diferencia entre ambas preguntas es la base del pensar ético. ¿Vivimos en una era digital ilustrada? La respuesta es no, pero sí en la era de la ilustración digital. Debemos aprender la vocación del libre pensamiento fuera del ámbito aun en pañales de los algoritmos (Seyfert y Roberge, 2016). Y para ello debemos ampliar el concepto de ilustración digital (digital literacy) (Limberg, Sundin y Talja, 2012), que generalmente se entiende como la educación en el manejo de las tecnologías digitales y no como la tarea de pensar la vida individual y colectiva en vista a futuros digitales sostenibles.


1. Die Philosophen haben die Welt nur verschieden interpretiert, es kömmt darauf an, sie zu verändern. (Traducción al castellano del autor). (Vuelve al texto)

2. Leben wir jetzt in einem aufgeklärten Zeitalter? (Traducción al castellano del autor). (Vuelve al texto)

3. der Hang und Beruf zum freien Denken. (Traducción al castellano del autor). (Vuelve al texto)

4. Freiheit zu handeln. (Traducción al castellano del autor). (Vuelve al texto)

5. die Grundsätze der Regierung. (Traducción al castellano del autor). (Vuelve al texto)

6. der nur mehr als Maschine ist, seiner Würde gemäß zu behandeln. (Traducción al castellano del autor). (Vuelve al texto)


Referencias
Aristóteles. (1924). Metaphysics. W. D. Ross (Ed.). Oxford: Clarendon Press.

Capurro, R. (2008). On Floridi’s metaphysical foundation of information ecology. Ethics and Information Technology, 20(2–3), 167–173. Disponible en http://www.capurro.de/floridi.html

Capurro, R. (2014). La libertad en la era digital. Informatio. Revista del Instituto de Información de la Facultad de Información y Comunicación, 19(2), 5–23. Disponible en http://informatio.eubca.edu.uy/ojs/index.php/Infor/index

Capurro, R. (2017a). Autonomous zombies are not an option. 2025 AD. The Automatic Driving Community.

Capurro, R. (2017b). ¿Quiénes somos en la era digital? Bibliotecas. Anales de Investigación, 13(2), 231–234. Disponible en http://revistas.bnjm.cu/index.php/anales/issue/view/270/showToc

Capurro, R., Eldred, M., & Nagel, D. (2013). Digital whoness. Identity, privacy and freedom in the cyberworld. Berlín: De Gruyter.

Castells, M., & Himanen, P. (2014). Reconceptualizing development in the global information age. Oxford: Oxford University Press.

European Commission. (2018). Communication artificial intelligence for Europe. Disponible en https://ec.europa.eu/digital-single-market/en/news/communication-artificial-intelligence-europe

Froehlich, T. J. (2017). A not-so-brief account of current information ethics: The ethics of ignorance, missing information, misinformation, disinformation and other forms of deception or incompetence. BiD: Textos Universitaris de Biblioteconomia i Documentació, 39. doi: 10.1344/BiD2017.39.8

Kant, I. (1975). Beantwortung der Frage: Was ist Aufklärung? En Schriften zur Anthropologie, Geschichtsphilosophie, Politik und Pädagogik (pp. 53–61). Darmstadt: Wissenschaftliche Buchgesellschaft.

Limberg, L., Sundin, O., & Talja, S. (2012). Three theoretical perspectives on information literacy. Human IT, 11(2), 93–130. Disponible en https://humanit.hb.se/article/view/69/51

Marx, K. (1969). Thesen über Feuerbach. Marx-Engels Werke, 3. Berlin: Dietz. Disponible en http://www.mlwerke.de/me/me03/me03_005.htm

Morozov, E. (2013). To save everything, click here: The folly of technological solutionism. Nueva York: Public Affairs.

Seyfert, R., & Roberge, J. (Eds.). (2016). Algorithmic cultures: Essays on meaning, performance and new technologies. Londres/Nueva York: Routledge.

Zuboff, S. (2019). The age of surveillance capitalism: The fight for a human future at the new frontier of power. Nueva York: Public Affairs.


Agradecimientos
Agradezco al Dr. Michael Eldred (Colonia), a la Prof. Dr. Francesca Vidal (Landau), y al Dr. Daniel Nagel (Stuttgart) por la crítica formal y sustantiva de este texto y al Prof. Dr. Pere Puigdomènech (Barcelona) por la ayuda en la redacción de este texto en castellano, basado en el artículo: Capurro, R. (2018). Digitale Zukünfte: Res Publica Digitalis. Agora42. Das philosophische Wirtschaftsmagazin, 2, 64-68.

© Mètode 2019 - 102. Ciencia y nazismo - Volumen 3 (2019)
Doctor en Filosofía. Fundador del International Center for Information Ethics (ICIE) de Karlsruhe (Alemania) y profesor emérito de Ciencia de la Información y Ética de la Información en la Stuttgart Media University (Alemania). Sus líneas de investigación se centran en la hermenéutica, la ética de la información, los fundamentos de la ciencia de la información y en la angelética (teoría de los mensajes). Ha publicado diversos libros en estas áreas, el último de ellos Homo digitalis (Heidelberg, 2017). rafael@capurro.de