Planes de negocio. Lecturas de ciencia para inversores

De siempre, los científicos que han intentado ganar dinero con sus descubrimientos han tenido que ver si les salían las cuentas. Ahora bien, no me consta que Pasteur hiciese nunca un plan de negocio tal como lo conocemos. La formalización de las herramientas de gestión es mucho más reciente.

Un plan de negocio es una propuesta de actividades que deben resultar en un beneficio para todos los que participan a cambio de ofrecer algún servicio o producto a clientes que están dispuestos a pagar por tenerlo. Explica en pocas páginas lo que se pretende hacer, qué recursos serán necesarios y en qué tiempo se obtendrán beneficios.

Normalmente, la persona que escribe el plan de negocio tiene unos lectores concretos en mente: los inversores. Warren Buffet, que de invertir sabe bastante, dice que no debes invertir nunca en un negocio que no entiendas. Por eso las empresas basadas en la investigación científica lo tienen crudo a la hora de presentarse ante un inversor potencial. No es lo mismo decir «necesito dinero para poner en marcha un outlet en internet», que decir «necesito dinero para una prueba de concepto de virus oncolíticos para tratar el cáncer de páncreas». Si el inversor es un científico que ha hecho fortuna, puede entender de qué le están hablando. Pero si el inversor ha hecho su fortuna en las telecomunicaciones o la gran distribución, toda la cháchara científica le dará más miedo que un nublado. Lo que quiere saber es si la tecnología funciona, cuánto dinero puede ganar y cuándo.

Entonces, ¿cómo se hace? Normalmente los científicos empiezan hablando del descubrimiento, y van avanzando hasta demostrar sus aplicaciones prácticas. En este formato lineal los inversores han perdido interés para cuando llega la parte esencial de la lectura. En cambio, una presentación de la información en orden inverso tiene más probabilidad de mantener la atención de los lectores. Una historia que empiece con una necesidad no cubierta, explique cómo se cubrirá y, solo cuando eso está muy claro, entre a detallar la base científica de la empresa, puede hacer que los lectores entiendan todo el proceso, y sopesen si les interesa o no.

Eso requiere un esfuerzo para el científico. Tiene que invertir el orden lógico de una exposición en un texto que no es de divulgación y tiene que mantener la información técnica a un nivel lo bastante detallado como para convencer, pero lo bastante esquemático como para no hacer perder el hilo. Y, a diferencia de todo el resto del plan de negocio, este fragmento no lo puede escribir ningún experto externo.

El creciente interés en la comercialización de los resultados de la investigación ha empujado a muchos científicos a experimentar con este género. A diferencia de la mayoría de escritos científicos, la importancia de hacerlo bien o no se mide en dinero en efectivo –mucho más del que podría ganar nunca escribiendo libros.

Bibliografía
Cohen, L., 2002. «Writing Your Business Plan». Nature Biotechnology, 20: BE33-BE35.
Osterwalder, A. y Y. Pigneur, 2010. Business Model Generation. Wiley. Londres.

Jesús Purroy. Biólogo y escritor (Barcelona).
© Mètode 75, Otoño 2012.  

 

   
© Mètode 2012 - 75. El gen festivo - Otoño 2012

Biólogo y escritor (Barcelona)