Expediciones científicas en la televisión andaluza: aventura y rigor

La alianza, o la simple complicidad, entre científicos y periodistas es, en nuestro país, una de esas rarezas que hipotecan la divulgación científica a gran escala. Y lo paradójico de este desencuentro es que en ambos colectivos se manifiestan necesidades cuya satisfacción podría resolverse, en gran medida, con el establecimiento de esa, hasta ahora, rara alianza.

Los científicos necesitan divulgar sus interrogantes, sus retos, la utilidad social de su trabajo, sus problemas, las respuestas que han sido capaces de iluminar… Necesitan socializar las incertidumbres que habitan en la investigación, para que esta pueda ser entendida en sus justos términos. Precisan, como no había ocurrido hasta ahora, de un respaldo social que, a la postre, se traduzca en un decidido respaldo político, que es del que nacen los recursos, materiales o financieros, que requieren. En definitiva, necesitan escapar de los círculos endogámicos en los que con demasiada frecuencia se refugian, y salir así a la calle y explicar, y explicarse, ante los ciudadanos.

Los periodistas, por nuestra parte, estamos necesitados de noticias, de novedades, de descubrimientos, de aventuras, de esfuerzos titánicos, de misterio… ¿Y no son estos los materiales con los que a menudo, por no decir siempre, se teje la actividad científica? En una sociedad cada vez más tecnificada, cada vez más vinculada al hecho científico y sus consecuencias en la vida cotidiana, necesitamos contar esa nueva, y poderosa, dimensión de nuestra realidad. Y contarla, eso sí, de manera atractiva, de forma que pueda ser comprendida por aquellos para los que la ciencia es un territorio oscuro, complejo e intraducible, sin traicionar, al mismo tiempo, el rigor con el que se construyen los materiales de la ciencia.

Si estamos condenados a entendernos, ¿por qué no nos entendemos? En la mayoría de los casos poco hacen científicos y periodistas para acercar posiciones, para entender al contrario, para saber de sus miedos y dificultades y buscar así la manera de salvarlas. Y en este esfuerzo por construir una alianza honesta es, justamente, en el que nos embarcamos, hace ya unos cuantos años, los periodistas que trabajamos en el programa Espacio protegido (el informativo semanal de medio ambiente que, desde 1998 y con una duración de 60 minutos, se emite en Canal Sur 2 – Radio Televisión de Andalucía) y los investigadores de la Estación Biológica de Doñana (EBD – Consejo Superior de Investigaciones Científicas).

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Filmación de ballenas en la península Valdés, durante la grabación del documental El sur infinito, sobre una expedición científica en Argentina. / H. Garrido EBD-CSIC

Después de más de una década de intensa relación que, lógicamente, había derivado en una notable confianza mutua, en 2002 decidimos dar un paso adelante y plantear una experiencia pionera en nuestro país. El director de la Estación Biológica de Doñana, Fernando Hiraldo, y yo mismo, como editor de Espacio protegido, nos hicimos la siguiente pregunta: ¿seremos capaces de producir, mano a mano y en igualdad de condiciones, materiales y herramientas de divulgación que sean valiosas para ambos? O, dicho de otra manera, ¿podemos elaborar productos de divulgación científica que sean atractivos desde el punto de vista televisivo y que, al mismo tiempo, sean rigurosos y puedan resultar de utilidad para los científicos?

Para resolver estos interrogantes acordamos un territorio común en el que buscar las respuestas, un territorio en el que, a priori, ambos nos sintiéramos cómodos. Ese territorio resultaron ser las expediciones científicas, por utilizar un término que todo el mundo identifica con facilidad, aunque en realidad se trate de esos viajes, casi cotidianos, que los científicos de la EBD deben realizar a distintos puntos del planeta para resolver sus proyectos de investigación.

Seleccionamos, de mutuo acuerdo, aquellos viajes que combinaran el interés de la propia actividad científica que se iba a desarrollar con otros elementos capaces de enriquecer el discurso televisivo (la variedad de los trabajos a ejecutar, el vínculo con fenómenos o problemas presentes en España, la cooperación con otros investigadores foráneos o el propio atractivo de los escenarios naturales en donde se iba a trabajar). Creamos, y aquí está el elemento más novedoso y arriesgado de la experiencia, un equipo mixto de trabajo, de tal manera que renunciamos al modelo tradicional (un equipo de televisión que documenta, mirando desde el exterior, el trabajo de los científicos de acuerdo a sus indicaciones) y acordamos una fórmula en la que todos trabajáramos, mano a mano y en igualdad de condiciones, desde el principio hasta el final, desde el propio diseño del viaje hasta la redacción y montaje de los guiones finales. Así los periodistas teníamos que empaparnos de las condiciones en las que diseñaban y ejecutaban su trabajo los científicos, y estos también tenían que ponerse en nuestro pellejo para prever nuestras necesidades y adaptarse a ellas.

Se trataba, en definitiva, de documentar las expediciones tal cual, desde dentro, en tiempo real, en las mismas condiciones en que estas se desarrollaban, sin teatralizar, sin evitar las dificultades, asumiendo los tiempos muertos, las duras condiciones de vida, los fracasos… Aprovechando las sorpresas que pudieran surgir y haciendo de las dificultades de un rodaje de estas características un elemento más que pudiéramos rentabilizar como «materia prima» informativa. Fieles a estos principios, también renunciamos a desplazar un gran equipo humano o a dotarnos de sofisticados sistemas de grabación. Tres personas (director, realizador y operador de cámara-sonido) con una equipación que no dista mucho de la que cualquier televisión desplaza a una sencilla rueda de prensa.

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Identificación de aves en la Pampa, durante la grabación del documental El sur infinito, sobre una expedición científica en Argentina. / H. Garrido EBD-CSIC

La iniciativa, a la que en 2006 se sumaron el Parque de las Ciencias de Granada y la FECYT, se ha materializado hasta la fecha en cuatro series documentales emitidas en Canal Sur TV – Canal Sur 2, series que, en total, suman nueve capítulos, de treinta minutos cada uno, y otros cuatro capítulos, de 50 minutos cada uno: El jardín de los vientos (expedición a Kazajstán, 2003), Mauritania, tres colores (expedición a Mauritania, 2004)1, El sur infinito (expedición a Argentina, 2006) y Planeta Australia (expedición a Australia-Tasmania, 2009).

Aventura y rigor no son valores incompatibles en este producto televisivo poco convencional. Documentales atípicos que refuerzan el compromiso de la Radio Televisión de Andalucía (RTVA) con la divulgación de la ciencia y la difusión de aquellos proyectos que buscan mejorar el conocimiento y protección de nuestro patrimonio natural, haciendo atractivo este empeño para el gran público y, sobre todo, para los espectadores más jóvenes. Al margen de su emisión en los canales de la televisión pública andaluza, los documentales están disponibles en Internet2 y numerosos centros de enseñanza solicitan su proyección con fines educativos.

Apostamos por un producto informativo que no renuncia al espectáculo pero que no se deja secuestrar por él. Y todo este esfuerzo, no lo olvidemos, lo estamos realizando desde instituciones públicas. Desde ámbitos aparentemente muy alejados, la RTVA y el CSIC han encontrado un territorio común para educar, para divulgar, para entretener, para informar, para sorprender y, si me apuran, hasta para fomentar las vocaciones científicas y periodísticas.

NOTAS:
1. Premio a la mejor producción española en el Festival Internacional de Naturaleza y Televisión. (Volver al texto)
2. El último de los documentales producidos, Planeta Australia: los archivos de la Tierra, puede verse íntegro en Internet. (Volver al texto)

© Mètode 2010 - 66. Onda verde - Número 66. Verano 2010

Periodista especializado en información ambiental. Director de Espacio protegido (Canal Sur 2 – RTVA). Director del Seminario Internacional de Periodismo y Medio Ambiente (Córdoba).