Joan Pellicer, «In memoriam»

Joan Pellicer

La etnobotánica se construye con gente capaz de entender los múltiples lenguajes en los que se expresa la naturaleza; de interpretarlos y relacionarlos con los conocimientos transmitidos oralmente o mediante rituales, costumbres, leyendas y mitos; o a través de poemas, esculturas, pinturas, canciones, refranes, recetas culinarias y de tantas formas expresivas como las generadas por los humanos a lo largo del tiempo.

«Nos quedan sus libros, las grabaciones, el material por inventariar y los recuerdos que atesoramos los que compartimos con Joan Pellicer la aventura etnobotánica»

Adquirir, organizar y «cocinar» estos ingredientes precisa combinar interés, sabiduría y empatía: aproximarse exquisitamente a las fuentes, depurar lo que se recoge, jerarquizar y ampliar la información, sentir palpitar los siglos de observación, de relaciones, de pruebas…

Si ha habido alguien capaz de reunir todo eso y de comunicarlo a través de libros y artículos, de series televisivas, de docencia peripatética y capaz de mantener la atención gracias al dominio del léxico, de la sintaxis, de la redacción, este era Joan Pellicer (1947-2007).

Hoy nos quedan sus libros, las grabaciones, el material por inventariar… y los recuerdos que atesoramos los que compartimos con él la aventura etnobotánica y que nos sentíamos afortunados cuando Joan nos regalaba lo que sus sentidos habían aprendido a captar, fortalecidos por el cariño por la tierra y por la gente; y cuando utilizaba la palabra y el gesto para combinar, de manera armónica, versátil y al mismo tiempo sólida, el conocimiento y el sentimiento, la sabiduría y la alegría, la sensibilidad y el interés inacabable por lo que nos rodea.

Nos conocimos epistolarmente. Había leído mi libro Les nostres plantes y me invitó a asistir a la presentación, en el Centro de Profesores de Gandía, de su opera prima, el exquisito «álbum de cromos» Lluors de Gaia (1989). La introducción ya anunciaba lo que sería su obra futura: «un motivo de acercamiento al hermoso y misterioso mundo salvaje que nos rodea, un estímulo para conocerlo y respetarlo, y una semilla de amor por toda la Naturaleza, cuya exploración y contemplación son el mejor camino y la más apasionante aventura.»

Aunque su centro era Diània, el rombo encabalgado sobre la vocación mediterránea del Sistema Bético, su trabajo era metodológicamente válido para cualquier lugar. Y al cruzar geografía e historia, lingüística y medicina, con la botánica y el saber popular, nos ofrecía una obra singular y al mismo tiempo múltiple: los libros «de viajes» Meravelles de Diània (caminos y paisajes de las comarcas centrales valencianas; 1995 y 2002) y De la Mariola a la mar (viaje por el río Serpis; 1997); los herbarios comarcales Lluors de Gaia. Herbari breu de la Safor (1991) y Bellreguard, verd esguard (1994); el pequeño compendio Flora pintoresca del País Valencià (1999); los tres volúmenes etnobotánicos del Costumari botànic (2000, 2004); los programas televisivos, de Gandia TV y Punt 2 (Les nostres plantes, dentro del excelente Medi Ambient); la docencia en la Universidad de Alicante o las escuelas de verano. Y por supuesto las colaboraciones con Mètode, con su serie «Botànica estimada», revista desde donde ahora le rendimos homenaje.

© Mètode 2012 - 72. Botánica estimada - Invierno 2011/12

Catedrático de secundaria de Ciencias de la Naturaleza.
IES Badia del Baver (Alicante)