¿Tóxicos o salud?

Con la temática de la química y el medio ambiente, el Espai Ciència del Centre de Cultura Contemporània Octubre y la Cátedra de Divulgación de la Ciencia de la Universitat de València continúa el ciclo de conferencias para conmemorar el Año Internacional de la Química. El pasado miércoles 11 de mayo llegó el turno de la salud y el entorno medioambiental. Joan O. Grimalt, director del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua del CSIC-Barcelona, fue el ponente de la charla Tòxics o salut: què passa al País Valencià?

«La realidad es que tanto nosotros como nuestro entorno vivimos contaminados por unas sustancias cuyo efecto a largo plazo no conocemos»

El hilo conductor de las reflexiones del reconocido y prestigioso ambientólogo y toxicólogo mallorquín fueron los compuestos químicos. Estos productos han proporcionado ventajas para el desarrollo humano, pero también han supuesto grandes problemas de toxicidad, tanto en el terreno ambiental como por los diferentes efectos en la salud humana.

Para poner en contexto a la audiencia, Grimalt escogió la historia del DDT (diclorodifeniltricloroetano), un compuesto que se popularizó a mediados de los años cincuenta del siglo pasado. Esta sustancia irrumpió con fuerza en el mercado de los insecticidas y su uso se extendió como erradicador del mosquito que transmitía la malaria. En aquellos tiempos, el paludismo era una enfermedad que afectaba a grandes cantidades de población, sobre todo aquellas que estaban situadas en zonas húmedas y de gran proliferación de colonias de mosquitos.

Pero el DDT, concebido como la panacea de los insecticidas, fue prohibido pocos años después, a raíz de la publicación del libro de Rachel Carson Silent Spring (1962). En él esta investigadora ponía de relieve que el DDT afectaba de un modo muy peligroso a la continuidad de las aves. El compuesto, introducido en la cadena trófica de las hembras ovíparas, reblandecía las cáscaras de los huevos, lo que redujo considerablemente algunas poblaciones de aves de zonas húmedas, como por ejemplo las rapaces.

En la imagen, Joan O. Grimalt en un momento de la seua intervención en la charla que continua con el ciclo de conferencias para conmemorar el Año Internacional de la Química organizado por el Espai Ciència del Centre de Cultura Contemporània Octubre y la Cátedra de Divulgación Científica de la Universitat de València. / © Prats i Camps

Aunque existía el precedente de la prohibición del DDT, otros compuestos como el HCB (hexaclorobenzeno) y el PCB (policlorobifenilo), creados por el ingenio humano durante los años sesenta, también se usaron indiscriminadamente. El profesor Grimalt apuntaba que uno de los problemas más graves de los compuestos químicos de este tipo, a parte de los efectos médicos en la salud de los ciudadanos, es que «tienen unos altos índices de persistencia en el medio ambiente y son semivolátiles, es decir, que las vías de transmisión son muchas y variadas». Este proceso, conocido como destilación global, ha comportado que comunidades aisladas del uso de estos compuestos, como los inuits del Círculo Polar Ártico, presenten altas concentraciones de HCB y DDT en la sangre.

Cuando se mostraron estos datos de afectación, las reacciones no se hicieron esperar. El Convenio de Estocolmo estableció la prohibición de usar estos compuestos químicos tanto por el peligro hacia la salud de la población como por la incidencia en el medio ambiente. Pero el profesor Grimalt alertaba al final de su conferencia de que «desde 2004, la OMS ha autorizado de nuevo el uso de derivados del DDT para seguir luchando contra la malaria en muchos países africanos».

Grimalt presentó los resultados de los estudios que su equipo ha llevado a cabo y que han detectado entre mujeres embarazadas y sus hijos recién nacidos concentraciones significativas de compuestos químicos en la sangre. Los estudios, realizados en varios hospitales del territorio de habla catalana, mostraban que las mujeres valencianas eran las que menos concentración de sustancias compuestas presentaban en la sangre, dejando por detrás las muestras de Menorca y Cataluña.

Aunque desde la aprobación de la normativa REACH (Registro, Evaluación y Autorización de Productos Químicos, en inglés) todos los fabricantes están obligados por ley a hacer estudios de toxicidad de todos sus productos, Grimalt sentenciaba que «la realidad es que tanto nosotros como nuestro medio ambiente vivimos contaminados por unas sustancias cuyos efectos a largo plazo desconocemos».

© Mètode 2011

Estudiant de Periodisme de la Universitat de València.