Del artículo científico a la prensa: un proceso controvertido

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1_ripollesUniversitat de Barcelona
De izquierda a derecha, José Marco Pallarès, Pablo Ripollés y Antoni Rodríguez Fornells, los investigadores de la UB-IDIBELL que han liderado el trabajo «El rol de la recompensa en el aprendizaje de palabras y sus implicaciones en la adquisición del lenguaje».]

El pasado 24 de octubre los lectores de La Vanguardia pudieron leer el llamativo titular «Aprender palabras produce el mismo efecto que el sexo». También lo hizo Pablo Ripollés Vidal, y desde entonces comenzó a librar su particular batalla de David contra Goliat. En este caso el gigante a combatir eran los grandes medios, y el arma, las herramientas que proporciona Internet y el apoyo de la gente. Pablo Ripollés es investigador predoctoral en el Grupo de Cognición y Plasticidad Cerebral de la Universidad de Barcelona y autor principal del trabajo «The Role of Reward in Word-learning and Its Implications for Language Acquisition» (“El rol de la recompensa en el aprendizaje de palabras y sus implicaciones en la adquisición del lenguaje”), publicado en la revista Current Biology. Este era también el estudio al que hacía referencia La Vanguardia. «Entonces, ¿por qué publica una noticia con un título tan sensacionalista y alejado de la realidad?», se preguntaba Pablo Ripollés en el apunte con que inauguraba el blog «La ciencia somos todos». En este texto, el investigador mostraba su enojo por la forma en que se había distorsionado su estudio hasta convertirlo en un disparate. Hablamos con él sobre esta polémica en concreto, pero también sobre la controvertida relación entre medios de comunicación y ciencia en términos más generales.

«Se preguntarán ustedes por qué estoy tan enfadado», decía en el apunte «¿Sexo, palabras y Rock & Roll?». Y bien, ¿cuáles eran los motivos?
El nuestro no fue precisamente un proyecto sencillo. Estuve seis meses en Alemania porque aquí con los recortes nos era imposible llevar a cabo el experimento. Y luego un año más mientras analizábamos los resultados, sacábamos las conclusiones y escribíamos el artículo. Por eso, cuando todo este esfuerzo quedó resumido por La Vanguardia con un «Aprender palabras tiene el mismo efecto que el sexo» me molesté mucho. No, aprender palabras no tiene el mismo efecto que el sexo. Sólo hay que preguntar a las personas qué prefieren hacer. Les pedí que por favor retiraran la noticia por sensacionalista y errónea, pero no me hicieron caso. Pero lo más duro era leer los comentarios de la gente, del estilo de «ya están tirando el dinero público». Hacemos ciencia básica y esto quiere decir que las cosas que investigamos no tienen una aplicación práctica directa a corto plazo. Pero sin dar pasos pequeños, no se pueden dar pasos de gigante.

  «Aprender palabras no tiene el mismo efecto que el sexo; sólo hay que preguntar a las personas qué prefieren hacer»
2_ripollesPablo Ripollés    
3_ripollesPablo Ripollés
La Vanguardia fue el primer medio que publicó la noticia con el titular «Aprender palabras produce el mismo efecto que el sexo». Además acompañaba el texto con la imagen inferior.
   

En ocasiones son las mismas notas de prensa las que destacan una parte llamativa de la investigación para que los medios les atiendan. ¿Era el caso de la publicada desde su centro?  
La nota de prensa fue redactada conjuntamente por el equipo de redacción científica y de comunicación de la Universidad de Barcelona y por nosotros, y se ajustaba perfectamente a nuestros resultados. Es cierto que incluía la frase «Los investigadores han determinado que el área de recompensa que se activa es la misma que responde a estímulos como la alimentación, el sexo, las drogas o el juego», porque queríamos dar un contexto de qué tipo de área es el estriado ventral. Ahora bien, esta frase no estaba más destacada que otras. Y, si especificábamos que también responde al juego o a la alimentación, ¿por qué escogieron el sexo? Porque el sexo vende.


¿En qué consiste el trabajo que publicaron en Current Biology?
Darwin decía que aunque el lenguaje no es un instinto, sí tenemos un instinto para aprender lenguaje desde muy pequeños. La pregunta es hasta qué punto nuestros sistemas de motivación y recompensa pueden comunicarse con los del lenguaje. A principios de 2012 empezamos a pensar en el proyecto y en cómo testear esto, y decidimos utilizar un paradigma de aprendizaje contextual, donde los participantes podían aprender nuevas palabras de una manera autónoma. Los participantes, adultos, leían una frase en alemán que acababa en una palabra nueva. Por ejemplo: «En el lago, el hombre cogió una jedin». Al cabo de un rato leían otra frase que terminaba en la misma palabra: «El hombre remaba en su jedin». De este modo, los participantes podían aprender por sí mismos que jedin significa “barca”. Además, añadimos dos condiciones extra para controlar la novedad de los estímulos presentados o la cantidad de esfuerzo o atención requeridas para completar la tarea. Vimos que cuando los participantes eran capaces de aprender una nueva palabra el estriado ventral, uno de los principales centros de placer, recompensa y motivación del cerebro, se activaba conjuntamente con áreas corticales en el hemisferio izquierdo, tradicionalmente relacionadas con el lenguaje. Por otro lado, nuestros participantes también hacían apuestas donde podían ganar o perder dinero. Comprobamos que había una superposición en la activación en el estriado ventral cuando los participantes aprendían una nueva palabra y cuando ganaban dinero. Finalmente, reconstruimos los caminos de materia blanca de nuestros participantes, las «autopistas de información» del cerebro, y vimos que los sujetos que tenían mejor las estructuras que llevababan información al estriado ventral eran capaces de aprender más palabras.

  «Esperamos que nuestros resultados abran nuevos caminos en la investigación del aprendizaje del lenguaje focalizados en los circuitos de recompensa»
4_ripolles_espPablo Ripollés
Para testear el proyecto se utilizó un paradigma de aprendizaje contextual, donde los participantes podían aprender nuevas palabras de una manera autónoma. En la imagen, esquema del experimento llevado a cabo por los investigadores..
   

Por lo tanto, ¿qué conclusiones se extraen?
Demostramos por primera vez que el sistema de recompensa puede responder ante un estímulo tan abstracto como el aprendizaje de una nueva palabra. También damos un sustrato neurobiológico para la motivación y la recompensa en el aprendizaje de nuevas palabras. Además, demostramos que la conexión anatómica entre sistemas de aprendizaje y motivacionales puede existir y que quizás sí que fue importante durante nuestra evolución como especie. Con todo, esperamos que nuestros resultados abran nuevos caminos en la investigación del aprendizaje del lenguaje, más focalizados en los circuitos de recompensa. Y quizás dentro de unos años podremos usar estas áreas para ayudar a pacientes con problemas lingüísticos.

 
Si usted fuera el periodista que recibe esta nota de prensa, ¿qué titular habría puesto?
Se debe utilizar un título llamativo pero que refleje la realidad del estudio sin desvirtuarla. Y esto es muy complicado. Pero sobre nuestro estudio hubo periodistas que escribieron titulares muy acertados. Por ejemplo: «Aprender nuevas palabras activa áreas de recompensa», quizá el más «científico» y evidentemente el más ajustado a los resultados, o «Excited about new words? You are not alone». En mi opinión, este último encuentra un buen equilibrio entre lo que quiere decir un periodista y lo que quiere decir un científico. Llama la atención del lector, apunta a nuestros resultados y no miente.

Pero fue «Aprender palabras produce el mismo efecto que el sexo el que se hizo viral. ¿Fue entonces cuando decidió abrir el blog «La ciencia somos todos»?
Ver que un trabajo mío ayudaba a dar una visión banal de la ciencia básica me fastidiaba muchísimo y por eso decidí hacer todo lo posible para remediar la situación. Abrí el blog y con la ayuda de mis amigos empecé a difundir el texto por Facebook y Twitter. Uno de ellos lo compartió en Menéame y el artículo acabó en portada de este agregador de noticias. De repente gente totalmente desconocida comenzaron a tuitear la noticia y a pedir a La Vanguardia una rectificación. Internet es muy rápido, tanto para lo bueno como para lo malo. Y hay una cosa que me queda clara: se puede luchar contra los grandes medios, sólo con el apoyo de la gente.

Más allá del apunte que publicó en su blog, se puso en contacto directo con los medios que habían reproducido el titular de La Vanguardia?
Muchas veces, tanto por Twitter como por correo electrónico, pero nadie me contesta. El caso de La Vanguardia me molesta mucho, porque si hubieran hecho caso en su momento nos habríamos ahorrado muchos problemas. Pero lo que hizo La Razón es ya de comedia pura. Me explico: La Vanguardia publicó su noticia el 24 de octubre. Durante el fin de semana saltó a la prensa extranjera. El lunes 27 la mayor parte de medios españoles copiaron la noticia de los medios en inglés; por la noche, abro el blog. Y el día 29, cuando ya había pasado todo, La Razón publica la nota de prensa sin cambiar ni una coma, excepto el título: «Aprender un lenguaje produce placer a niños y a adultos». ¡Dicen que lo hemos mirado en niños! [Exclama]. Pero quizás lo que más me molesta es el caso de Muy Interesante. De divulgación científica nada de nada. Copiaron y pegaron como el resto y no contestan a ninguno de mis mensajes.

Pero en el caso de La Vanguardia sí que ha habido respuesta finalmente.
Sí, aunque tardaron una semana y que fue después de todo el revuelo mediático a partir de mi apunte, es de agradecer que La Vanguardia diera la cara. Juan Rovirosa, el Defensor del Lector, se reunió personalmente conmigo y el 9 de noviembre se publicó una columna en la versión impresa del diario. Además, en la versión en línea sí que cambiaron el primer titular por «Aprender nuevas palabras activa las mismas áreas cerebrales que el sexo».

 

«Ver que un trabajo mío ayudaba a dar una visión banal de la ciencia básica me fastidiaba muchísimo; por eso decidí hacer todo lo posible para remediar la situación»

5_ripollesPablo Ripollés
Joan Rovirosa, el Defensor del Lector de La Vanguardia, publicó el 9 de noviembre una columna en la edición impresa del diario para rectificar la noticia sobre el estudio liderado por Pablo Ripollés.

A partir de esta experiencia, ¿cambiará su manera de gestionar la comunicación de sus futuras investigaciones?
Esta experiencia ha minado mi confianza en cierta parte del periodismo y deberemos ir con más cuidado cuando escribamos las notas de prensa, aunque esta vez ya lo hicimos. Pero me quedo con todo el apoyo de muchos periodistas que sí que hicieron su trabajo y publicaron la noticia como es debido, o que me hicieron una entrevista antes de publicar nada, o con todos aquellos que me ayudaron a difundir lo que había ocurrido. Queda periodismo de calidad en este país, a pesar de todo.

Hablemos de la relación entre ciencia y periodismo. ¿Cree que es «un equilibrio difícil pero necesario»?
No puedo estar más de acuerdo. Los científicos necesitamos buenos divulgadores. Si no, ¿cómo explicaremos a la gente, que paga nuestras investigaciones, la importancia de la I+D? Si una sociedad es consciente de la importancia de la investigación, luchará para que su dinero se invierta bien. Me gusta la idea de crear tándems entre periodistas y científicos. Si queremos que la divulgación funcione bien estamos condenados a entendernos.

¿Qué consejos me daría, de investigador a periodista, a fin de evitar casos como el que nos ha llevado a mantener esta conversación?
Para evitar casos como estos solo hay que hacer una cosa: contrastar la información con los autores del estudio. Creo que hay que recordar a los periodistas el poder que tienen las palabras. Las palabras pueden ser reconfortantes, sí. Pero, en ocasiones, también pueden hacer mucho daño.

Íngrid Lafita. Periodista. Revista Mètode, Universitat de València.
© Mètode 2014.

 

 

 

 

 

 

 

«Los científicos y los periodistas estamos condenados a entendernos si queremos que la divulgación funcione bien»

© Mètode 2014

Licenciada en Periodismo y graduada en Comunicación Audiovisual. Revista Mètode, Universitat de València.