Entrevista a Charlotte Sleigh

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Charlotte-Sleigh1Lucía Sapiña

Charlotte Sleigh es profesora de la Universidad de Kent, donde da clases de Historia de la Ciencia y de Comunicación. También codirige el Máster de Ciencia, Comunicación y Sociedad de la misma universidad. Ha publicado diversos libros entre los que destacan Ant (en español: Hormiga, ed. Melusina, 2007), Six Legs Better. A Cultural History of Myrmecology, Literature and Science y Frog. Charlotte Sleigh ha recibido a Mètode en su despacho del campus de Canterbury para hablar sobre ciencia y literatura así como del papel de los medios de comunicación en la divulgación de la investigación y el conocimiento científico.

En su libro Literature and Science nos muestra que dos formas diferentes de conocimiento como son la literatura y la ciencia tienen una historia en común, especialmente durante los últimos tres siglos. Quizá ambas disciplinas buscan explicar el mundo pero usan lenguajes distintos, el de la subjetividad y el de la objetividad. ¿Cómo puede funcionar esto?
No debemos asumir como necesaria la subjetividad u objetividad en esas disciplinas. Las formas de escritura en relación a la subjetividad y la objetividad se han puesto de moda una y otra vez. De hecho, en mi nuevo proyecto de investigación, me centro especialmente en la literatura creativa pero documental del siglo xx así como en la noción de objetividad o de ser testigo de los hechos. Todavía se ven escritos muy creativos en la literatura «objetiva» como por ejemplo, El cuento del antepasado [de Richard Dawkins]de manera que no son características inamovibles sino que se han desarrollado de forma activa y ha existido mucha interrelación entre ambas.

La relación entre dos disciplinas tan diferentes no suele ser simétrica, siempre hay una que domina el discurso de la otra… Actualmente, en una sociedad marcada por la tecnociencia, ¿cómo es la relación entre ciencia y literatura?
Sería interesante responder la pregunta en términos de universidades, puesto que estas han tenido un papel muy importante durante cientos de años en la definición de jerarquías del conocimiento y también en formar gente para esas posiciones de poder. En el Reino Unido, los Grandes, los Clásicos, fueron el tema estrella durante todo el siglo xix. Entonces aparecieron las Ciencias Naturales y, de hecho, preceden al comienzo de la literatura moderna como asignatura universitaria y no al revés, como cabría pensar. La literatura inglesa como asignatura emerge a principios del siglo v, sorprendentemente tarde.
Decimos que la tecnociencia es predominante culturalmente hoy en día y, en cierto sentido, desde luego que lo es. Pero si miras la formación de los miembros del Parlamento, ninguno es científico. Es decir, si repasas la Cámara y compruebas sus currículos en Wikipedia, suele haber uno o ninguno con un título científico. Tenemos un curso en Oxford llamado Política, Filosofía y Economía, y eso es lo que estudiaron muchos de ellos. En cierto modo, la tecnociencia es lo más importante pero, por otro lado, no lo es en absoluto. Me refiero al razonamiento de C. P. Snow de que en determinados niveles sociales está perfectamente aceptado decir: «Ja, ja, no tengo ni idea de física». Pero no se acepta: «Nunca he visto una obra de Shakespeare». ¡Y esto sigue siendo cierto!

Por lo tanto, de algún modo, esta idea de Charles P. Snow, esta separación entre humanidades y ciencia, continúa hoy en día…
Sí, creo que en muchos aspectos sí continúa. Sus charlas son muy interesantes. Hace unos años, Melvyn Bragg [escritor y conductor del programa de radio de la BBC El valor de la cultura] señaló que, aunque Snow hablaba de la distinción entre ciencias y humanidades, el impulso real de la conferencia era la obligatoria responsabilidad de las ciencias de aprovechar su fuerza de progreso en el mundo en desarrollo.

¿Piensa que los escritores y los científicos se comprenden mejor ahora?
Esa pregunta se puede interpretar a varios niveles. ¿Los escritores saben más sobre ciencia ahora que antes? Sí, en muchos casos sí. Tengo en mente a gente como Ian McEwan, por ejemplo. Y, desde luego, en la BBC inglesa, hay mucha historia de la ciencia. O si miramos a publicaciones como London Review of Books, también incluyen mucha ciencia.Steve Shapin es uno de los editores y Donald Mackenzie escribe mucho para ellos.

 

 

 

 

 

 

 

«El eje central de la ciencia es que si algo se publica en una revista es conocimiento científico, pero nunca hablamos del proceso»

Charlotte-Sleigh2Lucía Sapiña  

 

«Lo que se ve en los medios es la versión de la institución investigadora, prácticamente palabra por palabra»


¿Y qué hay de la relación entre científicos y periodistas? ¿Piensa que los medios comprenden el trabajo científico y que los científicos entienden la necesidad de divulgarlo?
Sí, creo que las cosas están mejorando mucho. Cuando los científicos solicitan una beca tienen que demostrar a menudo la habilidad de comunicar lo que están haciendo. Eso está bien, aunque a los científicos no les vendría mal una mejor comprensión de la naturaleza social de la ciencia y de cómo el conocimiento se construye en realidad mediante la comunicación, no antes de comunicarse. Es esto lo que intento explicar a mis estudiantes del Master en Ciencia, Comunicación y Sociedad: la realidad no es que los científicos creen el conocimiento y después los medios lo publiciten o malinterpreten.
Los científicos saben que deben divulgar, pero creo que necesitan comprender mejor el proceso completo: no se trata de anunciar el conocimiento, sino de crearlo. Mi impresión es que los periodistas en este país, que es de lo que puedo hablar, cada vez se relacionan mejor con los procesos científicos. Tienes a gente como Ben Goldacre, que analiza profundamente la forma en que se llevan a cabo los estudios científicos, y la forma en que se publican dichos estudios…
También el debate sobre el libre acceso [open access] ha sido muy beneficioso en tanto que ha centrado la atención de los medios en un tema previamente omitido: ¿Cuál es el proceso por el cual el conocimiento se hace público? ¿Cómo funciona este asunto de la publicación? El eje central de la ciencia es que si algo se publica en una revista es conocimiento científico, pero nunca hablamos del proceso. O no lo hacíamos, pero el libre acceso nos hizo hablar de ello. Así que en los medios de calidad,  creo que estamos empezando a hablar de proceso científico en lugar de hablar de datos científicos. Hemos avanzado un poco del periodismo científico servil que escribía artículos de esta forma: «Escuchad todos, dejad que os cuente lo que han conseguido hacer estos científicos tan inteligentes».

Ha mencionado a Ben Goldacre, que es un científico que escribe sobre ciencia. Otra pregunta controvertida es quién divulga mejor, si periodistas o científicos.
Bueno, no me gusta demasiado ese término [se refiere a popularize en inglés]. Yo pienso: ¿quién escribe sobre ello? ¿Quién participa en el diálogo? Y creo que son ambos.

Aldous Huxley afirma en su libro Literature and Science que la buena poesía se caracteriza por cierta audacia verbal. ¿Podríamos decir lo mismo del lenguaje científico?
¿Se caracteriza la ciencia por su audacia verbal? Umm… [se lo piensa]. Yo no escogería el término audacia, pero sí que se caracteriza por la brillantez verbal. Me explico. Creo que existe la tentación de decir: esto es ciencia real, que ocurre básicamente en laboratorios, y esto son epifenómenos científicos, que son cosas como la ciencia en televisión, los libros sobre ciencia… Y cada vez me convenzo más de que debemos volver a juntar estos dos aspectos y debemos tratarlos a ambos como ciencia. Algo parecido a los programas de David Attenborough en televisión. Son hermosos, elegantes, poéticos y son parte de la ciencia. No creo que sean epifenómenos de la ciencia, son ciencia. Hay un artículo magnífico de James Secord llamado «Knowledge in Transit» [«La circulación del conocimiento»], y en él básicamente discute que el conocimiento no es conocimiento hasta que se comunica. Y esta idea me llegó, creció y maduró conmigo. Y creo que nos empuja a pensar en el conocimiento científico como algo mucho mayor, algo mucho más público.

Pero hoy en día parece que algunos científicos estén más preocupados por publicar en las revistas de impacto y quizás menos interesados en divulgar ciencia.
Sí, los científicos están preocupados. Todo el mundo se preocupa porque en los medios de comunicación, cualquier cosa que digas se puede volver en tu contra. Históricamente los científicos han sido más prudentes y precavidos, y han tenido más control sobre lo que decían que la gente de otros campos. Así que están en su derecho de tener miedo. Y tienen que hacerse a la idea.
Pero hay algo muy interesante, algo que creo que no se ha tratado mucho en comunicación científica. El hecho de que los grandes laboratorios, las universidades y demás tienen departamentos de relaciones públicas muy activos. Así que no son «los medios» los que dicen lo que hacen los científicos. Hay un intermediario dentro de las propias instituciones de investigación que publica esas historias y los científicos son necesariamente cómplices en la publicación de estas historias… Y algo que les digo a mis estudiantes que hagan a veces es encontrar los comunicados de prensa a los que se refiere la historia publicada en los periódicos, y nueve de cada diez veces se encuentra literal, así que todo esto de que “los medios” bajan el nivel o venden humo o lo que sea, no es cierta. De hecho, lo que se ve en los medios es la versión de la institución investigadora, prácticamente palabra por palabra.

 

 

 

 

Un puente de lecturas

El libro científico que recomendaría es Cuestión de sexos, de Cordelia Fine. Es una crítica muy entretenida de los argumentos científicos que apoyan supuestas diferencias de género. Muy de cerca le sigue Perfecting Sound Forever, de Greg Milner. Este libro trata una cuestión muy interesante: la tecnología del sonido no ha intentado reproducir sonidos reales cada vez con mayor fidelidad como cabría esperar, de hecho ha dado forma a nuestras expectativas con respecto a cómo debe sonar la música.

El libro de literatura es Umbrella, de Will Self, donde vuelve a su personaje Zack Busner (una especie de Oliver Sacks que aparece en otros escritos de Self). Repasa una variedad increíble de temas de historia, mente y ciencia.


Lucía Sapiña
. Observatorio de las Dos Culturas, Universitat de València.
© Mètode 2013.

 

 

© Mètode 2013

Observatori de les Dues Cultures, revista Mètode.

Llicenciada en Periodisme per la Universitat Autònoma de Barcelona i Màster en Història de la Ciència i Comunicació Científica per la Universitat de València. És membre de l’Observatori de les dues cultures, grup d’investigació pluridisciplinari de la Universitat de València que analitza les relacions entre periodisme i ciència. Actualment, la seua recerca se centra en la comunicació del càncer, tant en la premsa com en les xarxes socials.