«Matrix» y la termodinámica

Dicen que el cine es magia, pero, ¿cómo definiríamos la magia? Según la Gran Enciclopèdia Catalana, magia es una «ciencia oculta que pretende producir efectos con la ayuda de seres sobrenaturales o de fuerzas secretas de la naturaleza y que puede ser utilizada por todo el mundo que conozca sus prácticas». Con un poco de cultura científica se hubiera podido llegar a una definición mucho más precisa y simple, del estilo de «magia es todo aquello que vulnera alguna ley de la termodinámica». Las leyes de la termodinámica regulan el flujo de energía en el universo y, como en toda ley, no hay excepciones. De hecho, una excepción nunca confirma una regla, solo la destroza. ¿Alguna vez habéis dejado caer una piedra desde un precipicio y ha ido hacia arriba o bien ha permanecido quieta en el aire? La termodinámica rige cómo se conserva y se transmite la energía. Desde este punto de vista, existe una saga de películas que se basa en la magia, y no es la de Harry Potter, sino Matrix. El argumento es un puñetazo a la termodinámica más elemental.

La saga de las hermanas Wachowski nos cuenta que el mundo real donde viven los protagonistas es solo una ilusión. La humanidad ha sido sometida por la tecnología de la información de forma que todos son animales de granja sin saberlo. La propia Matrix les genera una realidad virtual para que no sean conscientes de su situación. Desde el punto de vista cinematográfico, la primera película aprovecha su originalidad y el factor sorpresa, pero el resto va desinflándose y pierde el interés. La serie tuvo una trayectoria descendente y las siguientes películas de las autoras han tenido resultados de crítica y público más bien discretos. Dejemos a un lado la filosofía de Matrix, que está impregnada de un fuerte sentimiento misticoreligioso (no es casualidad que Neo, el protagonista de la historia interpretado por Keanu Reeves, vista una especie de sotana), y vayamos a los aspectos científicos. ¿Cuál es la función de mantener a la especie humana como si fueran gallinas ponedoras? Pues producir energía, y aquí es cuando la termodinámica rechina.

«¿Cuál es la función de mantener a la especie humana como si fueran gallinas ponedoras? Pues producir energía, y aquí es cuando la termodinámica rechina»

Los animales somos organismos heterótrofos, por lo tanto, no podemos obtener energía directamente del sol o de fuentes inorgánicas. Estamos obligados a nutrirnos de otros organismos. Del alimento obtenemos la materia y la energía que necesitamos para mantener las funciones vitales. Y, todo sea dicho, desde el punto de vista energético somos muy ineficientes. Tenemos que estar repostando continuamente el combustible y ni siquiera lo aprovechamos tan bien como los rumiantes. Hasta la revolución industrial, la principal fuerza que se empleaba para el transporte o para las labores del campo era la tracción animal, basada en animales herbívoros. Si hiciésemos un cálculo de las emisiones de CO2 o de la huella hídrica de la tracción animal, comparada con la de un motor diésel, nos echaríamos las manos a la cabeza. El simple hecho de que los animales tengan que comer plantas ya hace que se pierda mucha energía por el camino. Tampoco las plantas, empleadas directamente como biocombustible, son una maravilla. En general cuesta más energía el cultivo, recolección y obtención del biodiésel y bioetanol que la energía que se obtiene. ¿Recordáis cuando en 2006 el entonces presidente de la Generalitat Valenciana Francisco Camps inauguró una planta dedicada a la obtención de bioetanol a partir de los residuos de la naranja? Pues nadie lo recuerda.

Emplear humanos como biocombustible solo tendría sentido si nos pusiéramos a dar vueltas a una noria como hacían antes con los asnos, pero sería más caro, puesto que comer carne implica más gasto energético. Si nos pusiéramos electrodos para sacarnos energía, colapsaríamos porque ya no nos quedaría nada para mantener el corazón latiendo y el resto de procesos fisiológicos o celulares. Si las máquinas quieren dominarnos, mejor que se compren placas solares.

© Mètode 2021 - 108. Ciencia ciudadana - Volumen 1 (2021)
Profesor titular de Biotecnología de la Universidad Politécnica de Valencia. Investigador en el Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas (CSIC-UPV).