Vacunas contra la COVID-19: mantener la cautela

Analizamos el anuncio realizado esta semana por Pfizer con varias voces expertas

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El pasado lunes Pfizer anunciaba en un comunicado de prensa que la candidata a vacuna que desarrollan contra la COVID-19, junto con BioNTech, muestra una eficacia del 90 % una semana después de ser administrada la segunda dosis. Según la nota, se han evaluado 94 casos infectados en lugar de los 62 que, como mínimo, se habían establecido en un principio para este análisis a mitad ensayo. El estudio, actualmente en fase III y en el que  participan 43.538 voluntarios, continúa abierto hasta que se llegue a los 164 casos confirmados de COVID-19 para hacer el análisis final. Sin embargo, esta información, que fue recibida con euforia por las principales bolsas de todo el mundo, se limita a la nota de prensa de la compañía y todavía no se han publicado los datos que permitirán su análisis por parte de la comunidad científica.

A medida que ha ido pasando la semana hemos sabido que el mismo lunes Albert Bourla, directivo de Pfizer, había vendido más de la mitad de sus acciones en la empresa con grandes beneficios. También estos días se ha cerrado la compra inicial de 200 millones de dosis de esta vacuna por parte de la Unión Europea con la opción de ampliar a 100 millones de dosis más. Otros laboratorios que trabajan en vacunas contra la COVID-19 han lanzado igualmente nuevos comunicados de prensa. Así, Moderna ha anunciado que ya ha cerrado la acumulación de casos necesaria para un análisis provisional en fase III y que tendrán resultados probablemente antes de que acabe el mes. Desde el Centro Gamaleya y el Fondo Ruso de Inversión Directa han afirmado, también sin publicar datos, que la vacuna Sputnik V muestra un 92 % de eficacia en el ensayo que están llevando a cabo.

Fernando González-Candelas: «Desde un punto de vista científico, el anuncio de Pfizer no ha sido refrendado por información con datos. Toda la comunidad científica está esperando el análisis con datos para poderlos contrastar»

¿Cómo se deben interpretar comunicados como el de Pfizer y BioNTech, capaces de provocar tal cantidad de reacciones? «Nos estamos acostumbrando demasiado a anunciar los resultados científicos por rueda de prensa. Tendrían que publicarse primero los datos validados. Ahora nos dan la noticia antes de que veamos los resultados, no sabemos cuáles son los datos» explica Salvador Macip, médico e investigador de la Universidad de Leicester y de la Universitat Oberta de Catalunya. Macip continúa: «Un dato importante que no nos han dado todavía es la protección por edades. Eso es importante saberlo. ¿Y qué protección da esta vacuna, durante cuánto tiempo?». Fernando González-Candelas, catedrático de Genética de la Universitat de València e investigador del I2SysBio (UV-CSIC) y de FISABIO, coincide: «Desde un punto de vista científico, es un anuncio que no ha sido refrendado por información con datos. Toda la comunidad científica está esperando el análisis con datos para poderlos contrastar. En este sentido, la información de la nota de prensa es completamente insuficiente para evaluarlo». Lo que ambos destacan es que se trata de una vacuna muy novedosa y, que en caso de confirmarse los datos, sería positivo. María Garcés-Sánchez, pediatra y miembro del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (AEP), está de acuerdo: «Es un ensayo amplio con una cantidad de pacientes significativa. Si fuera como dice el comunicado sería una de las mejores noticias porque estamos hablando de una vacuna completamente nueva, de ARN mensajero».

Vacunas desde nuevas aproximaciones

Las vacunas, insisten los especialistas, son de los fármacos más seguros. / Gustavo Fringe-Pexels

La propia María Garcés-Sánchez explicaba en un artículo publicado recientemente en Mètode las diversas aproximaciones que se están utilizando en las candidatas a vacunas contra la COVID-19 que se están ensayando en diversas fases actualmente. La vacuna de Pfizer y BioNTech, como la de Moderna, se basan en ARN mensajero. «Es una vacuna en la que se introduce un fragmento de material hereditario del virus para hacerlo llegar al interior de las células de la persona vacunada y son estas las que se encargan de sintetizar una proteína que normalmente sintetiza el virus, como si esta persona estuviese infectada, de tal manera que inicia una respuesta inmunitaria que es muy parecida a como sería frente a la infección» explica Fernando González-Candelas. Para María Garcés-Sánchez este abordaje podría revolucionar el mundo de las vacunas: «Imagínate… cualquier patógeno, vírico o bacteriano, tiene un genoma del que tú puedes sacar específicamente la secuencia de las proteínas de las que te interesa generar anticuerpos que bloquean la enfermedad, y con una tecnología que es relativamente «sencilla» y de rápida producción porque no hay que cultivar ni el virus ni la bacteria… estarás dándole la vuelta por completo en el mundo de la vacunología». «Esto es muy revolucionario porque hasta ahora no ha habido una vacuna producida masivamente con ARN» constata Salvador Macip. Y añade: «Hay tres o cuatro modelos nuevos en estudio, vacunas muy nuevas que ahora han recibido el empujón final. Es importante pensar que de cara al futuro tendremos una tecnología disponible que no teníamos. Antes, si teníamos que hacer una vacuna nueva, la hacíamos como siempre. Ahora, en cambio, tendremos tres o cuatro nuevos caminos para hacer vacunas».

María Garcés-Sánchez: «Si fuese como dice el comunicado sería, una de las mejores noticias porque estamos hablando de una vacuna completamente nueva, de ARN mensajero»

Uno de los problemas que presenta esta vacuna es que el ARN se degrada muy fácilmente y la conservación de las dosis a -80° puede hacer menos atractiva esta opción. «La vacunación, cuando se trata de -80° siempre ha tenido dificultades de acceso a nuestro país, básicamente porque en las cadenas de frío de los ambulatorios no está previsto un congelador así. Ahora estamos en una situación totalmente distinta por lo que habrá que modificar la estructura de los centros para poder almacenar vacunas» comenta María Garcés-Sánchez. Otras candidatas, desarrolladas a partir de aproximaciones diferentes, no tendrán esta dificultad y esto podría hacer que llegaran donde esta u otras parecidas no lo hagan. En España se están desarrollando también varios ensayos con vacunas que continúan a pesar de la escasa financiación: «La inversión que se hace en España en estos momentos es ridícula y llevar adelante un ensayo clínico requiere una inversión económica altísima. Me preocupa que productos preclínicos como los que tenemos ahora no dispongan de suficiente financiación para su desarrollo» lamenta María Garcés-Sánchez. Lo que parece bastante claro para los tres es que a lo largo del próximo año no hablaremos tanto de la vacuna como de las vacunas, en plural.

2021 será el año de las vacunas

El escenario que se plantean los especialistas a lo largo del año próximo es el de varias vacunas aprobadas que nos permitirán no depender de un solo producto. «Quizás unas funcionarán mejor que otras en ciertos grupos de la población, otras serán más fáciles de distribuir, etc. y la suma de todas hará que podamos cubrir a toda la gente que se tiene que vacunar para conseguir la inmunidad de grupo» aventura Salvador Macip. El coste de las vacunas y, por lo tanto, el acceso a estas, es una cuestión que preocupa. El investigador constata que todas las dosis tendrían que ser gratuitas para el usuario de forma que todo el mundo pueda acceder a ellas. «Pero, ¿que pasará en algunos lugares de África y de Asia?» se pregunta. También María Garcés-Sánchez muestra inquietud: «Me preocupa mucho cómo marcarán los precios porque tienen que ser asequibles para todo el mundo».

Aunque dispongamos de vacunas, los especialistas coinciden en que la inmunización no se hará de forma rápida sino que avanzará de manera progresiva y que habrá que seguir manteniendo durante bastante tiempo las medidas de higiene y de distancia social. / Clovis Wood-Unsplash

 

Un panorama con diversas vacunas y comunicados de prensa como el que estamos viendo estos días ¿contribuirá a que la gente se vacune? En el último barómetro del CIS un 43,8 % de las personas encuestadas no se pondría la vacuna de manera inmediata. En la encuesta «Monitorización del comportamiento y las actitudes de la población relacionadas con la COVID-19 en Espanya (COSMO-SPAIN): Estudio OMS» que coordina el Instituto de Salud Carlos III, el porcentaje de personas dispuestas a ponerse la vacuna disminuyó del 70 % en julio al 43 % en el mes de septiembre. ¿Y si nos hemos de vacunar cada año? «Ya sabemos lo que eso implica, que la cobertura vacunal se reduce mucho, sobre todo en algunos colectivos. Eso es un problema por lo que tenemos que pensar que esto no se acaba en tener vacunas efectivas» señala Fernando-González Candelas. Este punto es importante porque los especialistas coinciden en que la inmunización no se hará de forma rápida sino que avanzará de manera progresiva y que habrá que seguir manteniendo durante bastante tiempo las medidas de higiene y de distancia social.

Desde su experiencia como pediatra, María Garcés-Sánchez apunta: «Pienso que habrá un grupo que dirá que no a todo: negacionistas del virus, de las vacunas… pero, por otro lado, habrá un grupo importante de la población que estará dentro de lo que sería la curva normal, que sí que querrá la vacuna por el hecho de tener algo que le proteja en una situación de temor y para sentir que se libera de este contexto en que estamos completamente encerrados sin ver una salida». Y añade: «Yo no veo ningún factor que me haga dudar y si a nosotros, como personal sanitario, nos vacunan, la población querrá la vacuna».

Salvador Macip: «Las vacunas son fármacos muy seguros, de los que dan menos complicaciones . Y este es un mensaje que debemos transmitir»

Salvador Macip considera que si tenemos vacunas, pero nadie se las pone, no sirven para nada. Por lo tanto, propone empezar ya a informar a la ciudadanía para vencer posibles recelos: «Las vacunas son fármacos muy seguros, de los que dan menos complicaciones de todos. Normalmente la vacuna da solo problemas puntuales y mínimos. Y es un mensaje que debemos transmitir. Si las vacunas han pasado todos los protocolos, serán seguras. Por lo tanto, tenemos que empezar esta campaña de comunicación y a luchar contra toda la desinformación de los antivacunas que están aprovechando este momento para intentar convencer a la gente de sus ideas y, sobre todo, vencer esta idea de la velocidad con la que se han desarrollado porque se ha hecho rápido, pero se ha hecho bien».

Críticas a la comunicación de la pandemia

Lo que parece claro es que la gestión de la comunicación de las vacunas en particular, y de la pandemia en general, es mejorable y haría falta que no estuviese tan marcada por intereses de carácter político y económico. ¿Hay demasiada confusión? «Pienso que estamos desaprovechando una oportunidad para ser más divulgativos porque los datos que van apareciendo o tienen un nivel muy elevado para que la gente los pueda entender bien, o tan bajo que lo que se hace es confundir» reflexiona María Garcés-Sánchez.

Fernando González-Candelas apunta otro tema sobre el que reflexionar. Durante la pandemia, se han multiplicado las voces y los artículos científicos sobre la COVID-19. También los preprints, manuscritos académicos que, antes de pasar por la evaluación de pares que requiere la publicación científica, se suben a servidores temáticos para darles difusión y debatir ideas. El problema es que con la crisis sanitaria estos preprints han llegado en mayor número a los medios de comunicación y a la ciudadanía. Si no se aclara que estos conocimientos no están probados y consolidados sino que aún están en curso, sin revisar ni confirmar, puede contribuir a la confusión. «Cualquier persona puede subir un artículo científico a un servidor de preprints y hacer una nota de prensa. Y hay prepints que han sido muy comentados en prensa y que después no se han publicado. Esto es muy peligroso» manifiesta Fernando González-Candelas.

Para el médico e investigador Salvador Macip, la comunicación de la pandemia durante el verano generó confusión y eso hizo que la población se relajase con las medidas de protección contra el virus. / Anna Shvets-Pexels

También las injerencias políticas dificultan el funcionamiento científico. Lo hemos visto en Rusia o en los Estados Unidos donde el anterior presidente Donald Trump presionaba para tener una vacuna para antes de las elecciones. «El problema no es solo de los gobiernos ni de los periodistas sino que es muy transversal» señala Salvador Macip. Y continúa: «Como decíamos, una compañía farmacéutica no puede anunciar el resultado de un ensayo importante, como este, a mitad estudio y sin presentar los datos. Esto va en contra de todos los principios de la comunicación científica. Tú presentas los resultados cuando puedes enseñar los datos, no lanzas la nota de prensa sin mostrar los datos porque entonces no hay transparencia».

Salvador Macip piensa que tenemos un obstáculo desde el principio: «La comunicación ha sido muy mala, en muchos lugares, en España, en todas partes, desde el primer día, y a todos los niveles. No puedes tener una rueda de prensa que cuando se acaba no sabes qué te han dicho ni qué tienes que hacer…». El médico e investigador señala el verano, en el paso hacia la nueva normalidad, como un momento clave en el que se tendría que haber mejorado la información disponible: «Fue muy confuso e hizo que la gente se relajara. Y los problemas que tuvimos en verano son la base de esta segunda oleada que estamos viendo ahora. España la ha visto antes porque, parte del problema, fue que no se comunicó bien que se tenía que seguir la vigilancia». En este contexto parece necesario seguir reflexionando para evitar volver a caer en errores que se han arrastrado a lo largo de esta pandemia o «incluso, de cara a la siguiente» concluye.

© Mètode 2020

Observatori de les Dues Cultures, revista Mètode.

Llicenciada en Periodisme per la Universitat Autònoma de Barcelona i Màster en Història de la Ciència i Comunicació Científica per la Universitat de València. És membre de l’Observatori de les dues cultures, grup d’investigació pluridisciplinari de la Universitat de València que analitza les relacions entre periodisme i ciència. Actualment, la seua recerca se centra en la comunicació del càncer, tant en la premsa com en les xarxes socials.