Entrevista a Juan Ignacio Cirac

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© Institut Max Planck

Juan Ignacio Cirac (Manresa, 1965) estudió física teórica en la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido profesor en la  Universidad de Castilla-La Mancha y en la Universidad Leopold Franzens de Innsbruck. Desde 2001 es director de la División Teórica del Laboratorio de Óptica Cuántica del Instituto Max Planck en Garching, Alemania. Doctor Honoris Causa por la Universitat Politècnica de Catalunya y por la Universidad de Castilla-La Mancha, ha recibido numerosos galardones por sus investigaciones en física y computación cuántica. Entre ellos, el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica, el Premi Nacional de Pensament i Cultura Científica, la Medalla Benjamin Franklin y, más recientemente, el Premio WOLF de Física.

Si la física cuántica estudia lo que es muy pequeño en la naturaleza (átomos, electrones, fotones…) ¿para qué se necesitan aparatos tan grandes y sofisticados?

La razón, más grosso modo, es que para investigar lo más pequeño necesitamos mucha energía. Para ver cosas cada vez más pequeñas necesitamos un microscopio pero si queremos ver una cosa mucho más pequeña aún, tenemos que enviar mucha más energía para poder ver cómo está compuesta y cómo está hecha. Para conseguir toda esa energía hacen falta, por un lado equipos grandes y, por otro lado, equipos muy precisos. Uno tiene que apuntar bien qué es lo que tiene que ver y qué es lo que tiene que dominar y para eso hace falta tener las tecnologías más avanzadas.

Usted, dentro de la física, se dedica a la computación cuántica. Me imagino que tendrá que explicar qué es eso cada vez que le presenten a alguien de fuera de su ámbito. ¿Qué les cuenta?

Bueno… Es una ciencia que ha surgido durante los últimos veinte años y lo que intenta es utilizar las leyes de la física cuántica para procesar y transmitir la información de una manera distinta. Y eso lleva consigo una manera más eficaz de computar, de transmitir información y también una manera más segura de hacerlo.

¿Cómo se inició su interés por la computación cuántica?

Hice mi doctorado en óptica cuántica, que estudia la interacción de la luz con la materia desde el punto de vista de la física cuántica y por aquel entonces estaba surgiendo el mundo de la computación cuántica y para mí era muy natural entrar en aquel mundo que, desde luego, trajo aires muy nuevos a la investigación que estábamos haciendo. Cambió completamente la perspectiva, hizo que nos preguntásemos cosas distintas y la verdad es que fue un tiempo muy excitante desde el punto de vista científico.

¿Está la investigación científica actual, y más aún la tecnológica, obligada a tener un desarrollo práctico que permita obtener un rédito económico al final?

No, no está obligada. De hecho, hay cierto tipo de investigación que sí que está obligada y otra que no lo está. Hay investigación que es a corto plazo. Por ejemplo si uno quiere, no sé, hacer un bolígrafo que dure más tiempo o lo que sea, para eso tiene que hacer cierto tipo de investigación que al final tiene que dar lugar a un bolígrafo que compita con las demás marcas. Pero existe otro tipo de investigación que es a mucho más largo plazo y que no es para desarrollar un producto en concreto, sino que puede cambiar completamente la tecnología. Y éste es el caso de lo que hacen muchos físicos y científicos por el mundo y es el caso de la computación cuántica. La computación cuántica no intenta construir un ordenador cuántico sino desarrollar una tecnología que, si la tenemos delante, dará lugar no sólo a ordenadores sino también a sistemas de comunicación y, quién sabe, a cosas que hoy en día ni nos podemos imaginar.
 
¿Europa es competitiva en conocimiento científico y tecnológico?
Depende de en qué campo. En el campo en el que yo trabajo, la verdad es que sí. Hace tiempo la Comunidad Europea sacó varios programas de investigación para que trabajásemos de manera coordinada y conjunta y eso ha dado lugar a que probablemente Europa esté al nivel más alto, compitiendo incluso por delante en el mundo de la computación cuántica, con otros países como Estados Unidos o Japón.

 

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© Institut Max Planck

 

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© Institut Max Planck
 

 

 

«La computación cuántica no intenta construir un ordenador cuántico sino desarrollar una tecnología»

¿Y cómo afectan los recortes al futuro de la investigación científica?
De manera muy importante. Uno pensaría que si un año le dan menos financiación para investigar pues, bueno… un año no puede competir y ya está y al año siguiente sí que podrá hacerlo. Pero eso no es cierto y la razón es que hace falta mucho tiempo para recuperarse de un par de años con menor financiación. Los otros grupos con los que se compite, han adelantado mucho y uno tiene que ponerse al día. Es como en una carrera ciclista: si uno se cae y se para durante cinco minutos, luego recuperar la carrera es mucho más complicado, cuesta mucho tiempo recuperar esos cinco minutos. Pues pasa un poco lo mismo con la financiación y la investigación.

Usted que conoce bien otras sociedades como la alemana ¿qué le parece el nivel de cultura científica en España?
Bueno, en los ámbitos en los que me muevo me parece que está muy bien. El problema está en que, en general, si hacemos un promedio, creo que está muy por debajo de la que hay en otros países.

¿Se puede hablar de una cultura científica europea cuando las diferencias educativas entre países son tan grandes?
Pues la verdad es que no lo sé…

Volviendo a su disciplina, la física, hemos de reconocer que es una de las más áridas para el público en general. ¿Se puede y debe cambiar esa imagen de ciencia compleja o hay que aceptar que determinados conocimientos requieren un esfuerzo adicional?
Yo siempre pongo el ejemplo de que si uno quiere leer literatura china, uno puede leer traducciones de la literatura china pero no va a tener las mismas sensaciones que si uno es capaz de entender el chino y leerlo, entendiéndolo bien. Pasa un poco lo mismo con la física teórica. Uno, sin necesidad de conocer todas las matemáticas y todas las complicaciones, pues todavía puedes entender bastante bien qué es lo que hace, cuáles son los objetivos, cómo se consiguen, etc. y eso es lo que el público general puede entender y aceptar, ver y disfrutar incluso. Pero si uno quiere entender y disfrutarla a fondo, entonces necesita aprender el lenguaje de la física teórica que son las matemáticas y es tan difícil como aprender chino. Uno tiene que pasarse mucho tiempo dedicado a ello.

La física tiene mucho de cálculo y de lógica, matemáticas y filosofía. ¿Son los físicos conscientes de esa relación que mantienen entre las dos culturas?
Sí, sí, desde luego, existe mucha relación entre ellas. Y bueno, hay matemáticos que han sido lógicos, han sido filósofos, así que sí, somos conscientes… De hecho, muchas veces, más importante que los cálculos es la lógica que hay detrás de las matemáticas o de la física. Los cálculos los puede hacer un ordenador, pero el ordenador en sí mismo no puede hacer la investigación, hace falta plantearse los problemas de la manera adecuada y ver cómo se pueden resolver. Y una vez que uno sabe cómo se pueden resolver, que establece los pasos lógicos para resolver ese problema, entonces ya vienen los cálculos… Pero la parte más importante es la más profunda, más lógica.

 

 

 

«Hace falta mucho tiempo para recuperarse de un par de años con menor financiación»

Un puente de lecturas

¿Qué libro de ciencia recomendaría leer para estimular la curiosidad científica?
(Aunque explica que los libros de ciencia que suele leer son «un poco avanzados», finalmente se anima a hacer una recomendación). Decoding Reality. The Universe as Quantum Information, de Vlakto Vedral.

¿Y novela? ¿Le queda tiempo para leer novela, poesía o ensayo?
Sí, todos los días intento leer  una hora por lo menos. La recomendación: Travesuras de la niña mala, de Mario Vargas Llosa.

   

Lucía Sapiña. Observatorio de les Dos Culturas.
© Mètode 2013.

 

 

© Mètode 2013

Observatori de les Dues Cultures, revista Mètode.

Llicenciada en Periodisme per la Universitat Autònoma de Barcelona i Màster en Història de la Ciència i Comunicació Científica per la Universitat de València. És membre de l’Observatori de les dues cultures, grup d’investigació pluridisciplinari de la Universitat de València que analitza les relacions entre periodisme i ciència. Actualment, la seua recerca se centra en la comunicació del càncer, tant en la premsa com en les xarxes socials.