Los científicos eligen preguntas fáciles

Ilustración : Moisés Mahiques

Quizá os sorprenda este titular –y más de uno lo habrá criticado ya en Twitter sin abrir el enlace– sabiendo que los científicos están intentando averiguar cómo funciona el cerebro humano, cuál fue el origen de la vida o cómo frenar el cambio climático. Pero es que en realidad estas no son las preguntas que eligen para sus investigaciones.

Sus propuestas de proyectos son mucho más acotadas y «medibles»: saber cuánta proteína X entra o sale de cierta membrana; si la temperatura del mar en agosto sube más en un sitio que en otro, o qué grupos neuronales se activan cuando leemos un texto o lo escuchamos. Son preguntas concretas que, desde la propia formulación, saben que quizás podrán resolver con sus métodos experimentales. Y está muy bien que así sea porque, pieza a pieza, un aporte aquí y uno allí, van sumando para completar el puzle. Pero la realidad es que si de antemano se encuentran con una pregunta que, por amplia o por no experimentable, ven imposible de resolver (por ejemplo, cómo mejorar la educación en España), la tendencia general es descartarla. Y cuando alguien intenta responderla con métodos no empíricos o especulando a partir de su experiencia personal, lo suelen menospreciar por falta de datos para apoyar sus opiniones.

No estoy criticando el método científico ni esta manera de investigar, pues es tremendamente honesta, rigurosa y eficiente, y no dudo de que la suma de todas esas respuestas a pequeños detalles sea el camino para resolver grandes enigmas. Simplemente pongo de manifiesto una limitación que me encuentro muy a menudo en mi trabajo divulgativo: el mundo real es complejo, y cuando intento utilizar la ciencia como fuente para divulgar problemas de carácter más social o complejo, veo que no es suficiente.

Siempre digo que divulgar sobre algo tan lejano como el universo es infinitamente más fácil que divulgar sobre algo más cercano como el comportamiento humano, porque la física es exacta y la psicología, no. Si al investigador más reconocido del mundo en neuroendocrinología de la respuesta sexual le pones delante una mujer que le dice: «No tengo deseo sexual, ¿qué me pasa?», os aseguro que no sabrá qué responder. Por eso hay psicólogos encargados de averiguarlo con métodos no necesariamente científicos. Cuando en El cazador de cerebros entrevistamos a químicos expertos en microplásticos o materiales biodegradables y les preguntamos qué harían ellos para atajar el problema, vemos que sus respuestas no nos sirven, porque en realidad no tienen una visión suficientemente amplia de la situación, ni asumen que sea su responsabilidad. Y si a investigadoras en educación les preguntamos qué metodologías funcionan mejor y cuáles peor, les resulta muy fácil hablar de los neuromitos que no funcionan (eso es sencillo de descartar experimentalmente), pero sueltan infinitos «dependes» e incertidumbres a la hora de poner por delante un método respecto a otro. Nunca dan una respuesta clara, quizá porque en realidad no la hay. Todas las galaxias siguen las mismas leyes de la física, pero no todas las aulas escolares y mentes humanas se comportan igual. Que, según un estudio, al 65 % del alumnado le funcione mejor una estrategia educativa que otra resulta informativo, cierto, pero puede suceder lo contrario con el alumnado de una clase social diferente a la que se ha incluido en la investigación. Conclusión: en la práctica, la experiencia del profesor puede ser más útil que la información científica, y quizá deberíamos valorar ciertas visiones cualitativas.

«Divulgar sobre algo tan lejano como el universo es más fácil que divulgar sobre algo más cercano como el comportamiento humano»

Quizá por esto está cogiendo tanta fuerza el planteamiento de proyectos científicos con el enfoque de misiones: retos concretos que fomentan la multidisciplinariedad y marcan una dirección y objetivos más claros que la ciencia tradicional, más académica y evaluada a partir de publicaciones de un impacto científico que no tiene por qué coincidir con el social. Este planteamiento también conlleva la creación de estructuras que procesen la información científica en documentos más orientados a la toma de decisiones. Yo mismo estoy trabajando para una institución en un informe sobre la respuesta de la ciencia a la COVID-19 en América Latina, donde lo cualitativo nos está dando información más relevante que lo cuantitativo. Pero yendo a la divulgación, que es lo que aquí nos interesa, mi mensaje es que la divulgación o periodismo científico convencional centrados en explicar de manera clara y rigurosa lo que hacen los científicos están bien, pero creo que con esto no basta.

Nos hemos acostumbrado a que, en aras del rigor, cuando preguntamos algo complejo al investigador y este no tiene la respuesta, lo obviamos o decimos que no está resuelto y nos quedamos tan anchos. Yo he llegado a un punto que no puedo conformarme. Llevo un tiempo intentando hacer una divulgación donde el punto de partida no sea la ciencia sino la sociedad, y que los investigadores y la ciencia sean la fuente, la herramienta. Pero reconozco estar obteniendo resultados dispares. Soy el primero que cuando hacemos el casting de El cazador de cerebros insisto sobremanera en que no se nos cuelen personas que hablan desde fuera de la evidencia, o que den opiniones no contrastadas, porque cuando nos encontramos con otra diferente, nos falta el elemento empírico para juzgarlas. Por este recelo, en varios capítulos nos quedamos a medias y sí, damos una mirada científica a temas sociales que resulta valiosa, pero nos quedamos lejos de las preguntas complejas. Por eso creo que si queremos que la ciencia sea nuestra guía, tiene que arriesgar un poco más dando respuestas, y sobre todo, estar ella y nosotros más abiertos a incorporar análisis cualitativos y opiniones expertas aunque no estén basadas en la evidencia. Es una frontera delicada y quizá peco de inconformista e impaciente. Pero creo que no soy el único.

© Mètode 2021 - 111. Transhumanismo - Volumen 4 (2021)
Escritor y divulgador científico, Madrid. Presentador de El cazador de cerebros (La 2).