Siguiendo el hilo: la ruta de la seda valenciana

Valencia recuerda su pasado sedero aprovechando la capitalidad de la Ruta de la Seda

tela seda valenciana

La historia de la ruta de la seda valenciana comienza en el siglo XIV. Después de llegar de la mano de los musulmanes, y gracias a las aportaciones tecnológicas de los genoveses, Valencia se convirtió en un centro de exportación de seda granadina hacia el norte de Italia. Durante aquellos años, Italia desarrolló notablemente la industria de la seda, sobretodo en ciudades como Génova, que enlazaba la ruta de la seda occidental con el Mediterráneo oriental –Palestina o el actual Líbano–. Gracias a estas estrechas relaciones entre Valencia y Génova, la ciudad valenciana pudo mejorar tecnológicamente su industria sedera y así crear el famoso barrio de Velluters, que provienen del italiano velluto. El gremio de velluteros se fundó en el sigo XV, concretamente en 1479, y pronto se convirtió en el oficio más importante de la ciudad. El progresivo crecimiento del sector se evindenció en 1547, cuando las Cortes proclamaron que la seda era el «principal fruyt del dit Regne».

Plano antiguo del barrio de Velluters. / Imagen facilitada por Ester Alba

Pero no fue hasta finales del siglo XVII cuando Valencia se convirtió en un centro de producción sedera mayor, puesto que hasta el momento Toledo lideraba la producción de seda en España. Durante los siglos XVI y XVII, Valencia se encargaba de proveer de materia primera a Toledo, ya que otra de las herencias recibidas de nuestras intensas relaciones con Génova fue la difusión del cultivo de la morera. De este modo, en el siglo XVI Valencia se convirtió en el centro productor de fibra de seda más importante de España. A finales del siglo XVII la industria de la seda en Toledo decayó y Valencia, aprovechando su gran cantidad de materia primera, empezó a desarrollar su industria sedera, convirtiéndose el siglo XVIII en el máximo periodo de esplendor de la seda valenciana. De hecho, en 1686 el rey Carles II otorgó el privilegio al gremio de velluteros, permitiendo su conversión en Colegio del Arte Mayor de la Seda para crear una estructura que homogeneizara la producción. De este modo se asentaban las bases de su expansión durante el siglo siguiente.

La ruta de la seda fue importante no sólo por el comercio de este producto, sino también por el constante intercambio que se producía en los viajes. Un intercambio de otros productos que llegaron a Valencia como por ejemplo la porcelana o el té, y un intercambio de conocimientos e ideas que llegaban de la mano de científicos, sacerdotes, aventureros e intelectuales. Así, de manera paralela al intercambio comercial se produjo también un intercambio cultural y científico que enriquecía todos los puntos por los que pasaba.

2016, cuando todo empieza de nuevo

En 2013 la profesora valenciana Aurora Pedro fue elegida vicepresidenta del Comité de Miembros Afiliados de la Organización Mundial del Turismo (OMT; UNWTO, por sus siglas en inglés), organización con la que ya colaboraba desde hacía años. En una reunión del Programa de la Ruta de la Seda de la OMT, esta profesora de la Facultad de Economía pidió la entrada de España en nombre de la Universitat de València. Unas semanas después, la petición fue aceptada. La importancia de la seda en el Estado español, pero especialmente en el País Valenciano y en la ciudad de Valencia, fue la motivación de esta petición. Había que recuperar y poner en valor el patrimonio histórico y cultural relacionado con esta actividad y reivindicar el papel que durante muchos siglos tuvo en la economía y la sociedad valenciana.

«La importancia histórica de Valencia en la producción de seda propició la entrada de España en el Programa de la Ruta de la Seda de la Organización Mundial de Turismo»

Así fue cómo, gracias a la importancia histórica de Valencia en la producción de seda, se incorporó a España como el 32º participante en el Programa de la Ruta de la Seda de la OMT. Finalmente, en 2016 la ciudad fue declarada capital de occidente de la ruta de la seda por parte de la UNESCO a partir de un informe presentado por la Universitat de València, la única universidad española que forma parte de la Junta de Miembros afiliados de la OMT. Formar parte de la Ruta de la Seda, y serlo como capital de Occidente, implica ser el centro de todas las actividades que se desarrollan en este marco, permitiendo construir un recurso turístico y poniendo en valor el rico patrimonio valenciano relacionado con la industria sedera.

Guillermo Palao, vicerrector de Internacionalización y Cooperación de la Universitat de València, cuenta que este nombramiento como Capital de la Seda implica para la ciudad y su entorno «un importante reconocimiento, así como una excelente oportunidad, desde la perspectiva de su proyección internacional y la recuperación de elementos especialmente significativos de nuestra historia y tradiciones». Palao destaca que el 2016 fue importante para la Universitat de València porque significó la puesta en marcha del proyecto, así como el establecimiento de la estructura institucional que tenía que coordinar las acciones dentro del Programa de la Ruta de la Seda de la OMT. En esta estructura participan la Facultad de Economía y la Facultad de Geografía e Historia de la Universitat de València, la Cátedra UNESCO de la Universidad y el Instituto Confucio, con el apoyo de la Agencia Valenciana del Turismo.

Junto con la Agencia Valenciana del Turismo, la Universitat de València firmó en 2015 un protocolo de colaboración para coordinar esfuerzos en la promoción de la cultura y patrimonio de la sociedad valenciana. Un compromiso que plantea el impulso de un turismo cultural y sostenible como vía para reivindicar y promocionar las tradiciones, la historia, el arte, y el patrimonio cultural, natural e inmaterial con la seda como elemento común. Se trata de desarrollar las actividades y objetivos preconizados desde el Programa de la Ruta de la Seda de la OMT, que también incluye el esfuerzo por mantener viva la memoria etnográfica y fomentar un flujo de ideas entre regiones.

La colaboración de este amplio abanico institucional permite a la Universitat de València trabajar en un proyecto estratégico para la ciudad, así como desarrollar una investigación interdisciplinaria entre todas las instituciones participantes para romper la tendencia habitual de trabajos por áreas aisladas. Del mismo modo, supone una oportunidad para crear alianzas con las universidades del espacio de la Ruta de la Seda, desde Portugal hasta el Japón. Una red con más de 80 universidades de 20 países diferentes.

«La capitalidad implica un importante reconocimiento de la ciudad de Valencia»

Algunas de las actividades que destaca el vicerrector son la organización de tres congresos internacionales, el desarrollo de cerca de una decena de conferencias y media docena de exposiciones, festivales gastronómicos y musicales o la confección del catálogo y del atlas del patrimonio de la ruta de la seda en el País Valenciano, además de varios talleres y un programa de prácticas temático para estudiantes. Todos estos acontecimientos han tenido como objetivo reivindicar la presencia valenciana en el mercado sedero y han contado con la participación de hasta 42 países. «En definitiva, el 2016 fue un año vibrante y apasionante, en que se puso en valor el potencial de la Universitat de València en relación con los estudios de la Ruta de la Seda», concluye Palao.

Clarisas capuchinas, de Benito Espinós; Ramo de rosas, de José Burgos; y Muestra de estampado, de Sebastián Giner. / Imágenes facilitadas por Ester Alba

De interés turístico y cultural

Guillermo Palao explica que el 2017 arrancó con la organización de la I Jornada sobre la Ruta de la Seda, donde participaron investigadores de todas las áreas, «permitiendo la consolidación de esta política en nuestra institución y donde se evidenció la importancia de profundizar en la colaboración con otras instituciones y entidades». «Del mismo modo –continúa– se marcaron las líneas de actuación, incorporando otras diferentes de las iniciales, desarrolladas por investigadores de nuestra universidad en relación con la Ruta de la Seda, como son los estudios en Ciencias de la Educación, Sociales y de Salud, Cooperación al Desarrollo, Derecho, Filología, Literatura o incluso Nutrición y Gastronomía». De este encuentro nacen iniciativas como el banco de ideas, donde expertos en materia de la Ruta de la Seda de la Universitat de València diseñan investigaciones y han desarrollado actividades a lo largo de 2017. La II Jornada sobre la Ruta de la Seda tendrá lugar en el Edificio de Rectorado de la Universitat de València este 15 de diciembre.

También se ha desarrollado un curso internacional sobre turismo y ruta de la seda de la OMT como parte del Silk Road Action Plan. Se trata del UNWTO Silk Road Training and Capacity Building Programme, dirigido por la profesora Aurora Pedro. Según Pedro, «este curso ha permitido que, por primera vez, se reunieron representantes de diferentes países para recibir formación sobre aspectos relevantes para el desarrollo turístico transnacional.» Esta primera edición del curso se ha centrado en dos áreas: el Mediterráneo y los países de Asia Central. Esta colaboración y cooperación puede ser de gran importancia, como señala la profesora Pedro, no sólo para crear productos específicos vinculados a la seda, sino también para conseguir trasladar experiencias y oportunidades a otras áreas que pretenden convertir el turismo en una actividad económica importante. Además, Palao cuenta que en 2017 «hemos impulsado también el programa EXPERTISE, un catálogo de expertos y expertas de la Universitat de València en diferentes áreas del conocimiento científico, técnico y cultural relacionadas con la iniciativa de la Ruta de la Seda.»

Siete ramas aisladas de margaritas, rosas, jazmín, melisa, almendro, tulipanes y lilas silvestres, de José Burgos; Modelo para tejido: cenefas ornamentales de flores, de José Rosell; y Modelo para tejido: cortina de sagrario, de Juan Bautista Brú / Imagen facilitada por Ester Alba

Conservar, recuperar, valorar

Sin embargo, parece que todo este esplendor histórico de la ciudad de Valencia se ha diluido en la actualidad. «Desde la Facultad de Geografía e Historia de la Universitat de València hemos realizado una labor muy importante haciendo valer la historia y el patrimonio relacionado con la seda», explica Ester Alba, decana de la facultad. Esta historiadora del arte destaca que se trata de un trabajo de muchos años de investigación, consolidado a través del reconociendo y la visibilización de sus investigadores por parte de la OMT. «Tenemos grupos de investigación que hace años que están estudiando la producción, primero, de la fibra de la seda, y la elaboración, posteriormente, del tejido de la seda», afirma Ester Alba, que añade que «la oportunidad que se nos ofrece en este momento es poner todas estas investigaciones históricas en conocimiento del público general».

Dalmática de terciopelo de seda cortado y liso, color rojo carmesí en el tejido de fondo y negro en los faldones y las bocamangas, elaborado a finales del siglo XVI y principios del XVII. Museo Histórico Municipal de Valencia. / Joanbanjo

En el mismo sentido, profesores como Alexandre Bataller, especialista en el estudio de la sericicultura valenciana desde un punto de vista cultural y lingüístico, afirman que «esta es una ocasión única que hay que aprovechar para poner en valor el patrimonio histórico y artístico valenciano que, hasta hace muy poco, ha sido desconsiderado por completo». Además, este nombramiento como Capital de la Ruta de la Seda también puede enriquecer nuestra cultura, tal y como recuerda Bataller: «Es la ocasión perfecta para fomentar el intercambio cultural entre países y culturas, pero todo dependerá de los intereses políticos y económicos de las potencias implicadas».

Ester Alba explica que la Universitat de València realizó un inventario de los recursos turísticos de la ciudad y descubrieron más de 200 elementos con un alto riesgo de desaparición: cerrados al público, deteriorados… Pero, además, la pérdida de parte del patrimonio valenciano afecta a la vertiente paisajística, puesto que el paisaje dominante en la actualidad y desde el siglo XIX está presidido por el cultivo extensivo de naranjos, mientras que nuestros antepasados podían observar cultivos de morera, situados en los márgenes de los huertos y de los caminos especialmente en las comarcas de La Horta de Valencia, la Ribera y la Vega Baja. Así, la extensión del bosque de moreras por el territorio valenciano pasó de ser una cosecha «tan grande para abastecer a toda España y a muchos dilatados dominios fuera de ella», como describía Gregorio Mayans en 1748 en su correspondencia con José Miguel de Carvajal y Manrique, secretario de Estado de España durante el reinado de Fernando VII, a ser casi inexistente en el momento en qué al declive del negocio de la seda se le sumó la epidemia de pebrina –enfermedad del gusano de seda–. También encontramos claras pérdidas en las masías y en las alquerías del ámbito rural valenciano donde de manera tradicional se criaba el gusano de seda en la parte superior o en los linderos; una actividad que suponía una importante fuente de ingresos para el 80%-90% de las familias valencianas.

«El paisaje valenciano perdió sus bosques de moreras en favor del cultivo extensivo de naranjos»

También el oficio tradicional de vellutero se ha perdido por completo y sólo queda un último profesional en la ciudad que conoce la técnica, Vicente Enguídanos. Como se explica en la web del Colegio del Arte Mayor de la Seda, «sólo él sabe tejer vellut a mano». Ester Alba considera que es la consecuencia de «una desprotección de la artesanía frente a sistemas de industrialización que abaratan costes» y propone que desde las instituciones se dote de ayudas económicas a los municipios que conservan parte de este patrimonio para poder restaurarlo. «Las instituciones del gobierno tienen que tomarse de verdad nuestro patrimonio. Actualmente, el patrimonio de la seda está en la sombra del olvido», sentencia la profesora.

Interior del edificio de la Lonja de Valencia, conocida como Lonja de la Seda o Lonja de los Mercaderes. / Imagen facilitada por Ester Alba

Arquitectura de la seda

«Se calcula que a mediados de siglo XVIII la mitad de la población de la ciudad de Valencia trabajaba, directa o indirectamente, en la industria de la seda. La historia de Valencia está marcada por esta actividad», explica Ricardo Franch, profesor de Historia Moderna en la Universitat de València. Sólo hay que hacer un repaso por algunos de los monumentos más destacados de la ciudad para encontrar estas marcas. El barrio de Velluters fue el barrio más activo de aquella época, llegando a albergar cerca de 5.000 telares en el siglo XVIII. La Lonja, corazón económico de Valencia en aquellos siglos, fue testigo de la relevancia de la seda. «Valencia hoy en día es lo que es gracias a la industria sedera del siglo XVIII. Siglo que fue, junto con el XV, uno de los más ricos de la historia de la ciudad», afirma el profesor Franch. La profesora Alba puntualiza: «Denominamos “Lonja de la Seda” de forma equivocada a la lonja de Valencia, puesto que no adquirió esta denominación hasta el siglo XVII debido a la importancia que tuvo su comercio».

«La Horta Nord, Requena y la Ribera forman “el triángulo de la seda”»

En este repaso por los monumentos que recuerdan el pasado sedero de la ciudad, hay que prestar atención al Colegio del Arte Mayor de la Seda, recientemente restaurado por una fundación privada y convertido en Museo de la Seda, pero que estuvo a punto de desaparecer. «La recuperación del Colegio del Arte Mayor de la Seda es un motivo de satisfacción para todos los valencianos, tendría que ser una especie de buque insignia para hacer visible este barrio de Velluters tan olvidado y castigado», explica Alexandre Bataller. Precisamente esta institución ha puesto en marcha una campaña durante el periodo 2016-2018 en el que realizará actividades alrededor de la ruta como por ejemplo exposiciones y colaboraciones con la Universitat de València a través de la organización de un congreso internacional y de la actividad del Comité Científico, que cuenta con la presencia de algunos miembros de la comunidad universitaria como Ricard Huerta, profesor de Educación Artística especializado en museos, arte y educación, y Ricardo Franch. Otro edificio interesante por su carácter emblemático en esta época y por su buen estado de conservación es el Palacio de Malferit, en la calle Caballeros, que actualmente es la sede de L’Iber, Museo de los soldaditos de plomo. Allá se ha habilitado el Salón de los Tapices, dedicándolo a la Ruta de la Seda. Cómo explican desde el museo, en la sala se muestran «escenas de la vida cotidiana de China, India, Japón, Persia, Turquía… y otros muchos países que conforman la legendaria Ruta de la Seda. Incluso las fallas valencianas inundan de vivos colores los dioramas».

Telar tradicional en el Museo de la Seda de Montcada. / Imagen facilitada por Ester Alba

La profesora Ester Alba describe aquello que los estudiosos conocen como «el triángulo de la seda», formado por la Horta Nord –sobre todo Montcada, con su Museo de la Seda, y Vinalesa–, la localidad de Requena y las comarcas de la Ribera Alta y la Ribera Baixa. En la Ribera Baixa destacan Carcaixent y Alzira, donde al final de la primavera se organizaba un mercado del capullo y la seda que atraía a campesinos y comerciantes nacionales y extranjeros, tal como documentó el terrateniente y dirigente y divulgador agrario Vicent Lassala Santiago Palomares. Además, la zona de la Ribera se diferencia por sus sistemas de producción de morera diferentes del resto: el cultivo extensivo, sobre todo durante los siglos XVIII y XIX. Esto aparece reflejado en obras tan significativas como la de Cavanilles, quien en Observaciones sobre la historia natural, geografía, agricultura, población y frutos del Reyno de Valencia (1795), afirmaba contemplar «un inmenso bosque de moreras». De la zona de la Horta Nord, que se estableció como un segundo círculo partiendo de la ciudad de Valencia, destaca el traslado de numerosas fábricas sederas que estaban asentadas en Valencia. En cuanto a la localidad de Requena, lugar estratégico para el intercambio de productos de seda con Castilla y Andalucía, cuenta con su propia Casa del Arte Mayor de la Seda.

Amar  la cultura popular

«El papel de la Universitat de València es primordial en la recuperación de este pasado, porque no es fruto de un fenómeno puntual y coyuntural como lo es el nombramiento como capital de la ruta de la seda, sino que es producto de un trabajo serio, riguroso, científico y de muchos años de investigación», explica la decana Ester Alba. También subraya «la tendencia de nuestros gobiernos a mirar el mundo de las fiestas populares, el folclore y las tradiciones con un cierto elitismo clasista», y añade que «el patrimonio de todos es el patrimonio popular, el que es apreciado por la gente de la calle. Además, las festividades valencianas tienen este gusto por el asociacionismo de barrio, son un ritual de vecindario y de participación». Por eso, esta dimensión popular y asociativa se presenta como una «plataforma idónea» para involucrar la sociedad civil en la conservación de un patrimonio que continúa vivo, pero en peligro.

Proceso de producción de la fibra de seda

Telar en la Casa Museu de la Seda de Requena. / Imagen facilitada por Ester Alba

La actividad principal de la industria sedera valenciana desde el siglo XV hasta finales del siglo XVII fue la producción de fibra de seda, un trabajo que se realizaba de manera intensiva desde marzo hasta junio. Se empezaba avivando gusanos de seda (es decir, aplicando calor a los huevos) a través de distintos métodos como por ejemplo el calor corporal o el calor del sol, no sin antes seguir un ritual, llevando la simiente del gusano a la iglesia para bendecirla. La enorme dedicación a este proceso se debía a que las ganancias las obtenían en junio, fecha que coincidía con el pago de distintos arrendamientos. Así pues, la cosecha de seda era fundamental para obtener los ingresos necesarios para hacer frente a las cargas económicas de las familias campesinas. Llegado el mes de junio, cuando los gusanos ya habían hecho el capullo, se procedía a la hilatura de la seda. Este trabajo, realizado fundamentalmente por mujeres, era duro y dejaba huella en las manos de aquellas campesinas encargadas de tirar del hilo después de sumergirlo en agua caliente. «La elaboración de la fibra de seda era una actividad muy intensa, en un periodo estacional muy concreto, pero vital para la supervivencia de las familias campesinas», explica el profesor Ricardo Franch.

© Mètode 2017
Licenciada en Periodismo y graduada en Comunicación Audiovisual. Revista Mètode, Universitat de València.

Estudiant de periodisme de la Universitat de València.

Estudiant de Periodisme de la Universitat de València.